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Comunión del arte y la memoria histórica: Un culto al Capitolio.

La Habana se aproxima a una fecha histórica. Quieta y regia, expectante y paciente, la envestidura de gala se asoma como excusa para recibir la venidera llegada del medio milenio. Aunque 500 años no parezca demasiado tiempo, la carga simbólica de un quinto centenario no hace más que enarmonar; cuando se evocan con el pensamiento las luces una de las siete ciudades maravillas del mundo.

La ocasión parece prestarse para grandes reverencias. La Habana, ella que es criollo y mambí, español y africano, cuna, tierra y losa, nos viene invitando a escrudiñar sus fachadas y reconstruir sus cimientos. Esta vez el sistema Caguayo, desde su Sociedad Anónima y en concilio con su amplia comunidad de artistas y creadores, se alistaron para cumplir la inmensa tarea de rescatar una obra patrimonial, toda insignia de la dignidad cubana: El Capitolio.

La solicitud llegó desde la Oficina del Historiador de la Ciudad, esa misma vigía que ha guardado con celo la evolución social, escultural y arquitectónica de su amada Habana. La comitiva de restaurar, producir y reproducir todo el mobiliario del ala norte del Capitolio, oportunidad sin precedentes, involucró a diseñadores, artesanos, obreros, constructoras y un amplio personal, quienes, como era de esperarse, volcaron altas cotas de compromiso, responsabilidad y trabajo arduo.

El Estudio-Taller Dekuba, el Taller de realización y restauración de vitrales y lámparas Rosa María de la Terga, el equipo creativo de Raúl Polín y el Grupo Restaura entre otros, convirtieron el Capitolio en su residencia provisional para homenajear desde la sutileza de las raíces. Lo que comenzó como una aspiración idílica de rescatar el patrimonio cubano, se materializó en una construcción colectiva, un baile de esfuerzos y desafíos; cuya voluntad primordial fue la convicción por mantener la impronta fundadora de los años 30, evocando los materiales y técnicas utilizados durante la República.

Desde el pasado 24 de febrero, fecha paradójica para la historia cubana, el Capitolio nacional exhibe su ala norte con nuevos aires de grandeza y solemnidad. El Salón de los Pasos Perdidos, la Biblioteca José Martí, el Salón Bolívar, El Hemiciclo, los Vestíbulos de Honor invitan a reencontrarse con viejos misticismos y a construir memorias frescas.

La segunda etapa de una restauración comenzada en el 2014, prevista culminarse en el año del 500 aniversario de La Habana, promete desafíos económicos y humanos. Desde Caguayo se encienden las fogatas y se alistan los motores por un placer simple, de esos que son auténticos por venir del alma: rendir el culto de lo bello a los pies de nuestra Habana.

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