Descendencia es una palabra que muchos ligan a lo biológico, sin embargo, está permeada por un sinnúmero de elementos, fundamentalmente culturales. Dice Alfredo Fressia que «el tema de toda descendencia es el tiempo». El tiempo que a veces es mal juzgado, porque es implacable. Como expresó Cos Causse «El tiempo nos devora/ hasta el taburete de abuela se hizo cenizas». No obstante, es el único capaz de unir lo añejo y lo nuevo, entonces también trae regocijo.
La descendencia se convierte en vocablo preciso para esta confluencia, donde varias generaciones se dan cita en el caribeño lugar. La herencia, lo cultural, lo fecundo, da fe de que el arte está más vivo que nunca. En esta oportunidad, maestros y aprendices, padres e hijos, se articulan para crear genealogías del arte cubano.
Vemos a aquellos que han tejido la urdimbre de la historia en la ciudad, José Julián Aguilera Vicente, Ferrer Cabello, Pedro Arrate, patriarcas de la creación en la urbe. «Qué será del caballero de sombrero elegante y bastón simpático, diciendo adiós sonriente siempre. Existirá todavía la pluma de pavo del poeta (…)». Pues sí, están ahí, con sus obras, enérgicas, a pesar de pertenecer a otra época.
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