«FIESTA» Exposición personal del artista Alberto Lescay Merencio
Homenaje a los 50 años del Taller Cultural «Luis Díaz Oduardo»
50 años no son nada… o lo son todo. Depende de cómo se mire. Y esta mañana, en el Taller Cultural Luis Díaz Oduardo, hemos decidido mirarlo como lo que es: una fiesta.
Una fiesta del espíritu. De esas tan simbólicas, tan genuinas, que solo pueden ocurrir cuando un hijo vuelve a casa. Y hoy, qué mejor honra que celebrar este medio siglo de la mano de quien fuera su segundo director… el maestro Alberto Lescay Merencio, Premio Nacional de Artes Plásticas.
Lo que van a ver —lo que ya están viendo— no es una retrospectiva. Es el presente. La producción más reciente de Lescay, entre 2024 y 2026. Y lejos de encontrar reposo, uno entra aquí y casi puede escuchar el estruendo. Porque esta alegre paleta cromática no se conforma con colgar de la pared: vibra, suena, celebra.
Miren ese azul profundo. El del Paisaje marino, el del Paisaje nocturno. No es melancolía. Es la densidad de una noche caribeña, de esas que huelen a sal. Y luego está la urgencia de Entrega, el misterio de Esa noche. No son cuadros tranquilos. Son ritos de paso. Encuentros suspendidos en el tiempo.
Y de repente, entre tanto color, aparece ella. La caballa. Una y otra vez. Floral, transformada, convertida en ninfa. Lescay toma un objeto cotidiano, humilde, y lo vuelve ícono festivo. ¿Por qué? Porque la caballa es pez de cardumen, de viaje, de abundancia. Es la metáfora perfecta de esta comunidad creadora que, durante 50 años, ha nadado junta y ha alimentado este taller.
Pero hay una pieza que nos detiene. Una que me obligó a guardar silencio. No está en la pared. Está aquí, en el centro. El abrazo.
En medio de la explosión pictórica, esta escultura en galvanoplastia, realizada en esta misma institución, actúa como un ancla. Nos recuerda que Lescay es también un mago del volumen. Que este taller no solo es pintura. Es también el horno encendido, el metal que cambia de forma, la paciencia del fuego, la poesía que posa.
Pienso en estos 50 años y pienso en eso que define al artista de verdad: la obstinación de volver a empezar. Cada generación que pasó por aquí trajo su llama, dejó su marca, y luego dio paso a la que venía. Hay algo profundamente vital en ese gesto. Algo que se niega a terminar.
Gracias, maestro Lescay, por el regreso. Gracias a este Taller Cultural, brújula creativa del arte en Cuba, por medio siglo de fuego encendido. Y gracias a todos ustedes por ser parte de este abrazo.
Que empiece la fiesta.
Palabras Curatoriales: Maciel Reyes Aguilera, Crítica e Investigadora de Arte