Aunque el trabajo del economista a menudo se asocia con números y balances, en el contexto de una fundación cultural como Caguayo, su labor es el puente indispensable entre la visión artística y la realidad tangible. La historia misma de la Fundación Caguayo destaca la importancia de una gestión económica acertada para la supervivencia y desarrollo de los proyectos culturales.


En nombre de la Fundación Caguayo, reciban una calurosa y sincera felicitación en el día del Economista y Contador Cubano.


Muchas Felicidades !!!!!!

 

Caguayo. Fundación para las Artes Monumentales y Aplicadas.

La Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas lamenta profundamente el fallecimiento del escultor Ángel Mario Trenard Sayago, figura esencial del arte contemporáneo en Santiago de Cuba y exponente mayor de la escultura cubana.
 
Su obra, marcada por la solidez formal y la hondura simbólica, transformó los espacios en lugares de diálogo entre la memoria, la historia y el porvenir. En cada pieza dejó la impronta de un creador que supo unir rigor técnico con sensibilidad humanista, y que entendió la escultura como una manera de pensar el país desde el volumen, la materia y la emoción.
 
Mario Trenard fue, además, un colaborador cercano y un amigo entrañable de la Fundación Caguayo. Participó activamente en múltiples proyectos y encuentros, compartiendo su sabiduría, su ética y su compromiso con las nuevas generaciones de artistas.
 
Hoy, la cultura cubana despide a uno de sus grandes constructores, cuya obra seguirá habitando el paisaje y la conciencia de quienes creen que el arte es también una forma de permanencia.
 
Desde la Fundación Caguayo, extendemos nuestras condolencias a sus familiares, colegas y discípulos. Su legado seguirá siendo faro y fundamento para el arte monumental cubano.
 
Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas
 

El Sistema Caguayo Para Las Artes Monumentales y Aplicadas convoca a la tercera edición del Salón de Arte Contemporáneo René Valdés Cedeño. La cita está dirigida a todos los artistas de las siguientes provincias: Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Granma, Las Tunas y Camagüey independientemente de su lugar de residencia. Tiene como propósito incentivar la creación artística, fomentando la promoción de su quehacer. Este Salón servirá de plataforma para establecer colaboraciones dentro del circuito del arte cubano en diversos ámbitos. El principal objetivo consiste en posicionar lo más representativo de las producciones visuales de esta región en el panorama del arte cubano contemporáneo.

La inauguración del Salón se realizará en la Galería René Valdés Cedeño, perteneciente al Sistema Caguayo, prevista para la primera semana de octubre de 2025. Tiene como motivación principal el 30 aniversario de la Fundación Caguayo y el natalicio del escultor René Valdés Cedeño.

PREMIACIÓN

Gran Premio: 80.000 CUP, por concepto de producción de obras, así como la programación de una exposición personal en la Galería René Valdés Cedeño.

Se otorgarán las menciones que el jurado estime necesarias. Igualmente el Comité Organizador decidirá la entrega de premios colaterales.

El Jurado de Admisión estará integrado por especialistas y artistas que elegirán las obras que conformarán la muestra. Por su parte, la premiación quedará a cargo de un jurado conformado por reconocidos artistas, críticos y curadores de diversas instituciones.

Las decisiones del Jurado de Admisión y del Jurado de Premiación serán definitivas e inapelables.

Durante el desarrollo del Salón se llevarán a cabo otras acciones colaterales como conferencias, paneles, conversatorios con artistas, entre otros. Tales actividades teóricas están encaminadas a incentivar el estudio y promoción de las artes visuales en las provincias implicadas.

BASES

  • Podrán participar todos los artistas plásticos desde Guantánamo hasta Camagüey mayores de 19 años.
  • Temática libre.
  • Podrán concursar en todas las manifestaciones de las artes visuales (dibujo, pintura, fotografía, grabado, escultura, instalación, arte digital, videoarte, performance, NFT,etc). Se aceptarán obras en todos los formatos y técnicas, así como las más variadas concepciones morfológicas, estéticas e ideotemáticas, incluyendo aquellas que se desarrollen en espacios fuera de los linderos galerísticos o áreas abiertas de la ciudad.
  • Cada artista podrá presentar hasta un máximo de dos obras. En el caso de los dípticos, trípticos o polípticos, deberán ser especificados y contarán como una sola pieza.
  • Todas las obras presentadas deben ser inéditas, es decir, no pueden haber sido expuestas ni premiadas con anterioridad y venir con su precio incluido.
  • Las obras que resulten seleccionadas no podrán ser sustituidas por otras.
  • Los artistas seleccionados serán notificados para entregar sus obras en un período de tiempo no menor a dos semanas antes de la inauguración de la muestra.
  • El embalaje, transporte, y seguridad de las piezas hasta la galería correrá por el artista, tanto en la entrega como en la recogida de las mismas.
  • Las obras deberán encontrarse en óptimas condiciones.
  • Las obras bidimensionales deberán entregarse enmarcadas, y en el caso de las pinturas deben contar con su bastidor.
  • De ser necesarios materiales especiales para el montaje y la exhibición de alguna obra, estos correrán por el artista.
  • En caso de los performances e instalaciones de todo tipo de morfología, el proyecto debe incluir el guion de desarrollo de la acción, esquemas, diseños etc., que aporten información complementaria.
  • Para las obras digitales se deberá especificar correctamente el enlace de acceso al mismo y -en caso de necesidad- el consentimiento del sitio web para el uso de las obras en el concurso. En cualquier caso, las obras deben estar accesibles desde Cuba.
  • Cada artista deberá presentar un dossier en formato digital con carácter obligatorio, en una carpeta con su nombre completo, cuyo plazo de entrega será el 1 de agosto del 2025. Esta carpeta además deberá contener:
  • Imágenes con buena resolución de cada una de las piezas formato (JPG o PNG) como archivos independientes no incluidos en documentos de Word o PDF que no excedan los 10 MB.
  • En caso de videoarte debe entregarse el material en formato MP4, MPG o AVI con tres fotogramas del mismo.
  • Foto personal del artista. Debe ser reciente y con buena resolución, formato (JPG o PNG).
  • Un documento de Word con la descripción de las piezas (título, manifestación, materiales, dimensiones en centímetros, y el año de realización).
  • Debe ser entregado un statement (máximo 10 líneas) de cada obra. Si todas las obras presentadas pertenecen a una misma serie puede realizarse un statement En caso de que el montaje conlleve alguna especificidad este debe ser esclarecido en este documento.
  • Currículum actualizado del artista en un documento de word y un pequeño extracto del mismo con los datos más importantes. Este documento debe precisar los contactos del artista (teléfono fijo y móvil, correo electrónico y dirección particular).
  • Fotocopia del carnet de identidad por ambas caras y del registro del creador.
  • El artista puede incluir otros materiales como textos escritos de sus exposiciones y otras imágenes de sus trabajos anteriores como antecedentes (esto si puede ser recogido en PDF).
  • Todos los documentos deben tener los títulos con especificaciones del contenido.
  • La participación en el Salón implica la aceptación de las bases expuestas anteriormente.

CONVOCATORIA DE PROYECTOS CURATORIALES

Bases de participación:

  1. La convocatoria estará abierta a todos los curadores de forma individual o colectiva, independientemente de su lugar de residencia.
  2. Se aceptarán para la admisión proyectos con obras en todos los formatos y técnicas, así como las más diversas concepciones morfológicas, estéticas e ideotemáticas, incluidas aquellas que tomen en cuenta las nuevas tecnologías de la información.
  3. Cada curador o equipo curatorial podrá enviar un proyecto curatorial.
  4. No hay salón central. Los espacios culturales y galerísticos del circuito Vista Alegre: Taller Cultural, Casa del Caribe, Casa de la Cerámica y Centro de Provincial de Artes Plásticas y Diseño de la ciudad de Santiago de Cuba así como el Centro Multiultural El Ingenio sito en la calle de Enramadas participan en igualdad de condiciones.
  5. Si alguno de los artistas participantes en un proyecto curatorial desea participar en la convocatoria lanzada para obras individuales por este comité organizador, con una obra comprometida en proyectos curatoriales en competencia, deben acompañar la propuesta del consentimiento por escrito del curador de la muestra en cuestión, para optar por el premio para obras individuales y ajustarse a la convocatoria para artistas. La aceptación de un proyecto curatorial no implica la aceptación automática de sus obras en la competencia para artistas.
  6. El plazo de admisión de las propuestas cierra el 1 de agosto de 2025.
  7. El resultado de la admisión se publicará el 20 de agosto de este mismo año.
  8. Una vez aprobados los proyectos curatoriales, estos se montarán en sus respectivos espacios entre el 15 y el 30 de septiembre del 2025.
  9. El proyecto curatorial presentado deberá contener básicamente, los siguientes datos:
  • Título
  • Nombre y datos personales del curador.
  • Categoría; si es personal, bipersonal, colectiva.
  • Tipología: temática, académica, histórica, etc.
  • Técnicas artísticas empleadas.
  • Artista(s). Dossier.
  • Propuesta de espacio de exhibición.
  • Fundamentación curatorial (Tesis).
  • Diseño de exposición. Croquis, planos, fotos, memoria descriptiva.
  • Las propuestas serán valoradas por el Jurado de Admisión único del evento.
  • Si el proyecto es aceptado se pedirán informaciones extra sobre la exposición y los artistas, imprescindibles para la ejecución, promoción y memoria histórica de los proyectos.
  • El jurado de admisión se reserva el derecho de hacer recomendaciones a los curadores y equipos de curadores, que deben ser cumplidas para poder participar en el evento.
  • El jurado de admisión decide finalmente las curadurías para cada espacio involucrado en el evento.
  • Los equipos de curadores participantes se responsabilizan por el montaje, promoción e inauguración de sus respectivas exposiciones.

PREMIOS

Premio Único consistente en un certificado acreditativo y el pago de los derechos para el autor o autores del proyecto consistente en 80,000 cup, así como otras formas de estímulo que se logren por la organización del evento. Igualmente, otras instituciones y organismos culturales serán invitadas a otorgar premios y reconocimientos.

CONTACTOS

Ave. Manduley No. 304 e/ 11 y 13, Rpto. Vista Alegre, Santiago de Cuba

Galería René Valdés Cedeño

(22) 668238

 Fundación Caguayo Calle 4 e/ 15 y 17, Rpto. Vista Alegre, Santiago de Cuba

(22) 643492

salonrenevaldes@gmail.com

caguayosistema@gmail.com

 

Descargar convocatoria

 

La exposición Por primera vez: La colección Luciano Méndez en Santiago de Cuba, quedó inaugurada en la Galería “René Valdés” de la Fundación Caguayo, el pasado viernes 18 de abril, a las 4pm.  

 El proyecto es una síntesis del conjunto, ya próximo a las mil obras, adquiridas como resultado de la intencionada y paciente labor coleccionistica de Méndez. Han sido varias décadas de estudio, indagación, selección y decantación las que han tejido este tesauro, reconocido a nivel internacional como uno de los más representativos de nuestras artes visuales, en un arco temporal que se inicia  en la década del sesenta del pasado siglo con figuras como Lesbia Vent Dumois y que continua hasta la actualidad, con creadores que aún cumplimentan su ciclo de formación en las Academias Provinciales de Arte o recién se han graduado en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA), como es el caso de Daniela Águila Travieso.  

Por Primera Vez… es la armónica confrontación entre las poéticas de dieciocho artistas, a través de las treinta y dos obras desplegadas en las paredes de la prestigiosa galería, ubicada en la Avenida Manduley del santiaguero reparto Vista Alegre.  Se pretende, en este proyecto, favorecer el diálogo de varias técnicas bidimensionales, que sin excluir a la pintura sobre lienzo, jerarquiza la vitalidad y efectividad del dibujo y el grabado en sus diferentes vertientes, como el xilográfico, litográfico y la serigrafía.

En la nómina de artistas se encuentran Premios Nacionales de las Artes Plásticas como Lesbia Vent Dumois, Zaida del Río, Alfredo Sosabravo, Pedro Pablo Oliva, Eduardo Roca Salazar (Choco), Manuel Mendive, Nelson Domínguez y Roberto Fabelo. Otros son figuras reconocidas en los circuitos de legitimación del arte internacional como Alicia de la Campa, Julia Valdés, Alexis Leyva (Kcho), Santiago Rodríguez Olzábal, Luis Enrique Camejo, Niels Reyes, William Acosta, Yasiel Elizagaray, quienes se funden a los jóvenes Yaily Martínez y Daniela Águila Travieso. Implícito está el homenaje a Ernesto Rancaño, fallecido en el 2022.  

En su abanico temático, las obras expresan la respuesta del arte ante problemáticas sociales, los conflictos migratorios, de género o la voluntad de resistencia de lo africano en nuestra cultura. Las obras, además, nos sitúan en el paisaje que nos identifica, en su relación simbólica con el contexto caribeño y latinoamericano.

Gracias a Por primera vez…, al esfuerzo de Fundación Caguayo y la Colección Luciano Méndez, el pueblo de Santiago de Cuba recibirá esta primicia, que le permitirá constatar el resultado de un empeño coherente y orientado, como ejemplo de memoria y gestión de nuestra cultura nacional.

Convocatoria

El 21 de septiembre de 2025 Caguayo Fundación para las Artes Monumentales y Aplicadas arribará a sus 30 años de creada. El diseño ha desempeñado un importante rol en la historia de la institución, reconocido y avalado a nivel nacional e internacional.

Por tal motivo convocamos a los diseñadores cubanos a participar en el Concurso de Carteles “30 años de la Fundación Caguayo”. El cartel deberá reflejar la esencia, misión y logros de la institución a lo largo de su historia. Asimismo, tomará en consideración elementos visuales que simbolicen su legado y visión futura.

Bases

  • Podrán participar todos los diseñadores cubanos residentes en el país.
  • Las obras serán individuales e inéditas y solo podrán presentarse hasta 2 propuestas por participante.
  • Las propuestas deberán enviarse antes del 1ro de junio de 2025 por correo electrónico en formato JPG o PDF, junto a los datos de su autor en el cuerpo del correo: nombre y apellidos, teléfono-WhatsApp, dirección particular y número de identidad, a la dirección: 97@gmail.com
  • Las propuestas deberán estar diseñadas en archivo digital con los siguientes requisitos:
  • Formato libre
  • Resolución: Mínimo 300ppi
  • Técnica: Libre (digital, ilustración, collage…)
  • Color: RGB
  • Incluir logo de la Fundación Caguayo y el identificador de los 30 años que podrán solicitar al correo: 97@gmail.com

 

  • Un equipo de especialistas, creado al efecto, seleccionará el cartel que acompañará el 30 aniversario de la Fundación Caguayo. El Jurado de Premiación estará presidido por José Alberto Menéndez Sigarroa (Pepe Menéndez), Premio Nacional de Diseño 2021.
  • El autor del cartel ganador conserva sus derechos de autor, pero cede a la Fundación los derechos para usos de la imagen con fines promocionales y comunicativos.
  • Se contactará al diseñador ganador antes del 1 de julio de 2025. El cartel seleccionado será presentado en ceremonia pública, como parte de las actividades en homenaje al aniversario de la Fundación Caguayo en septiembre del presente año. 
  • La comisión de recepción entregará las obras al jurado bajo el principio de anonimato para su deliberación.
  • La participación en el concurso implica la aceptación de todas sus bases.

Premiación

PREMIO ÚNICO: 50 000 CUP

Las decisiones del jurado de admisión y de premiación serán inapelables.

Contactos

Fundación Caguayo: Calle 4 e/ 15 y 17, Rpto. Vista Alegre, Santiago de Cuba.

Teléfono: (22) 643492

Especialista Laura Estevez Muñoz

Email: estevezlaura.97@gmail.com

Teléfono +5355124276

Tres décadas alcanza la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas este 21 de septiembre de 2025. En su haber tiene como principales objetivos: El desarrollo y promoción de las artes monumentales y el diseño ambiental cubanos, especialmente en los campos de la escultura, el muralismo, la cerámica y la fundición de piezas de carácter artístico y utilitario que preserven nuestra identidad nacional. Basados en la investigación y la experimentación; la ejecución de proyectos de carácter monumental y ambiental; el desarrollo de programas de colaboración profesional y técnicas en Cuba o el extranjero; la realización de una base informativa sobre el desarrollo de las artes plásticas, la Fundación Caguayo ejerce su accionar manteniendo su casa matriz en Santiago de Cuba y cuenta con oficinas en las provincias de La Habana y Camagüey. Con estas premisas es única de su tipo en Cuba.  La labor de la Fundación es decisiva desde el punto de vista técnico-artístico en todo su entramado institucional. Contribuir al desarrollo y la promoción de la cultura cubana es la razón de ser y la existencia misma de Caguayo como parte indisoluble del tejido cultural en el país.

 

Cuenta la historia, que Napoleón Bonaparte, un poco antes de una de sus famosas batallas, prometió a sus hombres « Volveréis a casa bajo arcos triunfales ».

Desde entonces, poetas, locos y trashumantes han venido construyendo sus propios Arcos. Unas veces físicos, líricos, celestiales o simplemente fantasmagóricos.

Sitios de la invención donde no falta la tumba del soldado o la amante desconocida y una llama que perpetúa  y habla del fuego como algo sagrado, simbólico y motor de toda creación.

He aquí que me asomo a estas páginas donde trazos y palabras se combinan como en el más puro ejercicio renacentista.

Unas veces es el niño que con sus dedos traza el  rostro de una mujer o dos cuerpos como en fuga. En otras, nos asalta el filósofo o poeta para decirnos:

DESTINO

Hacer

Deshacer

Andar

Volar

Caer

Entrar

Salir

Volver a entrar

Seguir

Abonar la huella

Siempre

El camino.

Por alguna oscura o luminosa conexión recordaba la antigua metáfora budista de un sendero con la idea de un paso despejado de toda maleza, todo obstáculo que permite cruzar, atravesar un bosque, un monte para muchos infranqueable.

Si ya en Agenda de notas  1863 días en la URSS (Ediciones Holguín, 2014), el autor que presentamos hoy, ya dejaba constancia de su espíritu escritural, ese afán de signar más allá de los trazos de un pincel o una gubia, las palabras que le dicta el espíritu.

Textos que se pasean con beatitud por el aforismo, el epigrama o la simple reflexión del hombre que esgrime como carta de presentación: « Esto no es un libro, / Yo no sería capaz/de proponerme tal empeño. / Es un arco de otros sueños».

Ironía, desenfado, toma de partido.

A estas alturas, no estoy muy convencido si Alberto Lescay Merencio, es un poeta, un loco, o un trashumante que se ha tomado a pecho aquella frase de Napoleón Bonaparte: « Volveréis a casa bajo arcos triunfales ».

Ya dije en una ocasión que Alberto Lescay  viene de la selva. En su mano izquierda hay un río. En su mano derecha  blande un cuchillo. En el río que está en la mano izquierda de Alberto Lescay hay un pez que canta. Con el cuchillo que está en la mano derecha de Alberto Lescay no se puede matar al pez que canta.

La selva es un rumor. Una palmera se convierte en arco de luz. Es apenas la semilla para que una luciérnaga salga a fundar el cielo. El color se desparrama por el lienzo, toma forma, estalla en bronce, en barro primigenio.

Ahora el pez es un pájaro. El río sigue siendo un huracán de agua. El cuchillo es vehemencia. Lo demás es temblor. En la mano izquierda, un sonajero. En la mano derecha, un surtidor.

Alberto Lescay ha descubierto la magia.

Tal vez sea el escribiente niño o filósofo  que desde el sueño traza mujeres de humo, palabras de aire, fragmentos de un espejo que se refleja en otros espejos.

Los invito a entrar al Arco. Entrar al Triunfo. Entrar a ese estado de gentileza que es la poesía.

Nelson Villalobos está participando en la XIV Bienal de La Habana. Algunos piensan que se ha ido, pero para nada es cierto. Él sigue aquí, cubano las 24 horas del día, saliendo a veces por un corto periodo de tiempo, regresando siempre.  

Previo a escribir estos apuntes, reviso sus catálogos en algunas bibliotecas especializadas de La Habana, donde desafortunadamente, poco existe de su casi incalculable tesauro.  Encuentro que una de sus últimas exposiciones personales sucedió en 1990, en la Galería de Ciego de Ávila, que tituló: Sin Remordimientos Numero 2. La muestra tuvo un original catálogo, cuya presentación nos entera de las etapas de formación del artista, cuando cursó estudios en la Escuela Provincial de Arte de Santa Clara, para seguir en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y cuando ingresa en el Instituto Superior de Arte (ISA), donde, en 1984 se gradúa en la especialidad de pintura.

De inmediato, apenas sin pausas y paralelo a una acelerada experimentación en el dibujo, la pintura, la escultura y otras manifestaciones, asume su faena pedagógica con pasión. Regresa a las aulas del ISA y de la ENA y, además, se integra al claustro de la Escuela Elemental de Arte de La Habana, ubicada en 23 y C, en El Vedado.

Una tarde llegué a su casa, en la calle Apodaca del municipio Habana Vieja[1]. Allí lo encontré, junto a su inseparable y encantadora esposa, Eva Leal.  Él me explicó cómo sucedieron las cosas posteriores a su graduación. Su mejor equipaje eran sus necesidades frente a la creación, junto a su sentido de pertenencia con el arte y la cultura de su país y del mundo. Con aquellos preceptos, se esforzó por recorrer todos los riesgos y senderos de su tiempo, esos que deberán ser contados en un largo relato, porque él, con su eterna vida junto a Eva, a sus hijos Daisy y Pablo, constituyen un “Estado solo para creadores” que te involucra con su magia. Me detengo en una poesía que lo autodefine, que encontré en un catálogo de hace muchos años:  

“Pinto con amor, arrebatamiento, energía, lucidez variable y no consciente. Pienso que en todos mis trabajos hay sufrimiento, sombra y dolor; ironía que trasmigra sombra de ojos abiertos y de situaciones ambiguas. Pero hay también, profundos espacios poblados de colores.

Hay construcciones de transparencias.

Hay dobles sueños de amores desnudos.

Hay alegría en la risa.

Hay soledad en el gesto.

Hay canto al día y a la noche, al equilibrio,

A la voz conocida

Y al misterioso ser[2]

 Así, como accidentes, son las instalaciones presentes en la Exposición Caminos que no conducen a Roma, desplegada en la segunda planta del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”. Estas piezas han llegado al edificio donde se han generado una parte notable de las Bienales de La Habana; desde los tiempos en que eran conducidas por la incansable intelectual, Llilian Llanes Godoy. Pero adelanto que es el preámbulo de una muestra antológica del artista, prevista para mayo del 2022, bajo la responsabilidad de experimentado curador y poeta Nelson Herrera Ysla.

Hacemos un repaso por la abundante producción de Nelson Villalobos Ferrer[3], que sin temor entiendo tan amplia y palpable, que solamente, en nuestro contexto nacional, me parece comparable con la de Wifredo Lam,  Alfredo Sosabravo, Manuel Mendive,  René Portocarrero, Servando Cabrera Moreno y unos otros pocos nombres más. Villalobos explica y habla de sus obras por miles …, de sus muchas técnicas, del aporte de los materiales, del dominio del oficio, de las ideas y de los conceptos de los que se nutre hace más de cuatro décadas, con toda naturalidad. Conversando con él y a ratos con Eva, también regresamos a Antonia Eiriz, a los hermanos Vidal, a Umberto Peña, a Julio Girona, a Guido Llinás, a Aldo Menéndez y todos esos grandes que están allí, que se sienten, como él me repite.  

Meditó para edificar su Exposición del Lam. Indagó los significados de Saeta, hurgó en el diccionario de los signos y corroboró ideas preconcebidas. El concepto curatorial se resume en una gran instalación, continuidad de otras anteriores, donde cerca del noventa y nueve por ciento del material lo constituyen trozos de madera, “¡pedazos de cosas!”, que ya traen su historia y a las que él les atribuye un nuevo significado.  A partir de ese pasado viene la “resemantización,” que lo responsabiliza con la continuidad de esa historia, lo cual nos pone frente a un símbolo que replica la leyenda del ser humano. Es un proceso semiótico, una manera de decir, a través de sugerencias iconográficas. Lo explica así[4]:

“Ahí existe un proceso que une el espíritu de la obra y me interesa que el espectador al ver el objeto sienta algo. Lo que hace el creador es, a partir de la imagen, que es como un caos, codificar ese caos, de manera que configura una obra con un significado añadido[5]”.

En su concepto, le corresponde al receptor desmontar el objeto y atribuirle sus propias interpretaciones, implicando una relación física y conceptual al mismo tiempo. Entre más se acerca el espectador a la obra, entre más profunda sea la identificación con el hecho artístico, más universal será.

Desde hace varios años, Villalobos trabaja con símbolos de todas las culturas, así están en sus mensajes los ecos de la civilización maya, de los incas, de los australianos, unido todo con lo africano y un universo de experiencias interminables que articulan su interés por lo primitivo. Cuando hurgamos el pasado, los umbrales del arte, confirmamos que el hombre está hecho a la medida de muchas líneas, que es como la simplicidad del azul, apoyada a ambos lados y sostenida por una circunferencia o desde una flecha construida por diminutos fragmentos de madera que, como Darwin, indican el origen y evolución de las especies, siempre hacia arriba, en espiral ascendente, dialéctico. De modo que el discurso de la exposición está sólidamente preconcebido para que aparente primitivo, aunque su vocación es una mezcla post-moderna y filosófica a la vez.  

Reflexionando sobre estas instalaciones de Villalobos, me asiste la certeza de que, si con ellas estudiáramos axiomáticas zonas del arte contemporáneo chino, encontraríamos grandes similitudes entre unas y otras. De la misma manera que Villalobos piensa en los orígenes del hombre, en sus paradigmas culturales, los chinos hacen apropiaciones de la caligrafía y del arte tradicional de su país, resignificando el objeto, que simplemente se percibe a través de unas pocas líneas, que traen por fundamento la escritura en caracteres y abundantes contenidos.

Igualmente, la línea, el punto y la mancha trascienden como conexos a sus formas. Esa es la idea que hilvana el discurso de esta exposición en la XIV Bienal de La Habana, donde todo nace del pensamiento, el que se grafica en pequeñas representaciones que pueden ser los pixeles, las manchas, el puno, igual que la semilla que germina, dando vida al espíritu de lo conceptual, con su correlato en la escritura, las letras, las líneas curvas o rectas como trasmisores de mensajes. Ese lenguaje sintético parte de Da Vinci, con su convicción de que el arte es solo un vehículo que expresa lo deseado, que es la relación entre lo que se siente y lo que se percibe y que, al final, es equivalente a la comunicación esencial y vivificante entre artista-obra-espectador.

Villalobos se sostiene consecuente al grupo “RUPTURA”, lo cual será explicado en otros escritos. Sus manifiestos, ampliamente cumplidos en el recorrido por su obra toda y en esta muestra, explican que él sigue siendo ese niño que lleva dentro, sin empañar la dimensión que asume en el contexto del arte cubano e internacional.  Su poética, expresada en títulos como La caracola que abraza el fuego; en La luna arde sobre el mar o en sus enormes murales, equiparables con retablos antiguos, al establecer el diálogo entre infinidad de personajes, acciones, escenas, ocurre la expresión pintada de sus convicciones, cuando suscribe que el cotidiano andar en su complejidad, es reflejado en la teoría de la vida y que al final le parece tan simple como la fiesta y el juego. 

Ya casi al terminar este encuentro de sorpresas y encantos, me cuenta Villalobos que su primera pasión fue la pintura, que trabajó con la primicia de la libertad de acción, pero buscando el rigor y la solidez. Gusta auto superarse, como lo demostró después de su graduación en 1984 con la obra Cera, para transitar hacia lo fragmentario, en su camino hacia la totalidad; desprejuiciado de convencionalismos e intencionalidades.

Otra tesis interesante es que, más allá del asunto, entre sus laberintos acomoda el círculo dentro del círculo, dejando que predomine lo eventual durante su estado creativo[6]. Villalobos re-afirma que en las pictografías de los antepasados cubanos ya aparecen esos recursos expresivos. Pero las imágenes por sí solas no informan, lo cual avala su teoría de la resemantización, donde corresponde al artista atribuirle nuevos significados a los objetos o soportes, que son mágicamente intervenidos por sus manos.   

Finalmente, Villalobos me confiesa que, en su micro mundo, habitando la planta alta del Centro de Arte Contemporáneo “Wifredo Lam”, se mezclan alegría y consternación, al pensar que caminamos por senderos que, de forma particular, conducen a Antonia Eiriz. Ella está allí, en toda la población fragmentaria de uno de sus mejores discípulos y amigos.  Y con razón así sucede, porque Villalobos formó parte del grupo de jóvenes artistas, ya formados, pero imparables e inquietos, que hoy se reconocen como los responsables intelectuales y materiales del regreso de Antonia a los circuitos de exhibición y legitimación del arte, en 1991, cuando en Galería de Galiano se presentó la exposición Reencuentro. Pero también en el Lam está Lezama, quien afianza la idea sobre los espejos con sus reflejos y los encadenamientos de sus influjos. ¿Y qué decir de Lam, representado en la planta baja por aquella escultura de 1981, que tanto le gustó?

El mundo de Villalobos en la Bienal habanera viene de sus estudios de todos los días, en su sana persistencia como lector de poesía, de filosofía, de historia, de todo lo que revalida y amplía su saber infinito, su fe en la convivencia de lo mágico y lo real al mismo tiempo. Por eso es prodigioso el contenido lúdico y transversal de sus pinturas. La Exposicion del Lam es el sumario de una vida metódica, de años de bocetos, de noches de ensueños de alguien que se considera siempre aprendiz,  estudiante, pero que sabemos un sabio que, al tiempo que es amigo de sus amigos, que atiende las dinámicas del arte de su entorno, está entre los más productivos de nuestra historia, entre los que conservan estanterías de libros de ensueños,  compartida con sus diarios, donde escribe y describe con dibujos,  signos y apuntes el final de cada jornada.

“Aquí aparecerá tu visita en el día de hoy”, así me dijo resueltamente, cuando me mostró una de las libretas.  Dentro de unos años, tu estarás en mis testimonios, en mis reportes de cada viaje, que también me nutren de saberes, de sueños[7]

Zaeta sigue hacia la exposición antológica del próximo año.  Mientras tanto, el artista me habla de su pasión por José Martí y su Diario de Campaña; el relato donde se detalla la impronta del cubano, tal como él pensó su propuesta en esta nueva edición de la Bienal de La Habana.  Villalobos:  honesto, contagioso, soñador, empático, es a la vez una irreverente personalidad, un cuestionador de paradigmas, de la saturación del hecho y del sujeto. Es un amante de su cultura, entendido de su papel en esta batalla por hacer conciencia de que el ser humano puede construir y transformar su medio. Villalobos es un pensador que trascendió y, lastimosamente, hasta hace apenas un decenio, durante un intermedio particularmente significativo, sin que nos diéramos cuenta, sobrepasó la mirada de unos cuantos curadores y críticos de arte cubanos, entre quienes me suscribo

[1] Conversación informal de Teresa Toranzo Castillo con Nelson Villalobo. Lunes 22 de noviembre del 2021, 4pm. (Ideas de este encuentro serán reiteradamente referenciadas en este reporte).

[2] Villalobo. Marzo 1990. “El espacio me engendra” en:  Exposición. Villalobo. Maneras sin remordimientos. Galería Ponzano No. 16, Zaragoza España, 1989 y en. Galería de Ciego de Ávila. Cuba. (Catálogo), 1990.

[3] En algunos textos y referencia aparece como Villalobo.

[4] Conversación informal de Teresa Toranzo Castillo con Nelson Villalobos. Lunes 22 de noviembre del 2021, 4pm.

[5] Conversación informal de Teresa Toranzo Castillo con Nelson Villalobos. Op. Cit.   

[6] Como lo veremos en sus versiones de El Jardín de Mamá.

[7] Conversación de Nelson Villalobos con Teresa Toranzo, el lunes 22 de noviembre del 2021, 4pm.

En la prestigiosa galería de arte Babalú Ayé en Madrid, se llevó a cabo la emocionante inauguración de la exposición «Vuelo de Bronce XX Años, De Alpiste Para Un Sueño», parte integral del proyecto Veo Isla II, cuya duración se extiende a lo largo de un mes.  También desde el 8 hasta el 26 de marzo, el Instituto Egipcio de Estudios albergará la exposición «Debajo de cada piel negra hay otra piel», presentando las obras de 17 artistas internacionales. Simultáneamente, el Centro Cultural Emilia Pardo Bazán será escenario de la exposición «Gesto Transversal», programada del 11 al 13 de marzo entre muchos de los eventos que se realizaran este mes. La embajada de Cuba en Madrid ha sido clave en el apoyo a dichos proyectos.

Vuelo de Bronce XX Años, forma parte de la vibrante semana de arte en Madrid, donde Embassy Today se hizo presente para destacar la relevancia de la primera exposición de escultores internacionales, artistas cubanos, españoles, alemán y Polaco, como Alejandro Lescay, Liudmila López, Fany Galera, Piotr Kowalski y Marco Flierl, se unieron para celebrar la diversidad y la creatividad en el ámbito artístico.

La metáfora del metal eterno se despliega en «Vuelo de Bronce», la segunda edición del proyecto «Veo Islas II», en el laboratorio de arte Babalú Ayé, a cargo de Liudmila López Domínguez. Este proyecto, que ha perdurado 20 años, se gestó a partir de una colaboración informal, transformándose en un espacio cultural para el intercambio de ideas y experiencias artísticas.

Los simposios han buscado aprovechar las posibilidades modernas de la fundición en bronce en todos los aspectos, reviviendo técnicas antiguas y experimentando con nuevos procedimientos. Desde el diseño a la cera perdida y el moldeo de arena hasta los esbozos del sistema de fundición y procesamiento posterior, cada elemento se considera una expresión artística.

Los simposios han buscado aprovechar las posibilidades modernas de la fundición en bronce en todos los aspectos, reviviendo técnicas antiguas y experimentando con nuevos procedimientos. Desde el diseño a la cera perdida y el moldeo de arena hasta los esbozos del sistema de fundición y procesamiento posterior, cada elemento se considera una expresión artística.

Embassy Today tuvo el placer de charlar con parte de los artistas que estaban allí.

La escultora Liudmila López nos habló sobre sus obras de arte, especializándose en los calzados femeninos, ya que se ha convertido en su fuente de inspiración desde los 12 años. Nacida en Cuba, nos relata que desde muy pequeña le encantaban los zapatos. Ha trabajado siempre sobre el cuerpo, ya que las mujeres lo conocemos muy bien. Ha realizado preformas, fotografías y muchos años haciendo grabados. A finales del 2006 se dio cuenta de que era muy recurrente la utilización del calzado de tacón, que siempre ha llevado desde los 15 años y nunca se ha bajado de ellos. Para ella, era muy recurrente, y pensó en empezar con la escultura, iniciando con la cerámica, bronce y cristal. Ha creado esculturas de zapatos de 7 metros. Para ella, el zapato es el que soporta el cuerpo, cuenta una historia, una edad, una enfermedad, todo por la forma del calzado. A través de eso, hizo una investigación y se dio cuenta de todo lo que hay detrás del calzado, ya que es un soporte que te mantiene de una manera u otra. Trabajó en el proceso de la cera perdida, primero haciendo la cera y luego pasando por un sistema de fundición que involucra a muchas personas, ya que lleva un proceso más largo y, sobre todo, depende del tiempo que uno disponga. Liudmila es la dueña de la galería de arte Babalú Ayé desde hace 5 años, donde se está celebrando esta semana del arte. Piensa que el calzado se ha convertido en un medio para transitar y comunicar el uso de lo bello, lo superficial, de la moda y la historia. Una de sus obras es «Pinaldo de Osha».

Otro de los artistas cubanos es Alejandro Lescay Hirrezuelo, quien nos comenta que empezó en el arte desde niño y estudió artes plásticas en Santiago de Cuba. También estudió en la academia profesional de artes plásticas, especializándose en pintura, pero también incursionando en el dibujo y la escultura. Para él, es un placer estar aquí con esta colección de obras hechas con la técnica de la fundición en bronce, específicamente a la cera perdida, a pesar de que siempre se especializó en la pintura y el dibujo. Pero, sobre todo, dentro del proyecto “Vuelo de Bronce”, es un espacio para poder apreciar las esculturas. De sus obras nos dice que hablan del espíritu, del interior, de los secretos que guardamos nosotros mismos. Inspirado en esas motivaciones es que hace estas figuraciones sin rostros, sin bocas, sin caras, porque al final se expresan desde adentro y desde el alma. Una de sus obras es “Las almas que cargamos”, fundición en bronce a la arena.

Piotr Kowalski, un artista polaco escultor, pintor y también fundidor, actualmente trabaja en el proyecto con Cuba, haciendo intercambio de fundición de bronce para obras monumentales. Hace más de 20 años realiza exposiciones desde que nació el proyecto en Santiago de Cuba en 2003. También ha expuesto en Berlín y ahora con el proyecto en Madrid. Una de sus obras es Eureka Arquímedes, dedicada al mayor borracho inquisitivo, se la dedica en especial a Tolek. Su obra está hecha de bronce fundido.

Fany Galera, artista valenciana con gran vínculo con Cuba, apasionada de la escultura, trabaja sobre las emociones y las relaciones humanas. Le gusta dejar abierta la interpretación del espectador. Nos explica una obra de ella que se llama “Come y Calla”, que pertenece a una colección llamada “Platos sucios”. La escultura habla un poco de las relaciones que se producen en la cocina en el ámbito doméstico. Cree que la cocina es un lugar muy mágico donde afloran las emociones. Lo que le parece bonito es cómo cada uno interpreta sus obras según la emoción en ese momento. Toda su exposición está hecha con bronce.

Marco Flierl, artista alemán que está desde el inicio en el proyecto Vuelo de Bronce. La naturaleza es su modelo para la imagen y ella debe reflejar la esencia. Nos comenta que detrás de cada figura que realiza tiene que afirmarse en el espacio. Existen versiones de ellas en tamaño natural, destinadas a espacios públicos. Los paisajes prismáticos invitan al ojo del espectador a vagar; vista desde la distancia, las formas que funden en un todo. Cuando el sol es favorable, la luz toca la superficie, los prismas realzan la forma escultórica con sombras y luces. Una de sus obras es: Sentada, Bronce fundido.

Descubre la magia del arte en su máxima expresión en los eventos emocionantes de VEO ISLA II. Este mes adéntrate en una ecléctica gama de exposiciones y experiencias artísticas que te transportarán a un mundo lleno de creatividad y diversidad.

ARCO, una colosal muestra de arte contemporáneo con su sede principal en el recinto de IFEMA-Madrid, acoge a 205 galerías de 36 países en su 43 edición, aunque en paralelo la capital española disfruta de una sinfonía de exposiciones y performances, este año con sabor de Caribe.

Alejandro Lescay, hijo del prestigioso escultor cubano Alberto Lescay, es uno de los autores de las obras de Veo Islas II en la galería Babalú Ayé actualmente y desde el 8 de marzo, en el Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, Mediterráneos e Iberoamericanos.

En exclusiva con Prensa Latina, Lescay, explicó que Veo Islas es un proyecto concebido por Liudmila López desde el pasado año, que aglutina a artista cubanos, esencialmente, para mostrarlos en Madrid, y en la segunda edición “es un placer que Vuelo de Bronce, se integrase”.

“Vuelo de Bronce es un programa que ya tiene 20 años y que surge de la amistad y cooperación de dos artistas, Marco Friel, escultor alemán con su taller en Berlín, y Alberto Lescay, a través de su Fundación Caguayo”, precisó.

Al abundar en el tema, detalló que durante dos décadas esos dos amigos han ido convocando artistas de Santiago de Cuba de Alemania, y a lo largo de los años se realizó este evento indistintamente en los dos países.

La premisa esencial es hacer arte en bronce, que es una de las técnicas más complejas de la escultura, acotó al responder a una pregunta de Prensa Latina.

Lescay ponderó las huellas que dejaron los encuentros de Vuelo de Bronce en las ciudades donde se efectuó, como por ejemplo en Santiago de Cuba, donde la calle Enramada está embellecida con placas de bronce, lo mismo que en urbes germanas.

Ante otra interrogante acerca del concepto de Veo Islas, que en su primera edición se consagró a la pintura y ésta a la escultura, comentó que en días sucesivos se podrán ver otras manifestaciones artísticas cubanas de fotografía, plástica en general.

En torno a la labor de su padre, reconoció sus aportes permanentes a enriquecer Vuelo de Bronce y otras iniciativas que favorezcan el desarrollo del arte cubano, principalmente para que se siga haciendo bronce en la isla caribeña.

Además de los Lescay, participan en la exposición Daniel Alejandro Barrio, Elio Rodríguez, Esterio Segura, Guibert Rosales, Ibrahim Miranda, Jorge Enrique Caballero, Jorge Luis Miranda, Liudmila López, Maikel Sotomayor, Max Delgado, Michel Acosta, Ricardo Miguel Hernández, Roberto Diago, Tommy Meini y Víctor Manuel Maden.

Asimismo, en otra muestra denominada Gesto Transversal, en el Centro Cultural Emilia Pardo Bazán, estarán Adriana Arrante, Cristina Escobar, Danay Nápoles, Janette Brossard, Liliana Porter, Lissette Matalón, Lorena Gutiérrez, Luz Escobar, Marta María Pérez, Rosmery Sanabria, Sandra Ceballos, Susana Guerrero y Liudmila López.

Una representación de la amplia producción plástica del prestigioso artista cubano Nelson Villalobos podrá ser apreciada por el público santiaguero a partir del próximo viernes 9 de febrero, a las 5 pm, en la prestigiosa galería René Valdés, de la Fundación Caguayo.     

Villalobos nació en Cumanayagua, en 1956 y se licenció en la especialidad de escultura en la Escuela Nacional de Arte en 1979. Desde entonces, han sido imparables su labor docente y la producción artística, que han tenido a Cuba y España como ejes fundamentales.  

Entre 1989 y 1990, Nelson Villalobos firma su declaratoria pictórica titulada: Manifiesto del Grupo Ruptura, a través de la cual establece su propia postura e intenciones en relación con su filosofía y principios éticos frente al arte. De este modo, su mundo pictórico es auto concebido como un grupo y una forma coral, integrado por Nelson-Villa-Lobo-Ferrer.

Dentro de su extenso andar creativo, que traspasa las treinta mil obras, Nelson Villalobos se ha destacado como escultor, pintor, dibujante, así como por su producción fundacional e individual en el campo de la serigrafía; como editor de textos y amante de la poesía.  Entre esa multiplicidad de modos de expresión, su estética se ha nutrido de lo mejor de la tradición plástica cubana y universal, logrando un armonioso discurso que va desde Lam y Portocarrero, hasta las distintas etapas de Pablo Picasso y otros referentes europeos.

Cerca de 9 lienzos de gran formato, datados entre 2014 y 2020 serán presentados en los privilegiados espacios de la galería René Valdés, lo cual constituirá una primicia para los cubanos que hacen sus vidas en la segunda capital cubana.  Entre estos se encuentra una selección de los acrílicos sobre lienzo pertenecientes a la serie El viaje, fechados en el 2020; Transfiguración de un mito enmascarado de 1998; homenaje a la Oda Marítima de Fernando Pessoa de 2014 y El jardín de mamá No. 5 del 2020.  

En el 2022, Nelson Villalobos formó parte de la nómina de artistas presentes en la XIV Bienal de La Habana y en el 2023 presentó El misterio del eco, una mega exposición retrospectiva en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, curada por Nelson Herrera Ysla. Seguidamente, fue seleccionado para participar en las conmemoraciones por el centenario de Pablo Ruiz Picasso, con el proyecto: Villalobo o vento Comezou de novo O mundo de Pablo Ruiz contado por Villalobos, en la cual se reconoce la manera en que el artista cubano ha bebido de la sabia del español; autor de El Guernica y de Las Señoritas d´Avignon.

 En sus cerca de 45 años de imparable producción artística, la obra de Nelson Villalobos ha llamado la atención de escritores, poetas y críticos de arte de diferentes latitudes, como Pere Gimferrer; Javier Villaseñor Alonso, Ángel Escobar, Rufo Caballero, Aldo Menéndez, Rito Ramón Aroche y C. A Aguilera, Ignacio Gómez de Liaño, Andrés Isacc Santana, Antonio Fernández Molina, Nelson Herrera Ysla, Carina Pino Santos, Enrique Juncosa, Teresa Toranzo y de sus hijos Daisy Villalobos Leal y Pablo Villalobos, entre otros. Sus obras forman parte de importantes colecciones de África, Europa y América Latina, lo cual se corresponde con una estética que centra su atención en el ser humano, con sus problemáticas cotidianas, dando lugar a una producción simbólica de alcance universal.   

Según se ha previsto, la exposición estará abierta al público hasta el próximo mes de abril.    

En los supuestos entresijos del arte contemporáneo encontramos, entre otros análisis, la posibilidad de refugiarnos o escapar a nuestra realidad inmediata. Ese no es el caso de “Sinfonía de presión”, una exposición pensada desde la cotidianidad de la familia en Cuba. La muestra tiene como génesis el videoarte del mismo nombre con el cual el Yuri Seoane ganó el Gran Premio del Salón de Arte Contemporáneo René Valdés Cedeño, 2022.

En la obra premiada el conjunto de palabras en las voces de gente común, unidas a los utensilios domésticos suenan acordes a la vez, una maravillosa sinfonía del sitio que habitamos. El artista recurre al temperamento psicológico y al ritmo acelerado del hombre de a pie, pero no cualquiera. Su mirada se enfoca en aquel que decide resistir lidiando con el agua a su alrededor, el calor que marchita y hostiga y, sobretodo, la intensa presión de la vida que te aplasta. Aparece entonces el contraste de los recipientes modernos con los antiguos, la mutilación, la suciedad y el cocinar algo incierto. Las cargas del ser humano, su santo y seña son temas bien citados en el trabajo de Seoane.

Las válvulas se multiplican una y otra vez en azarosos fotogramas como fuente de escape a los dilemas planteados por las voces en off, rumores que se escuchan en cualquier esquina como cantos de ultratumba. La puesta en escena audiovisual se destaca por sus valores de realización tanto formal como conceptual. Recrea el trabajo bajo mandato, del calor o la electricidad, de las “reinas” y “multipropósitos”, afanosas ollas a presión en la cocina cubana. Se convierten en leit motiv discursivo que nos trasladan al ámbito hogareño y a la pluralidad económica, religiosa, política y cultural de las familias cubanas.

Entonces, ¿responden ante el fuego insaciable de las problemáticas del espacio doméstico? El lamento, la risa jocosa, la orden y hasta la súplica del objeto que ablanda la comida se torna música de vida. Yuri propone un videoarte que explora los recursos y medios propios de la imagen trivial frente al espectador escéptico, rescata su valor en el campo artístico y revitaliza la temática en la escena nacional. Privilegia la significación que puede llegar a tener la dimensión económica o política en nuestra sociedad. Pero deja claro que en la esencia del

ser cubano está la resistencia ante cualquier presión externa. Ayuda, además, a concientizar que uno es parte de una comunidad específica y nuestro compromiso es con la realidad diaria.

El discurso se torna tentador y hasta retador en diferentes momentos del evento pensado como una instalación de arte total en el cual el espacio expositivo se convierte en el interior de una olla a presión. El público fue guiado a través de un performance protagonizado por el artista quien llevó como símbolo y corona una de sus obras en la cabeza, interactuando a ratos con los espectadores absortos por lo allí ocurrido. Montada en su pedestal de adjetivos cada pieza vuelve a la lección duchampiana del rescate de valores estéticos y artísticos en los objetos triviales y su re-significación en el espacio-galería.

Existe cierta magia en la música incidental que resalta el estado máximo de cocción. Al mismo tiempo envuelve la gran sala expositiva. Dos paredes iluminadas visten fotografías de familias de El Cobre, poblado insigne y terruño del creador. Hay en ellas una carga antropológica irreversible. Una aureola parece morar encima del centro de la imagen donde se encuentra la protagonista de Sinfonía de Presión. Los rostros, algunos lánguidos otros afables, abrigan el utensilio que cuece el sustento del hogar. Se puede escribir la historia de las personas a partir del consumo, de los objetos que portan, de la comida que ingieren y hasta de lo que echan a la basura porque lo importante no es el objeto en sí mismo sino su intrínseca vida social.

Se hace inevitable recordar un pensamiento del crítico Rufo Caballero cuando aseveró que “vivir en una isla como Cuba no es un accidente superfluo, se las trae” de ahí que tengamos terreno fértil y otra enjundia para el arte.

 

En el día de ayer miércoles 6 de septiembre a las 10.00 am sesionó en la sede de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, el Jurado de Admisión al II Salón de Arte Contemporáneo René Valdés Cedeño organizado por el Sistema Caguayo. El Jurado estuvo integrado por los artistas de la plástica Alberto Lescay Merencio, Premio nacional de Artes Plásticas 2021(presidente), Julio César Carmenate Laugart (vicepresidente) y Alejandro Lescay Hierrezuelo (miembro) y las especialistas en arte Yuliet Hechavarría Pérez (secretaria) y Maciel Reyes Aguilera (vocal). Se recibieron propuestas de 25 artistas de la región oriental, desde Camagüey hasta Guantánamo y quedaron PRESELECCIONADOS 16, con un total de 21 obras, las cuales serán evaluadas en físico para corroborar el estado técnico del montaje y su terminación entre otros requisitos, cuestiones estas que podrían resultar invalidantes para su participación en el concurso.

Artistas Pre-seleccionados:

  • ALID NAIL HÉRBOLES RONDÓN /1974/CAMAGÜEY. Obra No. 1. De la Serie «Movimiento de lo inverosímil» 1. / Obra No. 2. De la Serie «Movimiento de lo inverosímil» 2.
  • DIOSMANIS CHRISTIAN PADRÓN RAMOS/1999 (CAMAGÜEY). Obra No. 1. déjà vu (Serie Ánima y Anhelo) Obra No. 2 Me cuento (Serie Ánima y Anhelo).
  • EDEL ALEJANDRO FONSECA OLIVERA/2004 (CAMAGÜEY). Obra/ Cara a Cara.
  • EDUARDO RODRÍGUEZ MARTÍNEZ/ 1980 (CAMAGÜEY). Obra/ Salomé y la muerte.
  • FRANK LAHERA O´CALLAGHAN/1988 (SANTIAGO DE CUBA). Obra No. 1. Espera/ Obra No. 2. Miedo en presente.
  • GRETTEL ARRATE HECHAVARRIA/ 1964 (SANTIAGO DE CUBA). Obra/Saturno devorando a su hijo.
  • JAROL LÁZARO  RODRÍGUEZ  MORALES/1990 (LAS TUNAS). Obra/ Bizcocho. De la serie:El oficio de permanecer con vida”.
  • JOEL GONZÁLEZ PALLEROLS/1983 (CAMAGÜEY) Obra No. 1 Enviroment “Vista del taller del artista”/ Obra No. 2. Enviroment II “Vista del taller del artista”.
  • JUAN LUÍS MACEO NÚÑEZ/ 1968 (BAYAMO, GRANMA). Obra/ Matriz de sensaciones. De la serie “Códigos en blanco y negro”.
  • LEIDY LAURA FERNÁNDEZ GALLO/ 2002 (CAMAGÜEY). Obra/ Metamorfosis.
  • MARLON RENÉ AGUILERA FLEITAS/ 1997 (SANTIAGO DE CUBA). Obra/ Polio.
  • RENATO ALEJANDRO ARZA PLANAS/ 1981 (SANTIAGO DE CUBA).Obra/Desajuste.
  • RENÉ ALEJANDRO NOA GARCÍA/ 1987 (SANTIAGO DE CUBA). Obra/ En busca de Arturo.
  • REYDI JOSÉ ZAMORA RODRÍGUEZ / 1996 (SANTIAGO DE CUBA). Obra/Neolengua. De la serie “Políticamente correcto”.
  • TAHIMÍ CUGAT ESTÉVEZ/ 1983 (SANTIAGO DE CUBA). Obra No. 1 Serie Jaulas Humanas (La crucifixión) #2/ Obra No. 2 Serie Jaulas Humanas (La crucifixión) #3.
  • ARTURO ZALAZAR (SANTIAGO DE CUBA). Obra/ Silla para dos.

 

Los artistas preseleccionados deben entregar sus obras, de manera presencial, hasta el lunes 25 de septiembre a las 12.00pm en la Galería René Valdés Cedeño sito en Ave. Manduley No. 304 e/11 y 13, Rpto. Vista Alegre, Santiago de Cuba.

FELICIDADES Y MUCHOS ÉXITOS

Un nuevo espacio para el público santiaguero propone la Fundación Caguayo, de manos de la Mr.C Maciel Reyes Aguilera, historiadora del Arte y Especialista de la institución. La figura del ilustre poeta y profesor Jesús Sabourín Fornaris se torna un motivo para hablar de y desde la literatura y la poesía. Con una primera edición el pasado jueves 24 de agosto, fue el patio Los almendros de la Fundación, el espacio que acogiera la Peña Artístico-Literaria que lleva el nombre del poeta. Se dieron cita en el espacio académicos y artistas de diversas manifestaciones para en una tarde lluviosa confraternizar desde lo inmenso de la poesía y dar a conocer la vida y obra del homenajeado.

Gisselle Lage y el maestro Gabino en la guitarra amenizaron la velada, el grupo Estudio Teatral Macubá, bajo la dirección de Fátima Patterson tuvo a su cargo el poema “Hallazgo del hombre” escrito por Sabourín y el profesor de la Universidad de Oriente Israel Escalona, junto a Maciel, dialogaron sobre la figura del célebre. Invitado también llegó hasta Cuba y a este patio Anthony Van der Meer, académico norteamericano quien también incursiona en la poesía, y no dudó en regalarle al público, esa tarde, algunos de sus textos líricos.

Fiorella Franco. Gestora de Proyectos de Espacio 17.

Convocatoria

El Sistema Caguayo convoca a la segunda edición del Salón Regional de Arte Contemporáneo René Valdés Cedeño. Su convocatoria está dirigida a los artistas desde Guantánamo hasta Camagüey y tiene como propósito incentivar la creación artística, fomentando la promoción de su quehacer. Este Salón servirá de plataforma para establecer colaboraciones dentro del circuito del arte cubano en diversos ámbitos. Tiene como principal objetivo posicionar el arte de la región en el panorama del arte cubano contemporáneo.

La inauguración del Salón se realizará en la Galería René Valdés, perteneciente al Sistema Caguayo, prevista para septiembre del 2023 a propósito del aniversario de la Fundación Caguayo y el natalicio del escultor René Valdés Cedeño.

Premiación

Gran premio: 60.000 CUP, por concepto de producción de obras, así como la programación de una exposición personal en la galería René Valdés Cedeño.

Se otorgarán las menciones que el jurado estime necesarias. Igualmente el Comité Organizador definirá la entrega de premios colaterales.

El comité de selección estará integrado por especialistas y artistas de diversas instituciones del país que elegirán las obras que conformarán la muestra. Por su parte, la premiación de las obras quedará a cargo de un jurado de premiación conformado por reconocidos artistas, críticos y curadores cubanos.

Las decisiones del comité de selección y del jurado de premiación serán definitivas e inapelables.

Durante el desarrollo del Salón se llevarán a cabo otras acciones colaterales como conferencias, paneles, conversatorios con artistas, entre otros. Tales actividades teóricas están encaminadas a incentivar el estudio y promoción de las artes visuales en las provincias implicadas.

Bases

  • Podrán participar todos los artistas plásticos desde Guantánamo hasta Camagüey mayores de 19 años.
  • Temática libre
  • Podrán concursar en todas las manifestaciones de las artes visuales (dibujo, pintura, fotografía, grabado, escultura, instalación, arte digital, videoarte, performance, etc).
  • Cada artista podrá presentar hasta un máximo de dos obras. En el caso de los dípticos, trípticos o polípticos, deberán ser especificados y contarán como una sola pieza.
  • Todas las obras presentadas deben ser inéditas, es decir, no pueden haber sido expuestas ni premiadas con anterioridad y venir con su precio incluido.
  • Las obras bidimensionales no deberán exceder los 1.50 m de ancho y los 2.00 m de alto. Las esculturas e instalaciones no deberán superar los 2.00 m de área.
  • Las obras que resulten seleccionadas no podrán ser sustituidas por otras.
  • Los artistas seleccionados serán notificados para entregar sus obras en un período de tiempo no menor a dos semanas antes de la inauguración de la muestra.
  • El embalaje, transporte, y seguridad de las piezas hasta la galería correrá por el artista, tanto en la entrega como en la recogida de las mismas.
  • Las obras deberán encontrarse en óptimas condiciones.
  • Las obras bidimensionales deberán entregarse enmarcadas, y en el caso de las pinturas deben contar con su bastidor.
  • De ser necesarios materiales especiales para el montaje y la exhibición de alguna obra, estos correrán por el artista.
  • Cada artista deberá presentar un dossier en formato digital con carácter obligatorio, en una carpeta con su nombre completo, cuyo plazo de entrega será el 1 de agosto del 2023. Esta carpeta además deberá contener:
  1. Imágenes con buena resolución de cada una de las piezas formato (JPG o PNG) como archivos independientes no incluidos en documentos de Word o PDF que no excedan los 10 MB.
  2. En caso de videoarte debe entregarse el material en formato MP4, MPG o AVI con tres fotogramas del mismo.
  3. Foto personal del artista. Debe ser reciente y con buena resolución, formato (JPG o PNG).
  4. Un documento de Word con la descripción de las piezas (título, manifestación, materiales, dimensiones en centímetros, y el año de realización).
  5. Debe ser entregado un statement (máximo 10 líneas) de cada obra. Si todas las obras presentadas pertenecen a una misma serie puede realizarse un statement general. En caso de que el montaje conlleve alguna especificidad este debe ser esclarecido en este documento.
  6. Currículum actualizado del artista en un documento de Word y un pequeño extracto del mismo con los datos más importantes. Este documento debe precisar los contactos del artista (teléfono fijo y móvil, correo electrónico y dirección particular).
  7. Fotocopia del carnet de identidad por ambas caras y del registro del creador.
  8. El artista puede incluir otros materiales como textos escritos de sus exposiciones y otras imágenes de sus trabajos anteriores como antecedentes (esto si puede ser recogido en PDF).
  9. Todos los documentos deben tener los títulos con especificaciones del contenido.
  • La participación en el Salón implica la aceptación de las bases expuestas anteriormente.

Contactos:

Galería René Valdés Cedeño

Ave. Manduley No. 304 e/ 11 y 13, Rpto. Vista Alegre, Santiago de Cuba

Teléfono: (22) 668238

Fundación Caguayo

Calle 4 entre 15 y 17, Reparto Vista Alegre, Santiago de Cuba

Teléfono: (22) 643492

Correos:

galería@caguayo.co.cu

salonrenevaldes@gmail.com

Como parte de las actividades en homenaje al 106 aniversario del natalicio del escultor René Valdés Cedeño y a los 27 años de creado el Sistema Caguayo, se inauguró el 23 de Septiembre de 2022 el I Salón de Arte Contemporáneo René Valdés en la galería que ostenta su nombre en el Reparto Vista Alegre. Reconocidos artistas del patio como Grettel Arrate Hechavarría, quien además se desempeña como Directora del Centro Provincial de Arte, Carlos René Aguilera Tamayo, miembro del Taller Aguilera, y Alejandro Lescay Hierrezuelo, Presidente del Jurado y Directivo del Sistema Caguayo, compartieron con artistas invitados desde La Habana a participar como miembros del Jurado de Premiación, entre ellos Luis Enrique Camejo Vento y el fotógrafo Juan Carlos Romero de la Fuente. Integraron los jurados además la representante en Cuba de la Galería suiza ArteMorfosis Pilar Vásquez Sánchez y las especialistas en arte Yuliet Hechavarría Pérez y Maciel Reyes Aguilera.

La primera entrega de un evento que apunta a consolidar y ampliar su alcance, encontró un terreno fértil abonado por la gentil recepción de la convocatoria por parte de los creadores santiagueros. Muchos respondieron al llamado de “Caguayo” sólo por el hecho de sabernecesario este evento. Eso demuestra conjunción de pensamientos y refuerza la vitalidad y coherencia de las acciones filantrópicas en el ámbito creativo. Sin triunfalismos ni chovinismos, el reto se cumplió y se desarrolló un salón meritorio con un arduo trabajo sustentándolo.

El Jurado reconoció el compromiso de los artistas santiagueros ante la convocatoria a la que respondieron 34 de ellos para un total de 47 obras, quedando seleccionadas para concursar 21 obras de 16 artistas. Es de vital importancia destacar las posibilidades que brinda el Salón de Arte Contemporáneo de visibilizar y promover las diferentes prácticas artísticas, por tal motivo se considera pertinente darle continuidad como forma de potenciar la creación en la ciudad y por las posibilidades de aproximación a los circuitos de exhibición y comercialización de las obras más expeditos.

Para la selección de los premiados se tuvo en cuenta la frescura de las propuestas a partir de la polemización y la calidad estética de las mismas. Tras el análisis y discusión de cada una de las obras participantes, el Jurado de Premiación decidió:

Por la dedicación en la elaboración del soporte aprovechando fibras vegetales y lograr imbricar conceptualmente el proceso de la manufactura con la esencia del arte, otorgar MENCIÓN a la obra “Ironías de un papel amate” de la artista Yuliet Labrada Gómez.

Por el ingenio de reconceptualizar el objeto, y lograr de manera coherente pero novedosa continuar explicitando un estilo artístico de realizar crítica social, otorgar MENCIÓN a la obra “La armonía de un discurso”, del artista Julio César Carmenate Laugart.

Por lo concreto del discurso estético para expresar elocuentemente una idea empleando la fotografía y el cuerpo como territorio, otorgar MENCIÓN al conjunto de obras S/T de la Serie Huellas, de la artista Arlena Sera Ramos.

Por el uso inteligente de la metáfora visual que se refuerza con el acertado juego de palabras del título, por la combinación de medios expresivos y la respetuosa crítica social reverenciando uno de los objetivos del arte de ser espejo de su época, cronista de su momento histórico, otorgar GRAN PREMIO a la obra “Sinfonía de presión” del artista Yuri Seoane Serrano, consistente en Premio en metálico de 60 mil pesos y la organización de una exposición personal en la Galería René Valdés para este año.

Todos los detalles quedaron recogidos en el catálogo del I Salón de Arte Contemporáneo René Valdés que será presentado en el Centro Multicultural El Ingenio, y se acompañará además del lanzamiento de la convocatoria a la segunda edición, que ya apunta a convertirse en un fecundo encuentro con la inclusión de creadores de la región central y oriental.

Lic. Yuliet Hechavarría Pérez. Especialista Galería René Valdés Cedeño.

Los crucifijos de Lara son ballestas de luz, están preparados para disparar e ir directamente al subconsciente del espectador que espera elementos relativos a la imagen de Cristo. Encontramos en sus piezas nexos referentes a la permeabilidad de los materiales y a su concepción teórica. Esa capacidad de integrarse, traspasar y hasta transversalizar elementos de nuestra historia colonial y cotidiana a través de fragmentos de objetos es posible con solo recorrer la exposición. Encontramos la destreza del oficio y una pulcritud estética-formal que llevó a pulir, cual diamantes en bruto, algunos materiales vetustos. Las obras se llenan de cierto sabor añejo gracias a la reutilización de elementos que formaron parte de casas y edificios llenos de historias y ahora ocurre una resignificación de esos objetos en una nueva construcción que a su vez es símbolo religioso.

Allí se encuentran nuestros recuerdos crucificados. Cada casa es una iglesia, cada ventana una puerta al espíritu. Un disparo de fe que recorre todo el espacio expositivo de la Galería René Valdés Cedeño en la urbe santiaguera. Meritorio, además, la sencillez curatorial que logró efectivamente el protagonismo de las obras en el espacio. Cruces que están consternadas en la pared, abrazadas en sí mismas con la rudeza de los materiales duros.

Sin embargo la imponente cruz colgada en el centro de la galería pendiente de un gancho que nos recuerda las carnes desangradas de los bodegones de Chardin o los bueyes crucificados de un realismo crudo a lo Francis Bacon es simplemente exquisita. La soga que sostiene la pieza remonta al espectador al cordón de los frailes franciscanos y la filosofía de humildad y entrega, hecho que inevitablemente, me hace pensarlo como una alegoría a la persona del maestro Lara. Como ver es también un acto de fe, esa cruz lariana, tan mustia como las paredes de antaño, será en su espacio de nube blanca y hasta el mes de abril un arma de luz.

(…) sólo el amor convierte en milagro el barro.

José Martí

 

Cualquier lugar es preciso para amar. El verbo en sí mismo constituye un hecho de sanación sin importar el cómo o el dónde. El mundo del arte lleno de formas y colores, de hechos y conceptos, de representaciones y abstracciones ha tenido como un clásico de su repertorio al motor impulsor de la vida. Intentar captar ese sentimiento que rompe cualquier regla prestablecida y devora como fiera enjaulada nuestros instintos más primitivos es un sueño palpable en cada mano creadora. Muchas han sido las maneras que los artistas han regalado en nombre del amor pero en esta ocasión me quedaré con un ejemplo que rememora no solo el tema en sí, sino el espacio de acogida: el refugio. Ese lugar donde encontramos protección o amparo en algo o en alguien puede estar a la vista de todos sin darnos cuenta.

En el año 1991 se inauguró junto al conjunto monumental Plaza Mayor General Antonio Maceo y Grajales el complejo cultural Heredia proyectado y dirigido por el arquitecto y paisajista cubano Antonio Quintana Simonetti. Para el logro de ambos proyectos se tuvo que trabajar en equipo así se concibió la plaza y el teatro como un gran conjunto urbano integrado al paisaje. En este proceso Alberto Lescay Merencio y Antonio Quintana se hicieron amigos y de esa amistad nació la creación de un espacio en las áreas del teatro Heredia donde se integra el arte escultórico, la arquitectura y la naturaleza cual triángulo equilátero y maridaje ideal.

 

En el “jardín del amor” florece el bronce. Tres formas, cual elementos armónicos, tiene este espacio mágico. “La pensadora” ideada por el artista como la contraparte femenina de la icónica obra de Rodin es una alegoría de la razón y la duda. Dos elementos reflexivos y vitales dentro del mundo de los sentimientos desmedidos. El segundo personaje es llamado por su autor como “la primavera” y representa una hermosa mujer en plena flor de la juventud abierta a sus pasiones. La misma se desparrama sobre la piedra cual ninfa juguetona se entrega en las aguas del río a plena luz del día. En un tercer momento tenemos los cuerpos que se funden en una sola carne. Hombre y mujer se entrelazan en los excesos propios del amor; Lescay inmortaliza en bronce el abrazo de los amantes.

El visitante se vuelve voyeur involuntario, al contemplar las figuras enredadas armónicamente entre la naturaleza, gracias al acceso visual que tiene el jardín desde la cafetería. Las curvas sinuosas y sensuales responden a un pedido del propio Tonino Quintana orientado hacia el erotismo y que el escultor supo hilvanar con formas expresivas a partir del concepto del amor. Entonces, ¿por qué no creer que tenemos semilla, flor y fruto? La trinidad del eros se encuentra en la fraternidad del metal: La duda, la pasión y la entrega.

En 1992, un año después de inaugurado el jardín del amor, el cineasta Eliseo Subiela estrena la inolvidable cinta El lado Oscuro del Corazón. Con un poético guion escrito entre otros por Mario Benedetti indica como de complicado es el amor. En diálogo bizarro lanza a la cara del espectador las  interrogantes de cómo amar sin poseer o cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire. Porque de eso se trata, es emocionante volver a estas obras que nos dejan sin aliento, arañan la piedra y rompen con la solemnidad del material eterno. Hágase el verso y viva la metamorfosis del amor.

Por: Maciel Reyes Aguilera. Especialista de la Fundación Caguayo

Fotografía: Fiorella Franco Duany

En mi jardín hay rosas:
Yo no te quiero dar
las rosas que mañana…
Mañana no tendrás.
Dulce María Loynaz

Me prosternó a tus plantas el desvío
y entre tus piernas de marmórea piedra,
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.
Rubén Martínez Villena

¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
Por decirte: “mi vida”
Y que los truenos nos humillen
Y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo ganas locas de mirarte al fondo
Y hallar velos
Y humo,
Que, al fin, parece en llama.
Carilda Oliver Labra

“El pájaro que me ha hecho y me ha animado y que soy yo mismo que corre detrás de algo a encontrar (…) amigos, gente que tienen la misma idea que yo y cuando yo encuentro esta gente que tienen la misma idea que yo esta persona me daba una gran alegría, parece que uno confirma, que uno existe en la tierra y que consume el tiempo en algo que tiene una realidad concreta…”

Wifredo Lam

Vuelo, Homenaje a Wifredo Lam, Acero, piedras semipreciosas y vidrio, 6 metros de altura, 2004, Plaza Lam, UCI, Ciudad de La Habana, Cuba
Monumento a Wifredo Lam, Bronce fundido, 7 metros de altura, 2009, Ciudad de La Habana, Cuba

“Hemos echado a volar el pájaro (…) para que siga como el mismo dijo, estoy en el aire, estoy como buscando algo, estoy con todos los cubanos, con todos los caribeños y con toda la gente del mundo sensible”

Alberto Lescay Merencio (Entrevista televisiva en la inauguración del Monumento a Lam el 29 de marzo del 2009)

“Mi propósito al concebir esta escultura fue hacerlo feliz a su regreso a la tierra”

Alberto Lescay Merencio

El pájaro constituye referente iconográfico recurrente en la obra del artista cubano Wifredo Lam. Sin embargo, el concepto que rige toda pieza relativa a ese símbolo no es la imagen del ave sino su espíritu, el aliento del vuelo. Captar esa esencia de su plástica es como intentar comprender el alma de ciertas cosas que también nos identifican como caribeños: la libertad en su sentido más amplio. El despliegue de las alas es un concepto universal de independencia y por qué no de conocimiento del mundo. Un mundo al cual Lam nunca le fue ajeno pero que solo revalidó en su jungla cubana o mejor, siguiendo las palabras de Pierre Mabille, en la manigua.

Vuelo (2004), es el primer homenaje que realizó el artista Alberto Lescay Merencio a Wifredo Lam y la primera obra a gran escala dedicada a dicho artista en Cuba, antesala de Vuelo Lam del 2009. Erigida en la plaza Lam de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) en la Habana, la obra de 6 metros de altura es de las pocas realizadas en acero por Lescay. La imagen de un pájaro en pleno vuelo, rasante y fugas, se alza sobre una figura esférica que nace del suelo como si sobrevolara el planeta tierra o la luna llena. El espectáculo lo completan las incrustaciones de piedras semipreciosas procedentes del santuario de El Cobre como alegato de regocijo por nuestra herencia cultural o “como elementos metafóricos que aluden a cargas rituales, ofrendas o catalizadores” (Rodríguez, 2014).

 Un quinquenio más tarde volvemos al espíritu creador de Wifredo Lam en Vuelo Lam (2009), de 7 metros de alto. El interés colectivo por tener un sitio único que estuviese a la altura de tal referente de la plástica caribeña impulsó la idea de recaudar fondos para la concreción del proyecto escultórico. Se convocaron artistas que fueran admiradores y amigos de Lam para que donaran obras de su autoría. Alrededor de 44 importantes creadores concedieron 51 obras para tamaña empresa. Alberto Lescay cedió además sus derechos de autor y el Ing. Fernando Yero los de realización de la escultura. Con esa acción la Fundación Caguayo conformó una colección de arte cubano, la cual se comercializó a través de Caguayo S.A y así se consiguió una suma de 50.000 dólares para financiar el proyecto. Emplazada en un capitalino parque del Vedado, la obra fundida en bronce por el taller de Caguayo, se inauguró en el marco de la X Bienal de la Habana. Constituyó una ocasión especial para el arte cubano al desarrollarse in situ un espectáculo artístico. La ópera prima del tema Vuelo, realizado especialmente para la ocasión por Alberto Lescay Castellanos y la interpretación de la obra coreográfica “Dúo a Lam” del otrora Premio Nacional de Danza Eduardo Rivero WalKer quien la estrenara frente al pintor cuando aún ejercía como bailarín, fueron el colofón de la inauguración. Luego de 27 años del fallecimiento del más universal de los pintores cubanos se alcanzó, a manos del maestro Lescay, un merecido homenaje.

En este hombre desnudo transmutado en pájaro se aprecia un enlace o herencia lamiana que es como hablar de una herencia caribeña, la del mestizaje étnico y cultural. Pudo Lescay rescatar otros elementos referentes a la plástica de Lam como las conexiones existentes entre “mujer caballo” y el icono constante de las “caballas” medulares en su obra o las caras de luna, muestra de los sueños en el artista de la Jungla y que en la pintura de Lescay se alienan a la media luna, única, irrepetible y propia de la vida espiritual del artista. Empero prefirió captar la esencia de aquello que rige la obra artística de Lam, lo que llamaríamos el elan vital: su vuelo. Un elemento que, con otras características, también estuvo palpable en la plástica de Lescay desde la década de los 80, cuando se acercó de manera consciente y crítica a la herencia afrocaribeña y al vodú. Ese vuelo en palabras del poeta Desquirón Oliva viaja “de África a un espacio otro” (Caribe).

La escultura es raigalmente expresionista sin rémoras a caer en matices metodológicos de carácter académico. La técnica a la arena posibilitó esa riqueza en cuanto a texturas y matices expresivos que muestran el alcance del oficio logrado por el artista. El bronce parece vibrar y armoniza con el espacio urbano. En la imponente obra que alza sus alas en viaje rasante encontramos el signo palpitante de los pájaros de Lam. Esos que salían de cualquier escondite en fuga voraz o que posaban estéticamente tratados como símbolo. Aquellos que habitaban en su cabeza y que eran parte de sí mismo, como fue capaz de expresar. La pieza de Alberto Lescay se inserta dentro de una línea escultórica ya reconocida en Cuba, la que aboga por un arte de vanguardia, una renovación formal-conceptual de la obra escultórica conmemorativa con el fin de romper con la concepción tradicional y convencional del monumento (Pereira, 2010).

Pero la obra también aborda la virilidad, sensualidad y pansexualidad tácita en el mundo natural y animal de los dos artistas. De ahí que no sea de extrañar que el vuelo lleve por corona la cabeza: la de Lam o la de sus eleguas, no importa la parte sino el todo. El conjunto se yergue desde el centro de la tierra, recibiendo la armonía de los árboles que lo rodean como ave que vuela ágilmente y al mismo tiempo es admirada por todos.  Ese es el espíritu que caracterizó a Lam, el vuelo lo hizo universal pero nunca dejó de anclar sus pies al suelo que lo vio nacer. Por eso su manigua se convierte en selva y su pájaro en vuelo.

A 13 años de su emplazamiento, en la obra se resalta un aspecto a través del cual se expresan los aportes reconocidos en una parte significativa de la producción monumental en Cuba y que “radica en el nivel de relaciones que establece la obra conmemorativa con el sistema de valores culturales de su tiempo” (Pereira, 2010). Por eso no es de extrañar que fuese el pintor santiaguero, heredero de la savia lamiana desde su pertenencia al Grupo Antillano hasta hoy, quien descifrara tales símbolos. La investigadora Mariela Rodríguez Joa acierta al declarar que “cuando un hombre erige un monumento, construye su propia historia”, precisamente eso es lo que nos ha legado Lescay, dos mundos y una leyenda en bronce.

José Antonio Aponte está de regreso. Junto a sus compañeros de lucha, los que conspiraron contra el poder colonial, por la emancipación de los esclavos, por la dignidad humana. Nadie dirá «más malo que Aponte» para denigrar a un negro, una negra, un mulato, una mulata, un blanco, una blanca en nuestro país. Habrá que decir: igual o mejor que Aponte cuando conquistemos, como Nicolás Guillén avizoró en su momento, el color cubano que debe distinguirnos y estamos en la obligación de fraguar y defender.
 
José Martí, con su mirada agudísima sobre todo lo que significara rebeldía en suelo cubano, había dejado constancia de su inquietud en uno de sus cuadernos de apuntes: «¿Qué se sabía del negro conspirador Aponte, muerto en 1812, con ocho de sus compañeros? Vivía en la calle de Jesús Peregrino».

Aponte comenzó a regresar con la Revolución Cubana, que asestó un golpe demoledor al racismo y la discriminación heredados de la colonia y reproducidos en las primeras seis décadas republicanas, y reivindicó los aportes de los negros esclavizados y sus descendientes en las luchas libertarias y la cultura nacional.

Mas era necesario, y todavía lo es, que Aponte penetrara en el imaginario popular que nutre nuestra épica cotidiana, nuestros afanes de justicia, nuestra ética ciudadana. Como también era necesario, y hoy más que nunca lo es, anular las brechas de equidad que persisten derivadas por el color de la piel mediante políticas públicas específicas y, sobre todo, desmontar las barreras subjetivas que gravitan en torno a manifestaciones, actitudes y prejuicios que menoscaban la condición humana.

En el VI Congreso de la Uneac en 1998, Fidel Castro abordó el tema y fue a la raíz. Tras un fecundo debate con escritores y artistas presentes en el foro, llamó a un examen de conciencia a fondo sobre la persistencia y reproducción del fenómeno y, más aún, a dar pasos concretos que favorecieran su definitiva erradicación.

La Uneac se pronunció y trabajó en esa dirección durante la primera década de este siglo y luego del VII Congreso, al reestructurar las estrategias transversales orientadas a la proyección social de la organización creó, por iniciativa del poeta Miguel Barnet, la Comisión José Antonio Aponte contra el racismo y la discriminación racial y por la promoción del legado africano. El primer presidente de ese grupo, el diplomático y africanista Heriberto Feraudy, propuso con su denominación honrar al pintor, ebanista, conspirador y combatiente que lideró la rebelión de 1812.

Desde la Uneac, en sus intercambios con el Ministerio de Educación, se insistió en colocar la gesta apontiana en el lugar que merece en los contenidos de enseñanza de la Historia. Desde la Uneac se promovió, desde entonces, el estudio y divulgación de los acontecimientos vinculados al levantamiento. Junto al programa La Ruta del Esclavo, en Camagüey, se viene realizando con periodicidad anual un encuentro académico que ilumina la herencia africana en el magma cultural de la Isla.

El Aponte que abrazamos entre nosotros es aquel que, como ha dicho la doctora camagüeyana Kezia Henry Knight, nos enseñó a pensar con cabeza propia y sentido de la justicia. Al ser sometido a juicio sumarísimo por sus captores, «taladró profundo en las concepciones ideológicas de sus oidores, puso en tensión a la ciencia del momento que sistematizó la invalidez mental del negro, se paró en la brecha de la exclusión y explotación social y en la encrucijada de la no historia del hombre traído de África».

Es el Aponte cuyo regreso está siendo fundido en bronce a esta misma hora por el escultor Alberto Lescay Merencio, en el taller de la Fundación Caguayo, en el oriente de la Isla. El jueves asistimos a la colocación de la primera piedra del monumento en el litoral norte de la provincia de Mayabeque.

Es el Aponte que el artista René Negrín, desde hace años, sueña con instalar en una plaza habanera para que las generaciones de hoy y de mañana cuenten, con un lugar que recuerde la dimensión simbólica del héroe.

Pero, sobre todo, es el Aponte que nos alienta y acompaña en la implementación del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial que encabeza el Primer Secretario del Partido y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y en el que estamos implicados organismos estatales, organizaciones sociales y el movimiento de activistas antirracistas.

Con acciones consecuentes nos proponemos erradicar las condiciones que generan brechas de equidad y discriminación racial asociadas al color de la piel, que colocan a las poblaciones negras y mulatas en Cuba en situación de desventaja y vulnerabilidad con relación al acceso al bienestar, mejorar la situación socioeconómica de los grupos poblacionales negros y mulatos en relación con la calidad del empleo, el nivel de ingresos, los logros educacionales, la vivienda y el hábitat, la salud y el acceso a espacios de dirección, y eliminar toda práctica discriminatoria por el color de la piel en diferentes ámbitos y planos –institucionales, interpersonales, comunicacionales–, así como los prejuicios y estereotipos racializados.

A 210 años de su asesinato, Aponte regresa para nunca más partir.

Por: Prensa Latina

Entre sus manos germinan las más grandiosas creaciones, un caudal de conocimientos y talento recorre hoy el cuerpo de Alberto Lescay hasta transformar los sueños, historias y figuras en esculturas, grabados, pinturas y dibujos.

Con un catálogo de más de 70 exposiciones personales y cifras similares de muestras colectivas a lo largo de casi cinco décadas, Lescay constituye un impulso para la cultura de la mayor de las Antillas y el Caribe, en especial por su obra escultórica de un carácter monumental.

Distinguido este martes con el Premio Nacional de Artes Plásticas 2021, el grabador confesó su conmoción por este reconocimiento, que enaltece su trayectoria y a la vez deviene punto de partida para continuar con su labor.

“Cuba es una fortaleza de las artes visuales a nivel mundial por lo tanto considero sumamente difícil a los jurados a la hora de decidir otorgar una distinción de este tipo”, apuntó el artista, merecedor del lauro entre 32 propuestas evaluadas.

En exclusiva a Prensa Latina, Lescay manifestó su constante interés por estimular al público, fuera de escenarios especializados, en aras de mantener el diálogo con las piezas porque “son para ellos, las obras intervienen en espacios que no son míos y se trata de conocer la intercambio que puede existir entre los públicos”.

Durante la ceremonia el poeta Rafael Acosta de Arriba elogió su capacidad para “dotar la escultura de una particular dimensión colectiva”, así como su particular visión para exaltar la cultura de la isla e insertar en el contexto regional temas estrechamente vinculados a la historia de Cuba, en fiel representación de la nacionalidad, rebeldía y esperanza.

“Entendí, a tiempo, que reflejar las expresiones creativas de la nación caribeña era una responsabilidad que debía asumir por eso me preparé mucho estudiando, de hecho más de lo habitual, durante casi 16 años”, recordó el también portador de la distinción por la Cultura Nacional.

Su formación profesional incluye los títulos de enseñanza artística en la especialidad de pintura en 1968, de Escultura en la Escuela Nacional de Arte (1973) y el de Maestro en Arte en la Academia Repin de Escultura, Arquitectura, Pintura y Gráfica de San Petersburgo (1979).

Igualmente, Lescay recordó el apoyo y confianza recibido por parte del gobierno desde sus años de preparación hasta la actualidad, en especial con el desarrollo de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, fundada hace 25 años.

El proyecto “estimula la integración entre las escuelas de arte, diseño y arquitectura, como un punto de encuentro donde convergen espacios teóricos y la producción”, y cuenta con un grupo dinámico que ha propiciado la búsqueda de soluciones creativas en instituciones cubanas y la instalación de piezas monumentales en diversas ciudades de la isla.

Con 71 años de edad, Lescay ha desarrollado la mayor parte de su labor en la oriental provincia de Santiago de Cuba, -su tierra natal-, en tanto rubricó su firma en obras como el complejo arquitectónico Plaza de la Revolución Antonio Maceo, el monumento al Cimarrón y el inspirado en la Madre de la Patria Mariana Grajales, entre otros.

Entre su catálogo sobresalen también esculturas en pequeño formato y series pictóricas que han sido expuestas en prestigiosas galerías y museos de Cuba y otros países como México, Estados Unidos, Canadá, Venezuela, República Dominicana, Alemania, Jamaica, Brasil y Rusia.

Al mismo tiempo destaca su obra pictórica y de dibujo, según señaló Acosta de Arriba, quien enalteció su “sustancia absstracta en la que se conjugan visceralmente una simbología oscura e impresionista con fuerte presencia del rojo sanguinolento así como el impulso de bruscos trazos que revelan las profundas conexiones de lo étnico, religioso y cultural”.

Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos, Lescay engrosa, con este galardón, la lista de lauros recibidos por su obra, entre los cuales figura, además, la Distinción por la Cultura Nacional.

Considerado como uno de los más prolíficos creadores de las artes visuales en la nación caribeña, Lescay respira aire pero exhala arte en cada bocanada, y así será por el tiempo que le reste de vida, el cual espera que sea largo para continuar sembrando cubanía en cada pieza tocada por su magia.

Por: Prensa Latina

Tras casi medio siglo dedicado al mundo de las formas monumentales, pinceles y colores, Alberto Lescay recibió hoy el Premio Nacional de Artes Plásticas 2021, un lauro que enaltece su prolífica trayectoria marcada por la historia y la identidad cubanas.

El escultor, grabador, pintor y dibujantde recibió la distinción de manos del ministro de cultura de Cuba, Alpidio Alonso; y la presidenta del Consejo Nacional Artes Plásticas, Norma Rodríguez, en una ceremonia presidida por la viceministra de la nación caribeña Inés María Chapman y autoridades de la escena creativa y política del país.

La cita celebrada en el Museo Nacional de Bellas Artes marcó el inicio de un ciclo de homenajes que se extenderá hasta finales de este año, cuando el creador organizará una muestra personal en esa misma institución.

Durante el encuentro se dio a conocer el dictamen del jurado, que eligió al creador entre 32 propuestas por sus «valores como escultor», su capacidad de integrar orgánicamente sus piezas en espacios públicos y «representar lo mejor de nuestra nacionalidad».

En las palabras de elogio, el intelectual Rafael Acosta destacó el recorrido protagonizado por Lescay, su dedicación a los estudios para alcanzar un alto nivel de profesionalización y su estrecha relación con los símbolos, personajes y acontecimientos de Cuba.

Por su parte, Lescay agradeció esta distinción, que aunque escapa de sus propósitos conoció no su espíritu y marca el rumbo para continuar creando, al tiempo que recibió el agasajo de instituciones culturales, músicos, artistas, amigos y familia.

Con 71 años de edad, Lescay ha desarrollado la mayor parte de su labor en la oriental provincia de Santiago de Cuba, -su tierra natal-, en tanto rubricó su firma en obras como el complejo arquitectónico Plaza de la Revolución Antonio Maceo, el monumento al Cimarrón y el inspirado en la Madre de la Patria Mariana Grajales, entre otros.

Entre su catálogo sobresalen también esculturas en pequeño formato y series pictóricas que han sido expuestas en prestigiosas galerías y museos de Cuba y otros países como México, Estados Unidos, Canadá, Venezuela, República Dominicana, Alemania, Jamaica, Brasil y Rusia.

Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos, Lescay engrosa, con este galardón, la lista de lauros recibidos por su obra, entre los cuales figura, además, la Distinción por la Cultura Nacional.

Considerado como uno de los más prolíficos creadores de las artes visuales en la nación caribeña, Lescay posee una obra estrechamente ligada a la historia y la cultura cubanas, al evocar momento o personajes emblemáticos del país.

En ese sentido, destaca su intenso trabajo al frente de la Fundación Caguayo, la cual impulsa la creación colectiva desde varias ciudades del país, a través de la instalación de esculturas monumentales o ambientales, de corte histórico.

Por: Maria del Carmen Tamayo Asef

Al hablar de convergencias podría parecer que el tema principal está dictado por la casualidad. Ciertamente, en la vida lo imprevisto a menudo resulta en afortunados efectos. No obstante, para esta circunstancia poco ha tenido que ver el azar. La ocasión a la cual se hace referencia es una concomitancia memorable. Dos grandes artistas han sido convidados para, en semejante despliegue hacia Santiago de Cuba, permitir el deleite de una expresión artística que ha padecido mucho, pero sobrevive y con nutrida salud: la escultura.

Los artistas José Ramón Villa Soberón y Gabriel Cisneros Báez concurren a este encuentro para compartir sus creaciones de los últimos años de trabajo. En ellos el medio ha encontrado fieles defensores. Constituyen dos escultores natos, que aún siendo de distintas generaciones persiguen el mismo objetivo: enaltecer la manifestación.

Son dos apasionados de esta arista que durante un largo período los especialistas llamaron la cenicienta de las artes cubanas. De este debate me atrevo a agregar, aún le queda mucho camino por recorrer a la expresión en la consecución de un momento de esplendor, sin embargo, el crecimiento es innegable. Sobresale el hecho de que en las últimas décadas se ha expandido a diversos soportes, variantes y posee mayores espacios de visibilización, no como objeto agregado a otras manifestaciones sino como entidad viva.

De la unión de Villa y Cisneros muchos subtemas pudieran desmontarse. Entre ellos emerge el diálogo constante entre el maestro y el alumno, el mentor y su discípulo, una trama recurrente en el ámbito de las artes.

Se habla de Villa Soberón, Premio Nacional de Artes Plásticas del año 2008, uno de los escultores más importantes del arte cubano, sin temor a espesar demasiado las palabras. Por alrededor de cincuenta años ha creado obras para comunidades de todo el mundo. A través de sus piezas, el artista vuelve a concebir la escultura cívica y ambiental plasmando formas abstractas que realiza paralelamente a sus creaciones figurativas de carácter más histórico y conmemorativo.

Por otro lado, se encuentra Cisneros, un joven con una carrera en ascenso. Con mucho empeño se ha colocado en espacios certeros de la promoción de las artes de la isla y goza de no poco reconocimiento nacional e internacional. Su inquietante búsqueda le ha permitido hallar una fórmula exitosa para que convivan en sus piezas la figuración más academicista con una incisiva reflexión que le hace afianzar sus basamentos y significados conceptuales.

En esta muestra las obras de ambos artífices distan en semejanzas formales y estilísticas. Representan la otredad que les caracteriza. No obstante, en ella se adhieren imágenes de algunas de sus piezas figurativas que han realizado conjuntamente en los últimos años entre las que se encuentran la escultura a Alicia Alonso, Enriqueta Favez, Dante Alighieri y Eusebio Leal, recientemente develado.

Es importante resaltar que esta exposición tuvo su antecedente en el ámbito capitalino donde bajo el título de En la misma cuerda, ambos artistas establecieron una retroalimentación armónica. En Convergencia, una vez más, Villa seduce con sus volúmenes. Las texturas, las soluciones estéticas son extraordinarias. Sus obras Arpa, Cíclope, Rueda y Pensador del 2020 son alusiones corpóreas de elementos reales tratados como metáforas. Vigor, vivacidad, excelencia, belleza y gracia son algunos de los calificativos que pudieran describir las mismas.

Por otro lado, Cisneros acude con la reflexión. Las piezas El Salto, Zib y Cabezas de esfinge I y II subrayan que con recto juicio ejecuta la escultura.  La gracia del artista es palpable. De Cisneros se puede decir como Vasari de Miguel Ángel, “Por arte de mano y de ingenio hace disfrutar de soberbias representaciones”.

Esta ocasión remarca una vez más la intención del Sistema Caguayo de contribuir al desarrollo de la escultura cubana y el impulso de sus quijotes. La Galería René Valdés acoge este proyecto que hoy finalmente se concreta y será posesión del público cubano. Convergencia de Villa y Cisneros, dos grandes del arte de estos tiempos.

Por: Virginia Alberdi Benítez

La proclamación este martes de Alberto Lescay Merencio como merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas 2021 honró a un creador plenamente comprometido con el desarrollo y destino de la cultura cubana contemporánea, rasgos que se revelan al más alto nivel tanto en su obra escultórica como en la pintura.

Nacido en Santiago de Cuba en 1950, egresado sucesivamente de la academia local José Joaquín Tejada, de la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán y de la Academia Repin de Leningrado (San Petersburgo), es autor de piezas escultóricas que se inscriben en lo más notable de la monumentaria cubana y de América Latina y el Caribe, así como de una saga pictórica no figurativa de gestos sumamente expresivos.

A Lescay se deben la figura ecuestre de Antonio Maceo en la plaza que lleva el nombre del prócer en Santiago de Cuba; el Monumento al Cimarrón en lo alto de una montaña cercana al poblado santiaguero de El Cobre; Vuelo Lam, emplazado en un parque de El Vedado; el Monumento al Espíritu Guerrero, en Puerto Cabello, Venezuela; y la evocación a Mariana Grajales, en el cementerio Santa Ifigenia, entre otras notables realizaciones.

Al recibir la notificación del premio, concedido por un jurado integrado por Rafael Zarza, José Villa Soberón, Helmo Hernández y Jorge R. Bermúdez, el artista se hallaba inmerso en la ejecución del Monumento a José Antonio Aponte, que el próximo año se alzará en el litoral norte de la provincia de Mayabeque, cerca del sitio donde en 1812 tuvo lugar la primera insurrección anticolonialista y abolicionista de la historia patria.

Por: Daimí Ruiz Varela

Saber esperar sin desesperar es una cualidad humana que apunta a cultivar la sabiduría y la paciencia. De ahí que ante cualquier situación que nos conmine a detener, modificar o posponer nuestros proyectos de vida, siempre será más sabio elegir la actividad propositiva, la interrogante y la exploración de nuevas posibilidades para revertir dicha situación y superar el problema, sin quedar superados por la ansiedad o el pesimismo.

A la vez que vamos reparando en la rigurosa maestría de cada obra, es evidente la pasión y empeño que pone el creador por dominar las amplias posibilidades del dibujo que dicha técnica permite, pero no se conforma solo con ello. Hay una sana obsesión por obtener mucho más que una semejanza física con las figuras retratadas.

En una búsqueda de naturaleza casi antropológica, su ojo viaja más profundo, parece aproximarse en un vuelo invisible y escrutador para extraer hábitos, emociones, gestualidades, poses y expresiones típicas, que luego esgrafía entre  luces y sombras, como un excelente cincelador del espíritu humano.

Logra develar entonces, un corpus colectivo espiritual, compuesto por un centenar de imágenes donde afloran los más diversos acordes emocionales de la naturaleza humana, expresados con total dramatismo y transparencia, durante un período de tiempo pandémico, donde la vida en sociedad, tal cual la conocemos, se detuvo casi totalmente y se impuso la espera, la distancia y aislamiento como preámbulo condicionante a la continuidad y supervivencia.

Inmerso, también, en esa circunstancia del aguardo, el artista decide declarar un duelo perenne contra el encierro y la inercia, del cual logra salir ileso y enriquecido, y nos invita a seguirle. No sólo porque elige sabiamente reverenciar su tiempo y su vida en actitud creadora, sino también porque –y aquí destaco lo virtuoso de su elección– se propone, a través del lenguaje del arte, hilvanar entre sí, su familia y amistades, una suerte de canal virtual, conectivo-afectivo que rompe los límites impuestos por la distancia, para proveer de comunicación, del contacto social fraterno y alentar definitivamente a la perseverancia y al encuentro de los propósitos de la vida.

Resultado de ese vuelo exploratorio, retador y juicioso, artístico, profundamente humano y liberador que nos propone Alejandro Lescay, “LA ESPERA”, se convierte entonces, en una suerte de “álbum referencial de vida en tiempos de pandemia”, mediante el cual  su autor nos confirma que saber esperar es una cualidad humana que cohabita en empatía con la esperanza, y que aún en las circunstancias más extremas, asumirla en su acepción más consecuente, puede fortalecer nuestra capacidad de crear, amar, nuestra fe en la vida, sus esencias y valores más trascendentes.

Daimí Ruiz Varela.

La Habana-Camagüey, Diciembre 2021 

Por: Daimí Ruiz Varela

Ideas en formas, el primer concurso nacional de cerámica utilitaria, es una experiencia que  aúna  la gestión y misión de varias instituciones culturales cubanas: el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana, la Oficina del Historiador de la Habana y la Fundación Caguayo paras las Artes Monumentales y Aplicadas, en función de estimular puntualmente, desde la disciplina del diseño, el valor formal, conceptual y creativo de productos cerámicos, así como desarrollar la presencia de estos en el escenario nacional.

Siendo la cerámica, en su variedad de soportes matéricos,  una tradición acendrada en el país, el certamen también busca motivar en los creadores, el espíritu de renovación e ingenio que necesitan impregnar en las producciones de factura cubana, para conseguir ubicarse de manera atrayente y acertada, más cerca de la diversidad de gustos, preferencias y necesidades de la vida social.      

Con las miras colocadas en el diseño de piezas –acabadas  o en prototipos– pensadas  por hacedores cubanos residentes o no en el país, esta primera convocatoria, propuso movilizar la actividad creadora hacia el  desarrollo de productos con códigos autóctonos, sin desestimar el empleo de elementos innovadores y contemporáneos. Reafirmó, además, la necesidad cardinal de relacionar otros conceptos asociados a la creación y el diseño, tales como identidad cultural, creatividad, funcionalidad y valor estético, si se quiere evolucionar en la esencia vinculante de los productos con los receptores.

A  la vez, ha intentado aceitar algunos de los goznes o al menos explorar algunas de las posibilidades que modulan la importante relación e inserción del diseño con la industria, con el mercado y la sociedad. Ciclo de vital integración sistémica que debe articular –junto a los bienes y valores culturales de nuestra sociedad– el talento, los materiales, la tecnología, la factibilidad productiva y las necesidades humanas nacionales, para lograr completar y visibilizar la utilidad social del diseño en tanto calidad, bienestar, satisfacción de vida, e implementar procesos productivos en serie que reduzcan la distancia de esa declarada condicionante, aún pendiente de solucionar en Cuba: si no llega a las casas, el diseño es invisible.

En atractivas, originales y funcionales formas, las ideas que resultaron finalistas en este inédito certamen nacional –que  pretende mantenerse activo con frecuencia periódica– muestran una diversidad objetual con utilidades múltiples. Priman las piezas o conjuntos de piezas asociadas al espacio culinario: tostonera doble, tazones, vajillas para té, café y jugos, copas, botellas, bandejas y recipientes para el servicio gastronómico. También se  pueden apreciar objetos de uso más específico como frascos perfumadores y jarrones en diferentes variantes formales; y una propuesta de lozas decorativas destinada al enchape de espejos de agua u otros espacios semejantes.

Junto a la diversidad funcional y la riqueza figurativa, destacan también las acertadas propuestas en la identidad de los productos, que tipifican su posible denominación en el mercado,  algunas sencillas soluciones de embalaje personalizado, así como la característica de acoplamiento de ciertas piezas para facilitar su almacenaje y transportación.  En todo el proceso creativo es evidente la búsqueda conceptual realizada por los creadores, donde se aprecia la relación y exaltación de referentes con genuina cubanía. Las raíces aborígenes y caribeñas, la exuberancia y endemismo de nuestra flora y fauna, la tipicidad de platos y bebidas tradicionales de la región, las líneas y formas geométricas propias de diferentes estilos artísticos, son fuentes inspiradoras en la creación de estos curiosos ajuares utilitarios.

Así, el colorido vital de nuestros plátanos sirve de pretexto para colorear una original tostonera que permite elaborar el tostón relleno, además de su variante tradicional; un elegante menage de vasijas culinarias recrea la rusticidad de los cascarones de coco y la peculiaridad formal de las pencas de yaguas sugiere la bandeja que las sostiene; encontramos tazas que se inspiran en las espirales de nuestras polimitas o en la composición de un ramillete floral; la forma caprichosa de los corales nos sorprenden dando volumen a un set de jarrones multipropósito; el color terracota y la simplicidad formal de una vajilla para desayuno, nos invoca la herencia de la cultura taína; la tradicional botija cañera se renueva en singulares botellas para servir aguardiente de caña acompañadas de copas con reminiscencias renacentistas; y se juega con los motivos y formas geométricas ya sea para enriquecer detalles decorativos, o componer un conjunto de recipientes que adoptan infinidad de variantes en su disposición estético-funcional. 

Ideas en formas viaja por el país desde al pasado año, a través de una muestra expositiva itinerante como resultado del concurso homónimo. Sin dudas, esta primera cosecha de Ideas va dando resultados notables. Además de todo lo expresado, ha brindado la posibilidad a los públicos, no solo de apreciar las creaciones de factura nacional, sino también de despertar el gusto y declarar su marcado interés en adquirirlas para integrarlas a la vida cotidiana. Ideas… despierta, remueve y oxigena el intelecto, el talento y otros potenciales nacionales. Además, nos coloca en actitud propositiva y de renovación constante. Invita a la multiplicación de experiencias similares, frente a los complejos desafíos que debemos vencer como sociedad y país: con luces propias que perfuman la creación y aportan belleza y bienestar a nuestras vidas.

 

Camagüey, 22 de octubre 2021.

La exposición itinerante del 1er concurso nacional de cerámica utilitaria «Ideas en Formas», quedó inaugurada en la Galería Confluencias del sistema Caguayo en Camagüey, durante la mañana de este viernes 24 de septiembre, en el contexto del 26 aniversario de la Fundación Caguayo.

La apertura de tan especial muestra, coordinada por el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea, la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y la propia Fundación, trae consigo importantes motivaciones. No solo, para la impronta artística, promocional y sociocultural de Caguayo, junto a sus múltiples colaboradores; en este caso, también se reabren las puertas de este espacio galerístico recién restaurado; a la vez, que se prestigian la creación cerámica y el diseño, al exhibir los resultados de este concurso que busca estimular al talento nacional en la creación de productos de gran factura estética, de ideas conceptuales novedosas, con factibilidad para la reproducción industrial y su posible impacto en la comercialización.

Aún cuando, el jurado de admisión hizo una rigurosa selección en las piezas finalistas -de sesenta y tres proyectos enviados del país, seleccionaron catorce-, quienes visiten la expo podrán apreciar objetos con una amplia diversidad formal y de uso, e impregnados de cubanía. Los creadores encontraron ricas motivaciones en las figuraciones y cromatismos de la flora y fauna cubanas, en la cultura aborigen y caribeña, en las líneas de nuestra arquitectura, entre otras. Se otorgaron cinco menciones y un PREMIO ÚNICO a la pieza «Tostonera» del Proyecto Medio Punto, de los autores Adrián García Álvarez, Sandra Quintana Echemendía y Arantxa Sánchez Puentes, de La Habana.

A la inauguración asistieron dos de los artistas finalistas de la ciudad de Camagüey, Nelson Miranda Varona y Rolando García Beirán, periodistas de varios medios de difusión y trabajadores del colectivo sede. El momento fue propicio además, para entregar el Premio Colateral FUNDACIÓN CAGUAYO, otorgado en el recién concluido Salón de Artes Visuales Fidelio Ponce de León en Camagüey, al artista Alejandro Rodríguez Leyva «Alejo», por su obra fotográfica «El Tejano». El mismo recibió la obra de arte «Pareidolia», del destacado artista de las artes visuales cubanas Carlos René Aguilera Tamayo.

La muestra «Ideas en Formas», estará expuesta hasta finales de diciembre 2021. En la medida que las condiciones epidemiológicas lo permitan desarrollaremos varias acciones que posibiliten el intercambio presencial con los públicos. Mientras, continuaremos promoviendo por las vías virtuales y mediáticas, más detalles sobre este concurso que abre un camino para la autenticidad del arte cerámico con ideas y formas que dan luz a Cuba.

Poster de la exposición Paisajes de la memoria. Colección Caguayo 1995-2021

Hace ya más de un cuarto de siglo, un cuarto y un año para ser precisos, el Sistema Caguayo fue creado como alternativa para asistir al desarrollo de una arista de la cultura cubana: las artes monumentales y aplicadas. Como entidad no gubernamental, pública y sin fines de lucro, luego de afianzarse en las acciones que le fueron delegadas a través del Taller Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas y su valiosa gestión para la creación de proyectos escultóricos en el ámbito nacional e internacional continuó desarrollando sus líneas de acción para apoyar la promoción del arte de la nación.

Paisaje José Loreto Horruitiner Óleo/Lienzo, 1978 147cm x 208cm

La Fundación Caguayo colabora enérgicamente en la salvaguarda y protección del patrimonio histórico, así como en el impulso de la creación artística y su difusión. Gracias a la preocupación de su principal gestor, Alberto Lescay Merencio y otros actores que la integran, se constata que el arte es un recurso valioso para el pueblo y debe ser atesorado. Las diversas expresiones culturales que se generan cuentan con el apoyo de Caguayo, siempre y cuando constituyan propuestas que mantengan en alto la identidad cultural cubana. La máxima durante veintiséis años de trabajo ha sido: preservar la cultura para salvar la nación.

De acuerdo con la Convención de la Unesco de 1972, citado en el volumen Documentos Fundamentales para el Patrimonio Cultural. Textos internacionales para su recuperación, repatriación, conservación, protección y difusión del Instituto Nacional de Cultura, el Patrimonio Cultural: “(…) se compone de aquello que a lo largo de la historia han creado los hombres de una nación, y que, en el momento presente, seguimos creando los que vivimos en la actualidad” (2007, pág. 11). Por tanto, se ha definido que: “(…) el Patrimonio Cultural lo conforman aquellos elementos sobre los que se construye o define una identidad y que esta es en realidad, la consecuencia del conocimiento, respeto, estudio y custodia de dicho patrimonio” (2007, pág. 11).

Paisaje Ismael Espinosa Ferrer Óleo/Lienzo 104cm x 130cm

¿Y, por qué se hace preciso recordar tales argumentos? Pues, es necesario abordarlos para llegar a la esencia de una acción curatorial que se realiza con la misión de exteriorizar y compartir con el público la labor que durante años lleva a cabo la Fundación Caguayo como procuradora en la ejecución de diligencias legales para erigir una valiosa colección de arte cubano. Como en un giro temporal al pasado se revela esta compilación para recalcar la importancia social que posee esta práctica, la cual permite que se cuente con fuentes primarias para la construcción del relato artístico del arte cubano contemporáneo.

Asistir a contar la historia es la idea. Si bien, “(…) es la sociedad la que, a manera de agente activo, configura su patrimonio cultural al establecer e identificar aquellos elementos que desea valorar y que asume como propios, y los que, de manera natural se van convirtiendo en el referente de la identidad” (2007, pág. 11). Asimismo, son las instituciones, las que deben tener dentro de sus objetivos principales, asegurar la preservación de los bienes patrimoniales. Por suerte, El Sistema Caguayo entendió esto prontamente, lo cual es la principal condicionante para el deleite que propicia hoy contar con tan extensa colección de arte.

Es así que, estimular el interés por el coleccionismo es una de las prioritarias aspiraciones de esta exposición, principalmente del Coleccionismo institucional público, una de las tantas variantes que tiene la pronunciada práctica. Al ver la cuantiosa recopilación, se pueden suscitar apreciables formulaciones futuras. Este es el camino. No hay otro. Hay que generar estrategias que permitan componer otras colecciones semejantes, aunque es importante nombrar que existen en Cuba otras experiencias afines que tienen como mecenas a instituciones de similar naturaleza como la Fundación Antonio Núñez Jiménez o la Fundación Ludwig de Cuba, entre otras, así como actores naturales y externos que llevan a cabo este ejercicio en el territorio nacional. Es la única manera de salvar el arte, de apuntalar la historia. Al mismo tiempo, componer una antología como la que hoy se observa es una fuente de vida para los movimientos artísticos y sus representantes. Su legado se mantiene vivo, latente y seguro.

La Diosa Antillana Roberto Diago Óleo/Lienzo 70cm x 95cm

En la Galería René Valdés se ven por primera vez reunidas, una selección de 25 obras de un amplio universo que abriga pintura, grabado, dibujo y escultura. Reconstruye instantes de la historia de las artes plásticas cubanas. Con ella se indaga en los artistas, tendencias y movimientos culturales suscitados a través de los años. Es accesible, como tal, de forma inmediata a la vista y a la fantasía de cualquiera. Esa es la magia de erigir una colección como esta. Todo el que desee participar de ella, tendrá acceso a la misma en el futuro. Quien anhele respirar la historia, vivir una pincelada, experimentar un sueño ajeno desde la atemporalidad que posee una obra bien conservada debe acercarse.

Asisten al convite los maestros del arte cubano Antonia Eiriz, Roberto Diago, el poeta Fayad Jamís, Daniel Serra Badué, Ferrer Cabello, Miguel Ángel Botalín, Lincoln Camué, José Loreto Horruitiner, José Julián Aguilera Vicente, Pedro Arrate, Ismael Espinosa Ferrer y Lawrence Zúñiga. Especial homenaje se rinde con esta muestra al escultor René Valdés en el aniversario 105 de su natalicio que coincide en fecha con la creación del Sistema Caguayo. Sus discípulos también están presentes, Alberto Lescay Merencio y Guarionex Ferrer, continuadores de su legado. Igualmente, se exhiben piezas de los Premios Nacionales de Artes Plásticas Manuel Mendive, Nelson Domíguez, y Eduardo Roca Salazar (Choco), así como, otros artistas de reconocido prestigio internacional entre los que figuran Melvin Edwards, los escultores Marcos Flierl y Enrique Angulo, sin olvidar la representación femenina contemporánea con Julia Valdés.

Es importante señalar que la colección sobre la cual se aborda hoy ha sido parte del desarrollo progresivo de la institución. No ha existido fórmula para erigirla, ha crecido espontánea, camaleónica como la vida, como el caguayo. Solo está el deseo, la motivación, de mantener vigente la tradición.

El Sistema Caguayo hoy arriba a un año más de vida. Completa un ciclo más, esta vez en el panorama de las circunstancias actuales pero que no frenan finalmente su ímpetu para apoyar el desarrollo cultural. Dentro de sus posibilidades, Caguayo, así como el reptil que lo representa, se adapta a los diversos contextos y continuará velando por el fortalecimiento del entramado nacional. El coleccionismo institucional es una de las tantas aristas que pueden ser desarrolladas para salvar la memoria común. Solo la voluntad hace el camino.

Otra triste pérdida para la nación cubana. Un hijo ilustre parte hoy. Ese hombre que ha sido pieza elemental en la configuración del ser cubano dice adiós a su pueblo. El maestro Adalberto Álvarez Zayas, compositor, arreglista, pianista y director de orquesta, ganador del Premio Nacional de Música en 2008, ha fallecido. La isla pierde a uno de sus más grandes músicos: El Caballero del son. El dolor es muy grande, la música popular cubana pierde a uno de sus más genuinos exponentes y el pueblo a uno de los artistas más queridos y respetados.

Tras conocer la noticia, muy grande ha sido el dolor de Alberto Lescay Merencio, quien lo conoció desde edades tempranas en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Lescay ha dedicado estas palabras para rememorar importantes momentos de la amistad que compartiera con el querido artista.

Foto tomada del sitio web Adalberto Álvarez y su Son

La Escuela Nacional de Arte (ENA) es un hecho que está en el centro de la cultura cubana revolucionaria. Posibilitó la inserción, por su concepción, de talentos de todas partes del país muy bien seleccionados, durante un proceso muy profesional y de mucha exigencia. Fue definitorio para dotar a los jóvenes de herramientas que hicieran afianzar sus habilidades. Eso funcionó muy bien tanto para la música como para las artes visuales, como para las artes escénicas. Yo tuve la suerte y el honor de haber vivido parte de esa experiencia. 

Una de las cosas más interesantes que se vivían y se aprendían allí fue que la cultura era algo muy grande y que el artista también era algo muy grande. El hecho de interactuar con diferentes especialidades, un escultor con un violinista, o con un fagotista, que era la especialidad de Adalberto, tener la posibilidad de convivir en diferentes espacios, fue algo especial.

Compartimos mucho tiempo. Allí nos hicimos amigos. Recuerdo nuestro uniforme carmelita, que Adalberto siempre llevaba muy bien planchado. Fue un hombre impecable y muy conversador. Coincidimos en el aula con Alina Neira, La magnífica chelista cubana que era muy bella y era imaginariamente como la novia de todos, la reina del aula, hasta que apareció Frank Fernández y nos la robó. Se enamoró de ella y se convirtió en su esposo. Hasta el amor se cultivaba en un lugar como ese. Allí también, en esa aula teníamos a Ele Valdés, nuestra genial vocalista, así como otras figuras como Joaquín Betancourt.

Recuerdo a Adalberto como un innovador, un transgresor.  Fue un hombre que logró con su talento y su inteligencia insertar al son en ese espacio, en un momento en que no se podía hablar de eso. El criterio era que la música popular era otra cosa. El concibió que la música cubana tenía que estar también dentro de los estudios de la ENA y no solo con palabras sino con hechos. Organizó grandes eventos con sus amigos, entre los que se encontraban José Luis Cortés (El Tosco) y Joaquín Betancourt. Introdujeron una orquesta típica.

Adalberto fue capaz de llevar a las grandes orquestas soneras a la ENA y nos hizo bailar a todos en los diversos salones. O sea, que la vocación de Adalberto hacia el son siempre estuvo presente. Su entrega absoluta a lo que él consideraba uno de los horcones fundamentales de la cultura cubana, que era la música y, específicamente, el son, lo acompañó perennemente y lo defendió hasta sus últimos momentos. Luego el vino para Santiago de Cuba, porque él sabía que aquí había un ambiente esencial para cultivar el verdadero son y es cuando se funda Son 14, la legendaria orquesta. Allí tuvo su punto de partida.

Por alguna razón hubo un grupo de amigos que teníamos una gran empatía. Éramos una especie de clan y ambos formábamos parte de ese grupo.  Teníamos un juego entre nosotros donde nos disputábamos el saludo. Era algo muy simpático, a veces uno se escondía para sorprender al otro y decirle no me saludaste hoy, de ahí surgió una frase “estás cogido”.  Eso empezó muy sencillo y terminó siendo una cacería entre los amigos casi diariamente. Era un juego muy lindo.

Adalberto me hizo bailar la última vez que vino a Santiago de Cuba en el anfiteatro Mariana Grajales. Allí me volvió a sorprender, cuando me vio me dijo –estás cogido– cómo me decía siempre cuando éramos estudiantes y luego cuando él estaba en el escenario cantando yo también lo sorprendí a él, lo hice reír. No olvidaré nunca su sonrisa aquel día. Como tampoco olvidaré el dolor en las rodillas que me provocó estar toda la noche bailando y que me duró mucho tiempo.

A Adalberto la única vez que lo vi verdaderamente incómodo fue cuando de una manera abrupta se decidió que se suspendieran los Festivales del Son. Hasta lloró, sufrió mucho aquello. Creía, como muchos, pero él sobre todo, que el son es esencia de lo cubano. Él estaba convencido de que uno de los pocos pueblos del mundo que baila y canta su música es Cuba y que el eje estructurado de esa necesidad de cantar y bailar nuestra música es garantizado por el son que ha dado lugar a otros subgéneros. Por eso, alguien le llamó “El Caballero del son” porque era su vida .

La última vez que hablé con Adalberto fue por teléfono, el día del cumpleaños de  Frank Fernández. Frank me dijo espérate que hay alguien que te quiere saludar y cuando me lo puso al teléfono me dijo: estás cogido. Era una amistad muy linda. Ahora sí estoy cogido de verdad, porque se me fue un hermano. Adalberto era el son. Era muy noble y consagrado. Dedicó toda su vida a defender ese pedazo tan importante de nuestra identidad. No podrá olvidarse nunca su música y su trabajo. Y tenemos que trabajar mucho para que nunca sea olvidado.

Cuando llegó a su primera lección en la Academia José Joaquín Tejada, debió tomar un pedazo de barro. Fango, se dijo. Un niño nacido en la loma más alta de una finca plantada en Peladero, cerca del Central Baltony, Oriente adentro, sabe bien lo que es. Miró con pena hacia la camisa blanca, la camisa impoluta que llevaba con las iniciales de su nombre bordadas por Esmérida, su madre. Modeló un pez, mas no era aquello lo que se pedía; sino una hoja. Tuvo que andar ágil para enmendarlo.

Ese espíritu de perpetuo aprendizaje, de fragua entre la técnica y la creación, de puja por crecer, será su brújula.

En 1968, año de tantas fundaciones, Alberto Lescay Merencio emerge como graduado de la enseñanza artística, especialidad Pintura. Curiosamente, el diseño sería su bautismo. Es uno de los pioneros del diseño escenográfico en el canal Tele Rebelde, una aventura fundada en Santiago de Cuba a capa y espada. Luego vendría el Taller de Diseño, su encuentro con el maestro Pedro Arrate, la cartelística de una época efervescente de movilizaciones, de grandes visitas y acontecimientos.

Las notas sobrevuelan los comienzos, más aquella disciplina desconocida hasta entonces, el trabajo en equipo, las fotografías y las maquetas, todo anda prendido a sus recuerdos como un collage.

“Prepárate, Santiago espera mucho de ti”, le dijo un día, en el propio Taller, el profesor Miguel Ángel Botalín. Lo llamó aparte, le echó el brazo y, al modo de un augur, soltó la premonición. Ahora que visito el estudio de Alberto Lescay, que me rodea toda la mística y la energía de sus piezas; ahora que evoca este pasaje, que anda hurgando en la memoria, sus ojos cobran un matiz desconocido…

A veces hay que mirar hasta el cielo

Alberto Lescay Merencio no quería dejar de estudiar, no podía. Pronto resolvió la dicotomía entre las especialidades de pintura o escultura que le planteaba cada escuela. Los creadores no tienen límites. Por eso sumó a su trayectoria los títulos de Escultura en la Escuela Nacional de Arte (1973) y el de Maestro en Arte en la Academia Repin de Escultura, Arquitectura, Pintura y Gráfica de San Petersburgo (entonces Leningrado) en 1979. Y volvió a su suelo, a fundar, a servir. Espacios como la Columna Juvenil de Escritores y Artistas de Oriente, la entonces Brigada Hermanos Saíz y aquel emporio que fuese el Taller Cultural, hablan de ello.

Entre sus piezas emplazadas —en Cuba y más allá—, sobresale el Monumento a Antonio Maceo, en la Plaza homónima, a la entrada de Santiago de Cuba, parte ya de la memoria visual de la ciudad. La dimensión de esta obra exigió la construcción de un Taller de Fundición que hizo posible a posteriori el sueño de muchos escultores cubanos. Dieciséis metros de bronce y también de paciencia, de voluntad, de diseño. Ese fue el pilar, la inspiración para el surgimiento en 1995 de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas.

“Toda sociedad que aspire a crecer, necesita del arte público. Una obra pública pertenece a muchas personas durante muchas generaciones, por eso el diseño es el eje para lograr un resultado eficaz. Todo el mundo tiene necesidad de la espiritualidad, de algo que lo inquiete, que lo motive; de registrarse a sí mismo para entender a lo que se enfrenta”, apunta el maestro.

“Tú trabajas sobre algo que no existe, escoges un lugar determinado con elementos que pueden ser de la naturaleza o hechos por el hombre; pero tú vas a diseñar en ese espacio algo nuevo y todo tiene que conjugarse con armonía. El gran reto de la escultura pública, del arte público, es asumir un supradiseño, incorporar el paisaje, el contexto, todo aquello que va a incidir en la apreciación de la obra. Es un pensamiento macro, pudiéramos decir que un pensamiento cósmico. A veces tienes que mirar hasta el cielo”…

El título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba y otras altas condecoraciones fueron colocados en el pecho de hombres y mujeres con una vida consagrada a la Patria, en acto solemne, encabezado por el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Jefe de Estado, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Alberto Lescay Merencio. 2010. De la serie Nganga

«El ejemplo de ustedes adquiere una significación especial; esa es la respuesta de los trabajadores, obreros y profesionales cubanos: luchar, pensar y trabajar como país, para contribuir decididamente a dar continuidad a esta hermosa obra revolucionaria», dijo, en las palabras de fundamentación, José Antonio Pérez Pérez, miembro del Secretariado Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

A propuesta del Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Secretario General de la CTC, el mandatario dictó el Decreto Presidencial 237, que otorga el Título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba a 13 compañeros. A uno de ellos se le entregó de manera póstuma, al vicealmirante Julio César Gandarilla, exministro del Interior. Recibió el título, de manos de Díaz-Canel, su esposa Minerva Sarmiento.

Fueron galardonados 12 trabajadores con la Orden Lázaro Peña de Primer Grado, de diferentes sindicatos y territorios; en tanto, con la Orden Lázaro Peña de Tercer Grado distinguieron a cuatro exdirigentes sindicales y, con la Medalla Hazaña Laboral, a seis trabajadores de la Salud y de la Ciencia, integrantes del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve.

Acompañaron a los homenajeados, los miembros del Buró Político del Partido Manuel Marrero Cruz, primer ministro; Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización y Política de Cuadros del Partido, y los ministros de las far y del Interior, el general de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, y el general de brigada Lázaro Alberto Álvarez, así como Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la CTC, entre otros…

Por: Maria del Carmen Tamayo Asef

Códigos, esquemas, relaciones humanas, son algunos de los conceptos que engloban importantes nociones culturales y que abarcan fenómenos sociales fundamentales. En esta ocasión abordaremos las encrucijadas etimológicas que brinda el término código. De acuerdo con las conceptualizaciones actuales este vocablo: “En la teoría comunicacional, comprende a lo enunciado a través de un mensaje. Los códigos están constituidos por símbolos, señales o signos, interconectados a través de ciertas reglas, que les dan sentido y coherencia, y que permiten la comunicación” (DeConceptos.com, 2021).

Mas, de eso se trata: de símbolos; las construcciones culturales que median las relaciones sociales representadas principalmente por el lenguaje. Sin embargo, “También hay códigos no escritos pero que son verdaderas reglas de conducta a seguir, como los códigos morales, de vigencia universal que compilan en el corazón de los hombres los valores compartidos por toda la humanidad, como el respeto a la vida, o a la libertad, y son fuente del Derecho Natural” (DeConceptos.com, 2021).

Alberto Lescay Merencio. 2010. De la serie Nganga

Y si de respeto a la vida se trata o de Derecho Natural del hombre, se debe referenciar el respeto a la otredad. En este caso para hacer el tema explícito es honrar la condición humana, más allá de cualquier diferencia física. Esta es la premisa del documental  Código color. Memorias, realizado en el año 2015 por el director William Sabourin O´reilly con el apoyo de la Fundación Caguayo a través de su presidente Alberto Lescay Merencio.

Este material indaga en el punzante tema de los prejuicios raciales a través de tramos históricos experimentados en la oriental provincia de Santiago de Cuba. Logra trasladar al espectador a los años cincuenta del pasado siglo a través de la estrategia narrativa de testimonios e imágenes de archivo. Estas últimas constituyen reseñas audiovisuales de una realidad que puede parecer bastante alejada en el tiempo, aunque muy cercana para personas que fueron testigos y en diversas ocasiones víctimas de la discriminación racial. 

El audiovisual es una aproximación testimonial a esta arista. Utiliza el color como táctica conductiva. El rejuego visual constante con imágenes de elementos sugerentes como los mosaicos de las escenas iniciales suministra el sello distintivo para demarcar la pluralidad a la cual hace alusión en su premisa. Se suceden fotogramas sugestivos que dan la sensación de estar tocando texturas al igual que el repertorio de pieles humanas con diferentes matices, que transmiten rotundamente el mensaje de la obra. El refuerzo con secuencias donde se está realizando el proceso creativo es primordial para otorgar esa inyección dramática, lo que amplía la experiencia sensorial del espectador. Fragmento notable es la voz en off que revive las palabras del alcalde Desiderio Arnaz satanizando y discriminando las actividades desplazadas en los carnavales santiagueros como una manifestación de los negros y mestizos.

Código color. Memorias alude a una problemática real que ha existido y que se puede decir aún se encuentra arraigada en la nación cubana. Cabe resaltar que es una necesidad realizar acciones que permitan neutralizar cualquier proceso de amplificación de este fenómeno social. Por tanto, tiene sentido recordar la afirmación del investigador Alejandro de la Fuente cuando reflexiona:

Seamos francos. Si identificar a la gente de acuerdo con su “raza”, si hablar de negros, blancos y mulatos es, como dijo José Martí en Mi raza (1893), un pecado contra la humanidad, los cubanos merecemos ser excomulgados en masa. ¿Pero es realmente pecaminoso hablar de un tema tan central en el proceso de formación y representación de la cubanidad? ¿O debemos, por el contrario, reservar la excommunicatio para aquellos que se han empeñado en institucionalizar el silencio alrededor de este y otros temas? (Fuente, 2000)

Es decir, Código color. Memorias es una manera racional, humana y didáctica de romper ese silencio acerca de hechos que aún subyacen en la sociedad cubana y que deben ser resueltos. El camino, definitivamente, no es el silencio. La sociedad cubana dio, décadas atrás, el paso inicial para el rompimiento de una barrera acentuada pero es necesario seguir combatiendo una problemática que fue construida y reforzada por más de cuatro siglos. Debe ser recordado que la raza puntualizando lo planteado por Fuente (2000, pág. 43) también fue un factor determinante en la formulación de la idea de cubanidad. En este aspecto el audiovisual brinda relevantes datos que demuestran lo agudo del tema.

Sin lugar a dudas, Código color. Memorias constituye una construcción tangible y coherente de la lucha contra la segregación racial. Es la paráfrasis visual del enfrentamiento a este mal de la humanidad. Una gota más para librar esta batalla infinita de reivindicación de la conciencia del ser. Vale la pena repetir las palabras de Guillén que dan inicio a la obra: “Por lo pronto el espíritu cubano es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá un color definitivo. Algún día se dirá: “Color cubano”.

Por: Isabel M. Pérez

Más allá de su hablar pausado y de esa peculiar sensibilidad con que usted se acerca a la vida y a las cosas, ha aseverado que anda por el mundo con dos machetes en la mano: uno para la muerte y, otro, para la conquista. ¿Es ese el Alberto Lescay de hoy?
Creo que es una necesidad. Hay que estar despiertos. Una de las cosas que aprendí tempranamente –y trato de preservar– es que lo bueno hay que defenderlo y, los buenos, tenemos que crear mecanismos de protección. No basta con ser buenos, hay que tener recursos para cuidar esa bondad y protegerla.
Desde muy niño mi mamá me aconsejaba en ese sentido. Ella siempre reaccionaba muy fuertemente ante cualquier acto de injusticia, de abuso, y parece que lo he heredado. Esa es mi meta.

Alberto Lescay Merencio. 2010. De la serie Nganga

El arte es la manera de acercarse a la perfección, a la divinidad, al espíritu y a ello ha consagrado su vida. También ha dedicado energías al liderazgo y a la conducción de determinados procesos… El monumento a Maceo le facilita forjar una Fundación, algo muy particular en el contexto cubano. ¿Cómo conjuga la perspectiva creativa con la lógica organizativa de una institución de ese alcance?
Tempranamente conocí que tenía cierta vocación de liderazgo. Desde pionero. Parece que era algo que emanaba de mi actitud o mi estatura. Nunca he querido ser jefe de nada, ni tener protagonismo social. Me convencí de que no podía despojarme de eso, así que canalicé esa vocación intentando acercarla lo más posible a mi disposición fundamental. Por eso me planteé hacer cosas organizativas relacionadas con mi proceso creativo, para verlo como una posibilidad de proyectar mi capacidad creativa. Sinceramente, eso fue un plan.
Mi intención era, es y sigue siendo lograr una armonía entre mi vocación como coordinador, creador de proyectos colectivos, relacionados con el acercamiento y el servicio social y humano. Además del de la creación misma. Eso tiene sus riesgos, porque te consume tiempo. Pero como soy una persona disciplinada me he organizado de manera tal que, cuando me levanto, lo primero que hago es hacer algo creativo, propio: dondequiera que esté lo primero que organizo es mi Estudio, aunque se circunscriba solo a una libreta. Siempre viajo con chofer, por si baja la musa me encuentre trabajando… Porque la musa necesita verte trabajar para entusiasmarse.
Trato de abrigarme de ese ambiente, de esa aura y del entorno que se puede generar, irrigar, y ponderar… Ese espíritu que, en definitiva, es la voluntad de acercarse a lo bello. Y todos tenemos esa necesidad, aun cuando no seamos conscientes de ello.

Si revisamos su Agenda de notas (2014), de inmediato se percibe un profundo sentido crítico hacia aquellas perspectivas que ponderan el imperio de las estructuras y lo mimético frente a la subjetividad y la creatividad. ¿Se trata, en su caso, de una batalla con un vencedor imperecedero? ¿Esas contiendas formativas se manifiestan todavía en quién es y se revelan hoy en su trabajo? ¿Tendría algo que aprender todavía Alberto Lescay?
Pienso que un creador tiene que estar siempre en actitud de aprender. Tiene que ser muy abierto. La inquietud por hacer algo que responda a lo que me manda mi espíritu. Siempre me ha interesado menos lo que esté de “moda” en el mundo. He tratado de alimentarme, de cultivarme, de sentir y relacionarme para “cargarme” lo suficientemente como para tener algo que devolver con mucha franqueza. Considero que ese es el sentido de la creación artística. Por lo tanto, estoy siempre aprendiendo.

Pese a cualquier consideración, yo asumo, por ejemplo, que la Plaza Antonio Maceo es un conjunto que pudiera ser aplastante… sobre todo para mí mismo. Un amigo cuando vio aquello me dijo: “ya te puedes morir o dedicarte a otra cosa”. Cómo me iba a decir eso, si en ese momento era que me sentía listo para empezar de nuevo otra contienda.
Más allá de cualquier criterio estético, la circunstancia para concretar ese monumento se dio demasiado pronto. Llego de la URSS físicamente en el 79, pero en el resto de los órdenes fui llegando poco a poco. Fue una oportunidad importantísima haber ganado ese concurso con mi equipo.
Me quedé con cierta angustia, ciertas insatisfacciones… y vino el Cimarrón: es la pieza que hoy pudiera considerar mejor resuelta. Como solución artística, como impronta, y de ella aprendo todos los días. Fue esa un proceso de aprendizaje del mundo al que había regresado –“mi mundo”–, al que llego con una conciencia muy clara de que tenía que inventarme otra cosa luego de esa preparación técnica que había recibido.
Conceptualmente vine muy claro de que, por ejemplo, la visión europea de la realidad es epidérmica. Y esto puede parecer superficial, pero es mi manera de abordarlo. La realidad para el caribeño es lo que está dentro, lo que no puede percibir a simple observación. Quien más me ayudó a entender eso fue Lam.
Solo pude empezar a comprender lo que existía detrás una vez que conseguí ver lo que estaba por fuera…

Por: Carlos G. Lloga Sanz

La Comisión Aponte de la UNEAC, en su filial de Santiago de Cuba, presentó el pasado 12 de octubre la conferencia Presencia negra en la pintura cubana, impartida por la MSc. Ada Lescay Gonzalez. Con esta actividad la UNEAC santiaguera estrecha lazos con el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente, colaborando juntas en las celebraciones realizadas por la jornada de la cultura cubana. En esta ocasión, la joven investigadora disertó acerca la presencia del componente negro en la tradición pictórica de la Isla y delineó sus rasgos fundamentales.

Alberto Lescay Merencio. 2010. De la serie Nganga

¿Qué importancia le otorga al tema de la representación racial en las artes visuales?

Es un tema necesario para, en primer lugar, ganar en sistematicidad en los estudios acerca de la importancia del componente negro en la cultura cubana. El debate en torno a la urgencia de diseñar y ejercer una política gubernamental antirracista exige, cada vez más, de contenidos y actividades de mayor profundidad conceptual. El objetivo de mi investigación es contribuir, desde la academia, a visibilizar un área que, a mi modo de ver, ha sido tocada, pero en la que no se ha profundizado.

Es esencial que el discurso político antirracista se sustente en investigaciones que demuestren cuán importante ha sido «lo negro» en la formación de «lo cubano». Pienso que ahí puede estar mi aporte. Desde mi formación como historiadora del arte considero que es relevante analizar la representación en las artes visuales, aunque bien pudiese verse en otras manifestaciones.

Usted utiliza las teorías de Nicholas Mirzoeff para desarrollar luego su propio concepto de «visualidad». ¿Podría argumentar a qué se refiere con «visualidad negra» en la pintura cubana?

Es un concepto que está aún en proceso de construcción y que exige una mayor lectura sobre la cultura visual. El objetivo detrás del mismo es trastocar lo que, creo, ha sido una limitación de los estudios de la representación del negro en las artes visuales.

Se trata de que, con frecuencia, se busca solamente catalogar aquellas obras donde se observa la figura de un individuo negro. Es como contar una historia del arte que escoge con pinzas las obras a analizar y que, en su selectividad, deja fuera un hálito ancestral que permea gran parte de la imaginaría del arte cubano sin que halle una figuración concreta.

Utilizo el término «visualidad negra» para referirme a una imagen que va más allá de lo fenotípico. Hay determinados elementos de la cultura cubana que le deben precisamente a esos sujetos negros que llegaron a Cuba. La «visualidad negra» debe incluir también otras expresiones culturales de carácter religioso, músico-danzario, literario, político, etc. Es decir, debe atender, no solo la imagen per se, sino las contribuciones de toda esa parte de la población.

¿Cuáles son las características que ha tenido la representación racial en la historia de la pintura cubana?

Creo que hay que poner mucho empeño en el proceso de caracterización de la visualidad negra. Y, por supuesto, luego evaluarla. Pero, en sentido general, hay una primera etapa que se corresponde a la etapa colonial y a esas primeras décadas del siglo XX donde predomina una visión bastante folklórica, exótica, epidérmica. Por mucho tiempo el hombre y la mujer negra no formaron parte de ese discurso en relación a «lo nacional» y a «lo cubano». Consecuentemente, la presencia en las artes también es limitada.

Las vanguardias marcaron una ruptura y hay una búsqueda por mostrar ese legado. En la República hay figuras que son esenciales, que aportan mucho a esa visualidad, como es el caso de Wifredo Lam. Él pudo recrear una poética visual de naturaleza antillana, cubana, realmente valiosa y que se aleja de estereotipos que existían en torno al sujeto negro.

Por supuesto, también hay otras figuras que vale la pena estudiar, como es el caso de Roberto Diago, por ejemplo. Pero hay muchos que han quedado en el olvido y que es necesario reevaluar.

En la Revolución se continuó la tradición deudora del legado africano forjada en las vanguardias, sin entrar en un ámbito, digamos, problemático. Más bien, es una recreación y expansión del tema.

El Grupo Antillano marca un momento importante en el proceso de pensar el aporte negro a las artes visuales. Apostó por el trabajo colectivo, cada cual desde su estilo, pero unidos en un mismo propósito: recrear lo cubano-caribeño. Eran artistas de generaciones diversas, pero sus creaciones seguían las pautas conceptuales y estéticas de Wifredo Lam, así como la tradición intelectual iniciada por Fernando Ortiz y seguida por figuras como Julio Le Riverend, Pedro Deschamps Chapeaux, Manuel Moreno Fraginals, Argeliers León, entre otros.

Alberto Lescay Merencio. 2010. De la serie Nganga

El Grupo Antillano contó con fundadores como Rafael Quenneditt, Ramón Haití, y otros invitados más jóvenes, como Alberto Lescay Merencio, Miguel Ángel Lobaina o Julia Valdés. Aportaron, especialmente, a una comprensión de lo caribeño y ofrecieron un realce del legado africano dentro de ese Caribe.

Ya en los años noventa hay cambios. Se experimenta una búsqueda por problematizar el tema racial y las artes visuales lo confrontan abiertamente por primera vez. Tanto es así que los proyectos curatoriales que se desarrollan en ese momento tienen una clara intención de no hablar de «lo negro» sino del tema racial específicamente.

En las últimas décadas hemos asistido a un aumento significativo de la presencia del tema racial en exposiciones y proyectos curatoriales. ¿A qué se debe ese incremento y qué impacto ha tenido en el ambiente cultural de Cuba?

Eso se inscribe en un contexto en el cual, por razones socioeconómicas fundamentalmente, se retomó el debate sobre el problema racial. Este flagelo había declarado inexistente desde inicios de la Revolución y los noventa pusieron sobre la mesa el hecho evidente de que seguía estando ahí.

En ese sentido hay proyectos curatoriales que, desde la visualidad, se propusieron aportar al tema. Fueron los casos de los proyectos Queloides y Ni músicos ni deportistas, y ya a inicios del siglo XXI, se sumaron otros, que querían evaluar el tema desde la imagen.

La más reciente de estas empresas fue la exposición Aponte visionario que tuvimos la posibilidad de disfrutar en el año 2019 tanto en La Habana como en Santiago de Cuba. Una de las curadoras, Ada Ferrer, apuntaba que entre sus objetivos estaba reivindicar la figura de José Antonio Aponte, pero esta vez no como el líder de la conspiración antiesclavista de 1812, sino como un creador que puede haber contribuido, desde la descripción de sus láminas, a pensar de otra manera la primera mitad del siglo XIX, ofreciendo una visualidad paralela a la académica, por ejemplo, y que también forma parte de la cultura nacional.

Es valioso señalar que estos proyectos permiten una unión entre los artistas contemporáneos que viven dentro y fuera de Cuba, lo que los dota de una importante dimensión internacional. Esto se inserta en un interés por parte de una comunidad intelectual y artística que está cada vez más clara de que la única manera de combatir el problema racial es hablando de él y generando estrategias desde lo político, pero también desde lo cultural, para resolverlo.

Lo que queda es trabajar. Me propongo hacerlo desde la academia con la misión de documentar y establecer la historiografía del movimiento; así como explorar y visibilizar la obra de todos esos artistas para ofrecer una visión holística acerca de cómo ha sido representado el legado negro. La aspiración es que ese conocimiento nos permita tener campañas antirracistas más sólidas y ser una mejor sociedad.

 

Por: María del Carmen Tamayo Asef

Como parte de las actividades de celebración por la Jornada de la Cultura Nacional se inauguró en la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, el pasado 15 de octubre, la exposición colectiva Descendencia. Esta muestra contó con la presencia de reconocidos artistas de la plástica santiaguera de disímiles generaciones. La misma fue dedicada al aniversario número 75 del natalicio del poeta Jesús Cos Causse.

Descendencia es una palabra que muchos ligan a lo biológico, sin embargo, está permeada por un sinnúmero de elementos, fundamentalmente culturales. Dice Alfredo Fressia que «el tema de toda descendencia es el tiempo». El tiempo que a veces es mal juzgado, porque es implacable. Como expresó Cos Causse «El tiempo nos devora/ hasta el taburete de abuela se hizo cenizas». No obstante, es el único capaz de unir lo añejo y lo nuevo, entonces también trae regocijo.

La descendencia se convierte en vocablo preciso para esta confluencia, donde varias generaciones se dan cita en el caribeño lugar. La herencia, lo cultural, lo fecundo, da fe de que el arte está más vivo que nunca. En esta oportunidad, maestros y aprendices, padres e hijos, se articulan para crear genealogías del arte cubano.

Vemos a aquellos que han tejido la urdimbre de la historia en la ciudad, José Julián Aguilera Vicente, Ferrer Cabello, Pedro Arrate, patriarcas de la creación en la urbe. «Qué será del caballero de sombrero elegante y bastón simpático, diciendo adiós sonriente siempre. Existirá todavía la pluma de pavo del poeta (…)».  Pues sí, están ahí, con sus obras, enérgicas, a pesar de pertenecer a otra época.

Por otro lado, aparece una generación continuadora del legado, Alberto Lescay y Guarionex Ferrer, figuras fundamentales del acontecer artístico, que con sus obras motivaron un punto de giro en las artes visuales con piezas «monumentales», no solo en bronce, sino también en caballete. Carlos René Aguilera, Joel Aguilera, Josefina Aguilera y Grettel Arrate, una generación comprometida, insaciable, donde no prima el arte por el arte, sino una vida dedicada a la gestión cultural.

Luego los sucesores, valientes y lanzados. En los nuevos tiempos se han propuesto salvaguardar sus antecedentes pero ofreciendo la gracia del hoy. Los nuevos códigos visuales se adhieren a esta muestra a través de las obras de Alejandro Lescay y Marlon Aguilera Fleitas. Hay continuidad, el arte tiene quién lo preserve y defienda. La Casa del Caribe en esta Jornada por la Cultura Cubana preconiza una vez más la apreciación de la historia más cercana, de las raíces, la herencia cultural que debemos hoy más que nunca proteger.

Por: María del Carmen Tamayo Asef

Este 15 de octubre se celebra el aniversario 75 del natalicio del poeta santiaguero Jesús Cos Causse. Su obra, presente siempre, supone un mayúsculo aporte para la literatura cubana y caribeña. La figura del Quijote Negro, se mantiene latente en los espacios donde solía frecuentar, como La Casa del Caribe, de quien fue fundador, institución que promueve su legado hasta la actualidad. También se percibe en sus contemporáneos.

Sus poemarios Con el mismo violín, 1970; Las canciones de los héroes, 1974; El último trovador, 1975; Escribo Fidel, 1976; De antaño, 1979; Las islas y las luciérnagas, 1981, constituyen fuente de inspiración para artistas, intelectuales y todo aquel que quiera comprender El Caribe. La obra de Cos Causse constituye paradigma de creadores.

En esta oportunidad, dos de sus grandes amigos: el artista Alberto Lescay Merencio, presidente de la Fundación Caguayo, y el reconocido poeta Marino Wilson Jay, han dado sus testimonios acerca de la importancia de Cos Causse para la cultura artística y literaria cubana y caribeña a modo de homenaje.

Cos Causse, siempre con una sonrisa, abierta y sincera. Entrevista a Alberto Lescay

¿Cómo conoció a Cos Causse? ¿De qué manera llegan a tener una relación de amistad?

Bueno Cos Causse es de mi barrio, siempre lo vi pasar por mi casa y nos saludábamos, a él le gustaba mucho bailar, nos veíamos a veces en los carnavales. Coincidíamos en ambientes de esos tipos. Así fuimos creciendo en el barrio, a pesar de que él era un poquito mayor que yo y luego cuando el movimiento de la Columna[1] ya empiezo yo a ver a Cos Causse de otro modo. Empieza a convertirse en un orgullo para mí, sobre todo cuando ganó su primer premio y yo me entero por la prensa que mi amigo «el negrito del barrio» había ganado un premio nacional y había salido en el periódico, creo que era en el Juventud Rebelde.

Fue con el libro Con el mismo violín, y por supuesto inmediatamente lo busqué, lo leí y me fascinó. Siempre me sentí muy atraído por esa cofradía de poetas donde estaba Cos Causse, Waldo Leyva, Marino Wilson Jay, entre otros, y la Columna facilitó nuestro acercamiento. Eso fue lo que consolidó una amistad en el plano profesional, ya no solo de barrio, la raíz era del barrio, pero tenía un condimento muy especial.

En ese barrio Portuondo han surgido otros artistas, otros intelectuales muy valiosos para la ciudad, pero Cos Causse sin duda ha sido el encumbrado. De un nivel de humildad extrema y que haya llegado a ese nivel, de verdad que es admirable. Por eso le profeso mi respeto y me siento muy honrado de haberlo conocido.

Luego todo eso siguió hasta su muerte. Fui uno de los tantos amigos que se sentaba con él a tratar de convencerlo de que se cuidara más y también fui uno de los tantos amigos que recibió esas geniales respuestas que él sabía dar. Siempre con una sonrisa abierta y sincera. Hasta sus mentiras se las perdonábamos, porque eran mentiras graciosas y piadosas. Le reíamos todo.

Ayudaba mucho a los jóvenes poetas. Nunca lo oí hacer un comentario negativo, al contrario, le daba alegría ver a otras personas, jóvenes o no, que les gustara escribir. Por eso tenía muchos amigos principiantes. Él siempre los estimulaba mucho. De modo que era un hombre de los amigos, un hombre abierto, sincero, creativo hasta la saciedad.

Era capaz de hacerle un poema a una semilla y siempre salía el texto con una belleza extraordinaria, ternura y con una profundidad conceptual. Era un poeta nato.

Decidió ser feliz hasta el último día de su vida. Ser auténtico, ser como él era. Aunque te voy a decir que él no imaginó que se iba a morir tan pronto. Lo sé porque hablé con él la semana antes de morirse y me habló con mucho optimismo.

Hábleme de su vínculo profesional

Cos Causse tiene mucho que ver conmigo en lo profesional. Él era uno de mis críticos. Yo siempre le mostraba mis trabajos y él voluntariamente escribió varias cosas sobre ellos. Presentó varias exposiciones e hizo varios textos sobre mi obra.

Hace poco encontré unas notas de él donde me manda un macuto de papeles de un escritor popular, un hombre de pueblo que le gustaba escribir y que él suponía que para mí podía ser importante. Porque este señor hablaba del cagüeiro, que es una especie de imagen de un cimarrón que aparece en los montes. Él era ese tipo de persona.

De modo que también me ha servido de inspiración para mi propio trabajo, por eso le he hecho varios retratos. Incluso en vida. Además, era un tipo muy plástico, sus rasgos, por eso le decíamos también El Quijote negro. Era como un Quijote, tenía una plasticidad tremenda. Sus movimientos, su físico.

Para mí sigue siendo un motivo de creación. Le he hecho un monumento, que lo tengo frente a mi casa. Es un monumento personal porque también él era así, muy sencillo. Entonces ahí yo le pongo una serie de atributos, que es lo que yo me imagino que pasaban por su cabeza y por su vida. Aún está vivo dentro de mí, sigue siendo motivo para la creación. 

Alberto Lescay junto al monumento a Cos Causse. / Foto: Cortesía del entrevistado

Cos Causse también lo acompañó en sus inicios, desde la realización de la Plaza de la Revolución. El libro que lleva las memorias de la Plaza lleva el texto de Cos Causse, ¿qué significa esto para usted?

Sí, para hacer la Plaza Antonio Maceo, yo como jefe del equipo, siempre quise armar un equipo multidisciplinario y fue eso muy eficaz.Yo no quería fallarle a Maceo y entonces tuve que buscar a los más sabios de todas las esferas para completar las cosas que yo quería plasmar en el proceso. Entre ellos, además de Cos Causse, también estuvieron Joel James, Fernando Boytel, Electo Silva. Siempre tuve la percepción de que esta obra iba a ser trascendente y debía quedar un documento, un documento bien hecho. A Cos Causse le tocó trabajar para este libro, estuvo todo el tiempo al lado del proceso, interesado en todo y gracias a eso pudo hacer ese texto.

Cos Causse escribió: «Yo escucho a veces, los días de lluvia, ruido de cadenas y de latigazos y siento que un cepo me persigue. Veo a veces, cuando escampa, inmensas plantaciones llenas de esclavos. Escucho a lo lejos aquella campana. Veo pasar la dotación. Escucho a los tambores que tocan los esclavos en los barracones y los cimarrones en los palenques. Es como un mensaje urgente para el tiempo y para la poesía. Creo, con el corazón que mi obra tiene que saldar cierta deuda pendiente, cierta sangre que fluye errante entre los cañaverales y el mar Caribe. Cantar a la historia de mi tierra antillana y a sus héroes y a sus artistas, es el destino definitivo de mi poesía. Estos poemas están marcados por esas heridas». ¿Podría decirse que este fragmento define gran parte de su obra pictórica?

La historia de él tiene que ver bastante con mi propia historia. Sus antecedentes, creo su abuelo era esclavo. Él estaba bien marcado, como lo estamos muchos de nosotros con la historia de la negritud, la historia del Caribe, la historia de Cuba. Por eso es un compromiso que él siente.

Esa relación que tú aprecias tiene lógica y quizás eso sin proponérnoslo nos unió mucho. Por eso creo que tenemos ese vínculo que está en el plano de lo subjetivo. Yo siempre entendí todo de Cos Causse. Ese acto de definición sí tiene que ver con mi obra y no es casual porque tenemos historias bastante parecidas.

Según su punto de vista, ¿qué significación otorga a la obra de Cos Causse para la cultura cubana?

Déjame decirte que mi acercamiento a la poesía no fue por José Martí como casi todos los cubanos. Yo soy un gran martiano, pero realmente cuando me senté por primera vez a leer poesía y a disfrutarla fue a partir de la obra de Cos Causse. Sobre todo, porque nunca lo imaginé poeta y cuando me enfrenté a sus primeros libros, entonces me hice un lector de poesía. Para mí, es un motivo de inspiración. Era un poeta espontáneo. Su obra emociona a cualquier persona del Caribe. Considero que, dentro del espectro de los poetas que hemos tenido, él es uno de los grandes. Por lo tanto, lo incorporo dentro de mis paradigmas. 

Poeta Marino Wilson Jay

Cos Causse, un poeta del Caribe. Entrevista a Marino Wilson Jay

¿Cómo usted conoció a Cos Causse y cómo fue su acercamiento?

La primera vez que me hablaron de Cos Causse fue en Guantánamo, yo soy guantanamero. Fue a mediados del año 68. Un amigo mío de la infancia, me dijo un día, «¿tú conoces a Cos Causse?» Y yo le dije, «no, quién es ese». Entonces me dijo, «El que ganó el premio de los CDR», que era un premio nacional con un poema que se llamaba La anciana cederista y que aparece en su libro Con el mismo violín, que fue luego el premio 26 de julio en el año 70. Entonces yo pensé si el Cos Causse ese se ganó un premio, ¿por qué yo no también? –se ríe—; se lo dije a él varias veces.

Ya en el año 71, cuando vine para la Facultad de Humanidades lo conocí de vista. Luego se consolidó la amistad a través de la poesía cuando regresé de la Habana.

¿Qué significa para usted Cos Causse?

Yo siempre lo digo y lo tengo escrito por ahí, Cos Causse era sin dudas, uno de los mejores poetas cubanos de su generación. Su poesía se abrió mucho al mundo cuando él estuvo dos o tres años en Jamaica. Fue ese contacto con el Caribe, con todo el Caribe insular.

Sus escritos en Con el mismo violín era una poesía más bien arraigada en lo específico nacional cubano, pero el encuentro que él tuvo en Jamaica con hechos mitológicos del Caribe le hizo incorporar a su poesía una serie de elementos que no tenía antes. Fue cuando su poesía se abrió a un espectro mucho más amplio; de ahí que, con el tiempo se le nombrara El Quijote negro.

Uno de los fundadores de La Casa del Caribe fue Jesús Cos Causse, porque yo estaba allí. ¿Por qué digo esto y lo ligo con su poesía? En los primeros festivales de poesía, ninguno de nosotros era conocido por su obra, la única persona conocida en el Caribe era Jesús Cos Causse. Y digo más, aquí vinieron muchos escritores de la talla de Edward Kamau Brathwaite, el mismo Thiago de Mello, porque conocían la poesía de Cos Causse y era su poesía la que convocaba a todos.

Hace poco, vinieron unos profesores y unos estudiantes jamaicanos siguiendo las huellas de Cos Causse. Buscando su poesía.

Hábleme más a fondo de su obra literaria

Después de Con el mismo violín aparecieron otros libros como El último trovador, De antaño, Las islas y las luciérnagas y Baladas de un tambor. En el año 1983, él ganó un concurso UNEAC con Baladas de un tambor. Es sobre el Caribe, donde incorpora el nombre su abuelo, Braulio Causse, en el poema Con un ala. Otro poema, Qué falta me hace mi guitarra, fue mención ese año. Él tiene un libro anterior que se llama Las islas y las luciérnagas; pocas personas recuerdan que fue mención en un concurso UNEAC. Este libro tiene que ver con lo que te decía de la efectividad que tiene su poesía en el Caribe. Es un libro con un lirismo que estremece. 

¿Qué significa Cos Causse para usted y cuál considera ha sido su aporte a la cultura artística y literaria cubana y del Caribe?

Sin dudas, es uno de los poetas estrella de su generación y tuvo lo que se llama el idiolecto, o sea, aquellos rasgos típicos que caracterizan a un escritor. La poesía de Cos Causse tenía eso, un modo personal que se distinguía. Uno ya sabía cuándo eran sus poemas y lograr algo así es muy difícil para un artista.

Estos elementos hacen de él uno de los mejores poetas cubanos y su significación se inscribe no solo en Santiago de Cuba, ni en Cuba, sino en el contexto de la poesía hispanoamericana. Yo lo veo así. Su poesía es imprescindible para cualquier estudioso.

Con el coloquio “Plaza, símbolo para una historia” comenzó la celebración hoy de los 29 años de la Plaza de la Revolución “Mayor General Antonio Maceo Grajales”, emblema de la vida política, cultural y social de la ciudad.

Alberto Lescay Merencio. 2010. De la serie Nganga

Los panelistas Adolfo Escalona, Maximiliano Izaguirre y Omar López, involucrados con el quehacer del sitio, rememoraron momentos y acontecimientos importantes de la construcción del conjunto escultórico y su devenir en estas casi tres décadas de fundado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Escalona, encargado de la ejecución del área de la Llama Eterna comentó cómo a partir de los bocetos de Pedro Arrate, miembro del equipo de construcción de la obra y fallecido de modo repentino, trabajó en la visualidad del espacio, el cual precisaba convertirse en un recinto al aire libre acogedor y seguro para los visitantes.

Según el artista de la plástica, el recinto simula la topografía irregular de la urbe, evidenciada en la subida de la escalera donde las tapias custodian la llama, y resaltó la significación del muro curvo porque ahí se emplazan las estrellas representativas del grado militar del Titán de Bronce.

Izaguirre aseguró la imposibilidad de hablar sobre cualquier suceso de la historia nacional de los últimos 30 años sin referirse a la Plaza de la Revolución de Santiago de Cuba.

En ese sentido, destacó las ceremonias de dos Jefes de Estado del Vaticano, las tribunas antimperialistas al calor de la Batalla de Ideas y el reclamo por el regreso de Elián González, primero, y de los Cinco Héroes, después, los desfiles por el Día Internacional de los Trabajadores, y los conciertos de artistas cubanos y foráneos.

También recordó los homenajes póstumos a la Heroína Vilma Espín Guillois y al amigo de Cuba, Hugo Chávez Frías en marzo de 2013, y por supuesto, el tributo de los hijos de esta y otras tierras orientales al líder histórico de la Revolución el tres de diciembre de 2016.

Para Omar López, conservador de la ciudad, la plaza “Mayor General Antonio Maceo Grajales” constituye uno de los paisajes culturales más trascendentales de la provincia, y en correspondencia debe cuidarse su ámbito, para lograr una armonía arquitectónica en todos los órdenes.

Alberto Lescay, escultor y jefe del proyecto, manifestó el reto de la construcción de la obra dedicada a Antonio Maceo, debido a la existencia de un gran monumento en el Cacahual en ese entonces, pero se trataba del primero en su territorio natal y donde él protagonizó la Protesta de Baraguá.

Lescay agradeció a Marino Wilson Jay, Guarionex Ferrer, Pedro Arrate, Joel James, Fernando Boytell y a otros artistas e intelectuales participantes en la concreción de la escultura a uno de los santiagueros más queridos y respetados de todos los tiempos.

El depósito de una ofrenda floral en la base de estatua al Titán de Bronce marcó el tributo de los trabajadores de la institución a Douglas Palancar, su primer director, quien siempre mostró sentido de pertenencia por el lugar.

Además del mensaje de felicitación enviado por el primer secretario del Partido en la provincia, Lázaro Expósito Canto, en la ocasión se reconocieron a personas destacas en el quehacer diario de la Plaza y se lanzó la convocatoria para los festejos por el aniversario 30 en octubre de 2021.

Por: María del Carmen Tamayo Asef

El pasado 18 de septiembre quedó inaugurada la muestra colectiva Mundos en la galería René Valdés de Santiago de Cuba. La exposición contó con la obra de tres reconocidas artistas santiagueras y formó parte de las actividades programadas para conmemorar los veinticinco años del Sistema Caguayo.

Grettel Arrate, Vivian Lozano y Xiomara Gutiérrez/Foto: Carlos Lloga Sanz

En la aventura imperecedera que es la vida se impone descifrar el acertijo de lo ajeno. Tendremos que pensar entonces en la lectura de lo múltiple, en cómo entender el yo y el otro. La reflexión acerca de la diferencia desentraña lo diverso y, como Alicia ante muchas puertas, reconocemos que cada una conduce hacia un mundo desconocido.

Una vez allí, encontramos un conjunto cuidadosamente dispuesto, creado como acto de establecimiento de un orden ante el caos. Cada arista compone su razón, cada artista es un creador de mundos.

En esta ocasión se abren las puertas de tres mujeres, una trinidad de las artes: Xiomara Gutiérrez, Grettel Arrate y Vivian Lozano. Coincidiendo en el tiempo, pero no en poéticas ni en soportes, las creadoras han establecido sus mundos valiéndose del ámbito artístico de Santiago de Cuba.

Con más de treinta años de experiencia en los terrenos volubles de las artes visuales llegan al día de hoy posicionadas, empoderadas y dispuestas a asumir nuevos retos. Es por eso que se presenta esta propuesta, en la cual se expone parte de los universos de las tres féminas.

De esta manera, se celebran los veinticinco años del Sistema Caguayo, conjunto institucional que navega en la búsqueda por realzar el arte cubano. En esa incesante lucha, impulsa la obra de aquellos en los que prevalece no solo el talento sino la voluntad estoica de la creación como ejercicio del vivir.

Para este primer cuarto de siglo, Caguayo se viste de gala y preconiza el quehacer de tres consagradas, con lo que marca el inicio de una nueva etapa, continuadora de los preceptos fundacionales, pero en la exploración de otros rumbos que potencien el desarrollo de la cultura cubana.

Es cuando Arrate, Lozano y Gutiérrez se presentan una vez más ante su público, con propuestas más experimentales. Obras no expuestas con anterioridad en Santiago de Cuba forman parte de la composición de esta acción curatorial que también fue concebida como acto de creación. Las artistas se lanzan y salen de su zona de confort.

Obra: Gestos Segunda parte. año 2020 / Cerámica esmaltada / Dimensiones variables/Foto: Carlos Lloga Sanz

Por un lado, Xiomara se explaya con un conjunto de estructura ascendente, donde los personajes que surgen del vacío oscuro, se elevan de manera apresurada, dramática. Parecen esperpentos, como las almas retorcidas del Infierno de Dante, similares también a las representadas en el Juicio Final por Miguel Ángel. Los escorzos, las torceduras de figuras casi amorfas que se cruzan, resumen parte de la obra de esta artista que ha hecho suyo el secreto de la carne humana para plasmarlo en el barro.

Vivian, por su parte, también hace uso de su consabida especialidad: el grabado. No obstante, abandona los iconos que la han representado en largas jornadas. No hay burros, no hay figuras humanas deformes ni mutiladas. Esta vez son elementos naturales comunes, del día a día.

Conjunto In-presiones año 2020 / Calcografía chine collé / Dimensiones variables/Foto: Carlos Lloga Sanz

La artista no pierde la acostumbrada sutileza, el rejuego con aquellos temas que hacen recapacitar. Con sus obras «In-presiones» y «El poder de la intención» alude a circunstancias humanas que solo refleja a través de objetos que conviven con el hombre. Hay pericia técnica, el ritmo sobresale como elemento formal y el color es una novedad.

Serie Carnevale. año 2018/ impresión digital. Dimensiones: 128 x 86 cm/Foto: Carlos Lloga Sanz

Finalmente, Grettel, mujer que se reinventa y se adapta al medio en el cual se desarrolla. Esta vez, deleita con fotografías que no han sido expuestas en su ciudad natal. La fotografía de Grettel guarda relación con su obra pictórica ampliamente conocida. Las imágenes también contienen sus colores y armonías. Los rostros de su serie «Carnevale» realzan lo expresionista. Sus protagonistas se transmutan en seres soberbios. El título alude al lavado de la carne pagana, significado original del término.

Así la Galería René Valdés Cedeño, que también celebra su quinto aniversario, le invita, a ser parte de esta experiencia. Caguayo expone los mundos de estas artistas. Un pedazo de cada una de ellas se muestra, la esencia oculta que solo aflora a través del arte y que es la verdad más fehaciente. Como expresó Carpentier: «Cuidémonos de las palabras hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras. Nuestra época sucumbe por un exceso de palabras. No hay más Tierra Prometida que la que el hombre puede encontrar en sí mismo».

Por: Lázaro D. Najarro Pujol

Fruto de los sueños del escultor, pintor y dibujante Alberto Lescay, acompañado de un equipo de creadores, especialistas y técnicos, surge en Cuba el 21 de septiembre de 1995, la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas. Se funda en La Habana y tiene carácter nacional y su sede principal está en la Ciudad Héroe.

Daimí Ruiz Varela, coordinadora de proyectos culturales en Camagüey, señaló que «Caguayo surgió en un momento complejo, cuando el país transitaba por el Periodo Especial. Un sueño convertido en realidad que contó con el apoyo de importantes personalidades, entre las que resaltó al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz y al destacado intelectual y político cubano Armando Hart Dávalos».

Añadió que la Fundación se comenzó a gestar en Santiago de Cuba con la terminación de la primera obra escultórica de grandes dimensiones, después del triunfo de la Revolución, el Conjunto Monumental Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales.

El proyecto, que contó con la participación de un equipo multidisciplinario integrado por artistas de la plástica, arquitectos, ingenieros e historiadores, entre otros, dirigidos por Lescay, a quien la también investigadora considera un hombre de grandes luces. Igualmente tuvo el respaldo de las máximas autoridades del gobierno y Partido a nivel provincial y nacional.

PLAZA ANTONIO MACEO / Foto del autor

El Conjunto Monumental fue inaugurado oficialmente el 14 de octubre de 1991 por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz durante las actividades de clausura del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. «Es una obra impactante, no solo por ser la más monumental construida luego del triunfo de la Revolución, sino por su hermoso simbolismo que tiene que ver con nuestras raíces y el espíritu de independencia y unidad cubanos, que demuestra, además, el potencial artístico-creador que existe en la nación», puntualizó Ruiz Varela.

Añadió que luego de concluida la obra quedó todo un equipamiento enriquecido con tecnología y personal altamente capacitado de reconocido prestigio nacional e internacional, razones que despertaron en el Maestro Lescay, la concepción de una empresa mayor, capaz de llevar a cabo en la Isla proyectos de esa magnitud, con el objetivo de contribuir al desarrollo de las Artes Monumentales y Aplicadas en Cuba.

En una etapa en la que se está defendiendo la cultura y la identidad cubanas y la existencia del proyecto político y social de la ínsula, nace Caguayo en respuesta a la necesidad de que lo primero que hay que salvar es la cultura con fórmulas novedosas que ayudarán a preservar esas bases artísticas y culturales de la nación, opinó.

«La Fundación, sin fines de lucro, representa a los artistas, potencia todo ese valor creativo del país y nace con una misión amplia inclusiva y de desarrollar las artes visuales y aplicadas, al igual que el diseño».

Con la creación de Caguayo, el Taller de fundición ubicado en el camino de San Luis, donde se creó el Conjunto Monumental Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, comenzó la realización y emplazamiento de disímiles esculturas, en varios sitios del territorio nacional.

Se resaltan, además, las concebidas por el propio Lescay, de la obra El Vuelo de Lam, dedicada a Wifredo Lam y ubicada en El Vedado capitalino, y el Monumento a Rosa la Bayamesa. Asimismo, se han ejecutado obras de otros importantes escultores cubanos, cabe resaltar las esculturas de John Lennon y Alicia Alonso, del también Maestro escultor habanero José Villa Soberón, entre otros.

Daimí Ruiz Varela / Foto del autor

La investigadora Daimí Ruiz Varela agregó que en Santiago de Cuba la Fundación ha erigido además, los monumentos a Toussaint Louverture, en la avenida de Las Américas; Martí Crece, ubicado en la intersección de Carretera central y el Paseo Martí y Madre Ceiba, en homenaje a Mariana Grajales (Madre de la Patria), en el cementerio Santa Ifigenia.

Entre las obras escultóricas más significativas emprendidas por Alberto Lescay está sin lugar a dudas El cimarrón, (1997), inspirada en las novelas históricas Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet y El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier. Es un monumento emblemático ubicado en el poblado de El Cobre que tiene importancia cultural, histórica y simbólica, relacionada con la cultura de resistencia de Cuba y el Caribe. Por lo cual forma parte de la memoria histórica universal Ruta del Esclavo de la UNESCO.

En tanto en Camagüey, con el apoyo de Caguayo se emplazaron en bronce el Conjunto Escultórico de la Plaza del Carmen, Premio Unesco (uno de los más complejos por contar con disímiles piezas), de la artista agramontina Martha Jiménez; la obra José Martí, en el parque que se honra con el nombre del Héroe Nacional de Cuba y el Brazo de la victoria, ambos del escultor Roberto Estrada. Se suma la pieza La Tula, dedicada a la poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, del escultor camagüeyano Sergio Roque Ruano.

Entre las obras del escultor, pintor y dibujante Alberto Lescay en la capital cubana sobresale: la escultura Che, erigida en bronce en los Jardines del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En el extranjero están Cabeza de Rey (Museo de Bellas Artes de Ucrania) Monumento al Espíritu Guerrero, símbolo de la Ciudad de Puerto Cabello (Puerto Cabello, Estado de Carabobo, Venezuela) y Mural sobre la Paz (Casa de la Unión de Pintores, Moscú).

Caguayo auspicia el evento internacional Vuelo de Bronce, desarrollado entre artistas cubanos y alemanes; y el Simposio Nacional de Escultura René Valdés Cedeño, los cuales han incorporado el resultado de sus creaciones, al paisaje urbano de Santiago de Cuba.

La restauración 20 obras monumentales del Prado de las Esculturas, ubicado a 20 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba, en el Parque Baconao constituye otras de los proyectos significativos de la institución. Es un sitio de valor excepcional por la especial simbiosis entre arte y naturaleza. Desde el 2018, es atendido tanto en la conservación, como en la gestión sociocultural por la Fundación Caguayo.

Por: Pascual Díaz Fernández

El cuerpo goza placeres a los que el alma no alcanza. Durante la Edad Media europea, la danza fue prohibida, excomulgada y perseguida. Era cosa del Diablo y también su instrumento, el cuerpo. Cuesta trabajo pensar que aun existan personas que piensen de esa manera. Porque cuerpo y alma son lo mismo.

El siempre loable esfuerzo de la Fundación Caguayo y la Editorial Oriente, han dado lugar a una serie de libros sobre el arte, la literatura y, en general, la cultura en Santiago de Cuba, que han permitido una estimación renovada de la creación artística y literaria en esta parte del país, con sus aportes y especificidades. Uno de ellos ha sido Placeres  del cuerpo. La danza en Santiago de Cuba (2015), escrito por el investigador Ernesto Triguero Tamayo.

Se consagró a los 500 años de existencia de Santiago de Cuba. Si hubiera salido este año (2020), se hubiera podido dedicar al medio milenio de la celebración de las primeras representaciones escénicas del Nuevo Mundo. Desde entonces, nuestra escena se ha caracterizado por ser festiva, ritual,  popular, callejera, espiritual y ecuménica; a su vez, mezcla culturas y expresión de la sicología social de quienes habitamos esta parte del mundo.

Placeres  del cuerpo… es el primer intento sistemático de historiar la danza en Santiago de Cuba. Gracias a la investigación del autor se evidencia la poderosa impronta de la manifestación en la cultura santiaguera tanto en lo  popular, en Trocha o Martí, como en los más exclusivos espacios dados al ballet en el Teatro Oriente y el Ateneo Cultural.

Las principales dificultades para la investigación han estado en lo poco   estudiado del tema, la largueza del periodo analizado y la riqueza, amplitud y diversidad de la manifestación en la ciudad. Algunos géneros tienen una mayor información y otros, casi no la tienen. El autor debió recurrir a la memoria oral de bailadores y amantes de los bailes populares, por ejemplo. Acudió a invaluables testimonios que se hubieran perdido totalmente (Miguel Ángel Botalín, Eduardo Rivero, Manuel Ángel Márquez, entre otros).

El texto revela la presencia de acontecimientos, figuras y tendencias en la Colonia, la Republica y la Revolución. Está escrito de forma amena, lo que permite que sea asequible tanto para estudiosos como para todo público en general, y es que, en Santiago, todo el mundo cree saber o, de algún modo, sabe, de danza, y si es folclórica, mucho más.

Quizás por ello haya sido necesario un procedimiento mucho más cuidadoso del tema con la danza folclórica. No es secreto para nadie el escasísimo tratamiento del tema, que, aprovechando la ocasión, pudo haber sido más detallado y profundo. No se tienen en cuenta los elementos del carnaval, la relación entre los grupos tradicionales, de aficionados, los grupos profesionales, y no se mencionan nombres significativos para la manifestación, aunque no están vinculados al movimiento profesional. No aparecen reseñados coreógrafos y pedagogos que han hecho aportes a la danza en esta arte del  país.

Como buen investigador, Triguero Tamayo descubre bailes hoy desconocidos como la Sopimpa, o revela datos sobre el Cocoyé. A su vez, pone de  manifiesto el complejo camino del ballet, desde su consideración como entretenimiento burgués hasta su actual visión como expresión enraizada en el gusto popular.

El arte del libro Placeres  del cuerpo… es una creación colectiva. Martha Mosquera se hizo valer en el diseño del texto, en el afortunado empleo del color y la variedad tipográfica. Zailen Clavería logra una excelente edición, sobre todo, en el exquisito cuidado en cuanto a nombres, hechos y personalidades; lo mismo en la claridad de la organización del material literario. Sin embargo, las fotos son borrosas y oscuras con un bajo nivel de definición de la imagen.

Ernesto Triguero Tamayo ha escrito otros textos sobre danza; entre ellos, una semblanza biográfica de Nicolai Yavorski, coreógrafo y maestro de Alicia, Fernando y Alberto Alonso. Placeres del cuerpo… puede ser un incentivo  para que, tanto Triguero Tamayo, así como otros jóvenes investigadores continúen por este camino. De igual forma, para que el caudal de investigaciones y publicaciones sobre la danza, en Santiago de Cuba, sea más amplio. Lo necesitamos porque cuerpo y alma son lo mismo (en la cultura cubana, al menos).

Por: Omar González

Ahora, cuando tanta falta nos hace no olvidar, quisiera contarles —no muy brevemente, por cierto— una historia, diríase que una historia de amor: la de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, que hoy está de cumpleaños, y la de su creador Alberto Lescay Merencio quien tiene sobradas razones para sentirse el hombre más feliz de la Tierra en este día. Al fin y al cabo, con independencia de algunos sinsabores, hasta cierto punto previsibles —pero jamás paralizantes si media una voluntad como la suya— la experiencia de Caguayo y Lescay ha sido una victoria, un tributo a la patria de la noción más fecunda y trascendente de la cultura, la de fundar y compartir; así como una innegable fiesta de los sentidos, incluyendo el arisco y a veces paradójico sentido común. Porque aquí de lo que se trata es de la conjunción de arte e Historia, identidad, trabajo (mucho trabajo) y poesía (mucha poesía). Y esto, que me perdonen los conformistas, jamás ha sido ni será fácil. En cultura, un desafío siempre da lugar a otro, y así en lo sucesivo; de ahí que llegar una vez no sea lo más difícil, sino continuar llegando.

Alberto Lescay, fundador y presidente de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas

En Lescay la cultura se nos ofrece como una fiesta interior —y también anterior, si tomamos en cuenta el peso de la memoria en su obra—y, la Fundación Caguayo, desde que surgió como idea allá en los albores de la década de los noventa, estuvo arropada no solo por la perseverancia de su gestor, sino por la sensibilidad de seres extraordinarios como Fidel, Raúl y Armando Hart, entonces Ministro de Cultura, quienes no solo jamás dudaron del significado prominente del proyecto, sino que vieron en él la referencia más completa y compleja de un emprendimiento no gubernamental que merecía apoyo y reconocimiento por el alcance de sus objetivos y el bien ganado prestigio de su autor. Porque Caguayo es eso, una obra de arte felizmente interminable. De hecho, todas las fundaciones que, desde lo jurídico, existen en Cuba se han distinguido por sus aportes a la cultura nacional y universal y al crecimiento de nuestra sociedad civil, lo que constituye una prueba inequívoca de las bondades de esta fórmula organizativa para encauzar el trabajo artístico y literario en nuestras condiciones concretas. Así lo atestiguan los resultados conseguidos por las fundaciones del Nuevo Cine Latinoamericano, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Antonio Núñez Jiménez, Fernando Ortiz, Ludwig de Cuba, la propia Caguayo y con seguridad la muy reciente Ariguanabo, animada por Silvio Rodríguez en su natal San Antonio de los Baños. O sea, a juzgar por la cosecha, no advierto razón de peso alguna que nos impida seguir avanzando en este campo sobre bases bien fundamentadas. Como pruebas al canto, debo señalar que tengo la dicha de haber participado de forma activa en el surgimiento de tres de estas instituciones, hoy emblemáticas en el ámbito cultural.

Monumento al Cimarrón en la Ruta del esclavo instituida por la Unesco. Foto: Tomada del sitio del artista

Pero bien, yo quería estar ahora en Santiago para darles un abrazo, no precisamente virtual, a mis hermanos Lescay y Marino —tengo entendido que Luisito comparte mi suerte en La Habana— y, por supuesto, a muchos/as amigos/as de los que laboran hoy o trabajaron alguna vez en la Fundación durante estos cinco lustros o, para decirlo como suele medirse y pesarse el tiempo cuando es histórico: durante este primer cuarto de siglo. Sin embargo, no fue posible. Heme aquí, a más de novecientos kilómetros, cumpliendo al pie de la letra los rigores del aislamiento epidemiológico; aunque —¿para qué negarlo?— con unos deseos enormes de que la humanidad —incluido este servidor— tome conciencia de que la normalidad conocida no debería ser jamás la normalidad esperada, de modo tal que nunca se repita lo que estamos viviendo, ni encuentren espacio entre nosotros los vaticinios de que todo podría ser peor pues, a juicio de algunos entendidos, nos esperaría un siglo de pandemias. Apocalípticos y desintegrados, cabría decir, parafraseando a Umberto Eco.

Hace más de treinta años, en el contexto de una reunión de artistas plásticos que efectuábamos en Santiago de Cuba, Lescay me habló por primera vez de la idea de encontrar un mecanismo, una solución, para que no se disipara la mística que había empezado a crecer un poco antes allá en el camino —o en los Dos Caminos— de Santiago a San Luis, en un sitio nombrado Caguayo; donde estaban cosiéndose los metales del conjunto escultórico que preside la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales —cuya figura ecuestre es obra suya— y los veintitrés machetes hirsutos que corresponden al también escultor Guarionex Ferrer Estiú, otro hermano de mil batallas, lamentablemente fallecido a la temprana edad de cincuenta y nueve años.

Si bien Lescay y otros compañeros nunca estuvimos conformes, la mayoría de los remedios que nos llegaban o sugeríamos nosotros mismos para preservar la vitalidad del taller, no pasaban de ser eso, remedios, en algunos casos tan indefendibles como bien intencionados. Se pretendía inaugurar un camino muy diferente a los que prevalecían en aquellos momentos, el de una fundación cultural dotada de una sociedad mercantil que le permitiera ser sustentable desde los puntos de vista económico y financiero y que garantizara el imprescindible carácter no lucrativo de su actividad. Una persona como Ricardo Badía González, a la sazón director de Economía del Ministerio de Cultura, fue clave para encontrar el diseño que viabilizara la propuesta. Del mismo modo, Manolo Fernández Retamar, con su genialidad, desenfado y sabiduría, a quien vinculamos al Consejo Nacional de las Artes Plásticas casi con la única misión de llevar adelante este y otros proyectos afines. Manolo jamás se dio por vencido ante los obstáculos que ponía la hidra burocrática.

Sin embargo, a pesar de la perseverancia, la receptividad limitada y los esfuerzos por encontrar una solución al problema, para algunos compañeros la idea parecía herida d muerte por el efecto del tiempo y la opacidad de los obstáculos; cuando pensaban en el taller de fundición, imaginaban un dinosaurio que agoniza a las puertas del monte. Entonces fue que se impusieron el realismo y el sentido común y Lescay decidió aceptar la fórmula menos ventajosa desde lo económico, pero la única que dejaba el taller en manos de los hacedores del proyecto de monumento. Mientras ganábamos tiempo y la propuesta seguía su curso de espera y asimilación por parte de otras instancias —alguna muy prejuiciadas, incluso dentro del propio Consejo Nacional de las Artes Plásticas—, el taller y los trabajadores continuaban en actividad gracias a los escasos ahorros del proyecto inicial, los fondos del propio Lescay y la colaboración inestimable del Partido y el Gobierno de la provincia de Santiago de Cuba, entonces encabezados por Esteban Lazo Hernández y Reynaldo Endy Endy. Lazo, con su proverbial instinto de clase y su manera tan sencilla como sincera de relacionarse con los artistas, supo percatarse enseguida del alcance de aquella idea y la acogió y defendió como propia. Endy, por su parte, abrió las puertas del Gobierno provincial a Lescay y al grupo rector del proyecto y les ofreció todo cuanto pudo.

En el caso de Hart, a quien Lescay siempre distingue cuando recuerda aquellos años y aquel fatigoso proceso, toda gratitud sería poca. Su audacia, lealtad y apego invariable al pensamiento de Fidel fueron decisivos para iniciar el camino y llegar hasta el punto en que se halla la Fundación en la actualidad, luego de haber transitado veinticinco años de aprendizaje, de fidelidad a la Revolución y de aportes trascendentales a la cultura nacional en la representación de la historia y del imaginario social cubano. Con apoyo de Hart, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas hizo suyos los presupuestos conceptuales y los objetivos del proyecto Caguayo, al igual que sucediera con los de la Fundación Ludwig de Cuba, concebida en 1990 durante una visita que realizáramos a Alemania en compañía de Helmo Hernández, su presidente desde que se constituyera en 1995.

Alberto Lescay asistió a la actividad, que forma parte de la celebración por los 25 años de la Fundación.

Desde su surgimiento, la Fundación Caguayo se ha distinguido por su defensa y aplicación de la política cultural de la Revolución cubana. Aunque con sus especificidades, trabaja de forma intensa en el establecimiento y la defensa de las jerarquías artísticas y literarias inobjetables. Llama la atención la labor en aras de la validación y el incremento de dichas jerarquías, lo que se expresa a través de su sistema de galerías, premios, talleres, encargos de obras artísticas y de investigaciones históricas, literarias y científicas y otras formas y espacios ideados para la promoción y el crecimiento de la cultura cubana en su dimensión cotidiana. Asimismo, considero muy importante la labor desplegada por Caguayo a favor del reconocimiento del diseño como parte de las disciplinas artísticas, lo que también se extiende a la cerámica, la arquitectura y la visualidad simbólica en los espacios urbanos, siempre en interacción creadora con las tradiciones, la comunidad y el imaginario social en movimiento.

Son de saludar empeños como la Galería René Valdés Cedeño, donde han expuesto muchos de nuestros principales artistas plásticos, y el Iris Jazz Club, en el que se han presentado figuras de renombre nacional e internacional, por lo que es considerado uno de los mejores y más exigentes de su tipo en el país. De igual manera me ocurre con el proyecto Somos, una iniciativa performática de dimensiones y formato variables que involucra al propio Lescay, a sus hijos Albertico y Alejandro y a otros artistas. Son actos de fe para pensar al ser humano y su espacio desde la capacidad renovadora de los valores estéticos modernos contenidos en las artes plásticas y la música, principalmente.

Créanme que sería interminable la simple enumeración de las acciones culturales que ha llevado adelante la Fundación Caguayo en estos veinticinco años, las que le han permitido cubrir un espectro temático y formal que va desde las artes plásticas y aplicadas hasta el audiovisual, la literatura, la música, la Historia, el diseño y la formación de públicos, entre otros ámbitos. Mas no quiero finalizar sin referirme a la que constituye la primigenia razón de ser de esta institución: el ejercicio creativo y la promoción inteligente de las artes monumentales. Al ser su actividad más conocida, ello me releva de tener que mencionar todas las obras que considero importantes para la cultura cubana y de otros países.

Uno de los conjuntos más impresionantes realizados por Lescay, ya desde la Fundación Caguayo, ha sido el Monumento al Espíritu Guerrero Venezolano, inaugurado en 1996 y emplazado en el Estado de Carabobo, en esa hermana nación bolivariana. Otra pieza que clasifica entre las más originales y mejor resueltas de cuantas se han dedicado al Che, es la escultura que le hiciera al Guerrillero Heroico en 1997, ubicada en la entrada al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, en La Habana. Entre los numerosos bustos que nos ha legado Lescay está el consagrado a Julio Antonio Mella, una de cuyas tres copias está situada en la ciudad de México, donde fuera asesinado en 1929 este excepcional luchador comunista por órdenes del dictador Gerardo Machado. Ahora bien, la obra que a mi juicio define mejor el estilo de Lescay y el espíritu de la Fundación, es el Monumento al Cimarrón, realizado en 1997 e izado en la localidad de El Cobre, muy cerca de la ciudad de Santiago de Cuba. La fuerza de la imagen en su verticalidad firme y ascendente, su relación crítica y al mismo tiempo amable con el entorno, y la trascendencia del peso y el volumen, en una ilusión provocada de cercana rebeldía, le confieren a esta obra valores excepcionales. Para nada es fortuito, entonces, el hecho de que esta pieza forme parte de La ruta del Esclavo: resistencia, libertad, patrimonio instituida por la Unesco, a propuesta de Haití, en 1994 en Benin. Y en este apresurado recorrido por la obra escultórica de Lescay —para no hablar de la pintura, el dibujo, el grabado ligados de modo estrecho al proceso de consolidación de Caguayo—, no podría dejar de mencionar otras tres obras capitales: el Monumento a Wifredo Lam, inaugurado en 2009, en el contexto de la Bienal de La Habana; la pieza Martí crece, donada por la Fundación a la ciudad de Santiago de Cuba en su aniversario cuatrocientos noventa y cinco y, por último, el Retrato escultórico de Mariana Grajales, colocado en el santuario de Santa Efigenia en 2015. En todos los casos, los derechos de autor y el valor de estas esculturas monumentales, han sido donados por la Fundación y por Lescay a la comunidad y a las instituciones públicas donde están enclavadas.

Al fin, mencionaré de modo sucinto a otros artistas cuyas obras han sido reproducidas —o realizadas por primera vez— en el Taller de Fundición Artística y Cerámica surgido en 1987 y devenido desde entonces escuela y fuente de trabajo para los lugareños de Dos Caminos, Santiago de Cuba y San Luis. Ellos son: los escultores cubanos Juan José Sicre Vélez (1898-1974); José Villa Soberón (varias piezas, entre ellas las dedicadas a John Lennon, William Shakespeare, Enriqueta Favez); Tomás Lara; René Negrín; Estereo Segura; Andrés González; Luis Mariano Frómeta; Martha Jiménez; Belisario Eduardo Álvarez Collado; Juan Carlos Pérez Bermúdez; Julio Carmenate; José Rolando Montero Hernández y el escultor martiniqueño René (Kho Kho) Corail.

Llegados a este punto, es fácil discernir que la trayectoria de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas da motivos más que suficientes para celebrar sus veinticinco años de espléndida y refulgente lozanía. Debe ser razón de orgullo no solo para sus iniciadores, colaboradores y trabajadores actuales, sino para la cultura cubana en sentido general y para la entrañable Santiago, ejemplo de buen vivir y de arraigadas lealtades humanistas y afectivas en este mundo convulso, tantas veces incierto y desnaturalizado, donde discurre el presente de la especie humana. Santiago es siempre amable; por eso da gusto visitarla.

Al tiempo que los felicitamos por lo mucho que ustedes han hecho, querido Lescay y demás compañeros y compañeras, les agradecemos esta alegría que nos proporcionan, justo ahora, cuando Cuba lucha y vence en la batalla contra un enemigo invisible y en la otra guerra contra el mismo enemigo de siempre.

Dice la Organización Mundial de la Salud que el saludo más seguro no es el de juntar los codos ni rozar los puños con las manos extendidas, sino el de llevarse la mano a la zona del corazón y bajar ligeramente la mirada. Siendo así, yo sería muy feliz si me permitieran, como prueba de afecto y gratitud, inclinarme ante ustedes.

Muchísimas gracias y ¿por qué no? un abrazo enorme e inevitablemente virtual.

Por: Addiley Palancar Guerra

Fundar y fundir, moldear y modelar, conceptualizar y proyectar, ejecutar y producir, son cadenas de acciones que responden a ciclos continuos. Dicho así podría pensarse en procesos monótonos y carentes de creatividad. Nada más alejado de la realidad cuando se trata del binomio arte y diseño cubanos, emplazados en los predios de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, que este lunes 21 de septiembre arriba a su 25 cumpleaños.

Un aniversario cerrado en tiempos de pandemia, que si bien se encuentra limitado en festividades, presenta un simbólico paralelismo al coincidir con un momento histórico de crisis, tal y como sucedió durante su fundación en el año 1995 cuando Cuba afrontaba el Período Especial. En ese entonces, como ahora, las producciones nacionales se revelaban como única alternativa de supervivencia ante los daños económicos padecidos por el país.

La añorada nomenclatura diseño cubano tiene en la institución cultural Caguayo a uno de sus principales aliados, el que, a pesar de su juventud, deviene referente imprescindible.

El DI. Luis Ramírez Jiménez, actual vicepresidente de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas. Foto: Camila Valdés Peña.

Entre los hombres y los nombres que luchan por la legitimación del diseño nacional se encuentran su fundador, el artista Alberto Lescay, y el DI. Luis Ramírez, su actual vicepresidente, quien compartió declaraciones exclusivas con la Oficina Nacional de Diseño (ONDi).

En palabras del profesional, durante este cuarto de siglo el concepto de trabajo de “la Fundación Caguayo tiene como principios básicos la ética, la sinceridad y el altruismo en cada uno de sus actos. Somos una institución no gubernamental de carácter público y nuestra esencia es completamente humana, como la del diseño que buscamos posicionar”.

Por supuesto, se trata de un camino repleto de desafíos, entre los que Ramírez advierte: “Proteger nuestros valores, compartir conocimientos, acompañar, apoyar y promover proyectos, crear alianzas de desarrollo, así como responder a la demanda cultural de nuestra nación en todas sus vertientes, son nuestras prioridades”.

A juzgar por el onomástico 25, se advierte la lozanía de Caguayo. Sin embargo, como el paso de los años es la sumatoria de experiencias, las prácticas de la entidad la perfilan como uno de los referentes más importantes para el diseño cubano y las artes aplicadas. Cuando indagamos con su vicepresidente y diseñador industrial Luis Ramírez sobre la relación entre la juventud institucional y la alta reputación alcanzada, respondió: “La Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas es joven como lo son el Instituto Superior de Diseño (ISDi) y la ONDi, pero el diseño en Cuba ya se aplicaba desde mucho antes, y este legado creó las bases para el entendimiento de tan necesaria profesión.

“Nosotros somos continuadores legítimos de esa tradición y estamos conscientes de su aplicación en muchos de los campos que desarrollamos, en los cuales resulta prioridad el bienestar social de la mayoría. Nuestra constancia en aplicar lo aprendido en las producciones, hacerlo visible y compartir procedimientos con todos ha servido para demostrar la valía de nuestra gestión”.

Sobre el impacto del trabajo de la Fundación en el diseño cubano todo, el creador explicó: “Los impactos pueden ser transitorios y ese no es nuestro modo de operar. Preferimos demostrar con acciones concretas y resultados, convencidos de que lo que hacemos aporta utilidad, bienestar, cultura y espiritualidad.

“Respondemos a necesidades reales y ponemos todo nuestro empeño en llevarlas a término con soluciones en las que el diseño siempre sea parte importante. Paralelamente convocamos y facilitamos alianzas con otras instituciones, con los diseñadores activos y con estudiantes para experimentar y mostrar sus proyectos en exposiciones y eventos de carácter nacional e internacional. Esas son prioridades en nuestro contexto”.

Prioridades que también han labrado la ruta de estos años y certifican los aportes de Caguayo al diseño cubano. Según el especialista: “La Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas desde su surgimiento ha contado con el diseño como complemento indispensable en el proceso de conceptualización y realización de todos sus proyectos institucionales. Su expansión y efecto social se expresan y materializan en servicios y productos gráficos e industriales útiles, algunos producidos por talleres propios y otros por creadores independientes representados por la empresa comercializadora Caguayo S.A. El resultado de este trabajo llega a espacios públicos o privados pasando a formar parte de nuestra cotidianidad.

“Junto a la ONDi y el ISDi, ambas instituciones profesionales del diseño cubano con las cuales mantenemos permanente vínculo de trabajo, hemos participado en los congresos y bienales de Diseño donde la teoría y la práctica se materializan en intercambios, talleres, conferencias y exposiciones que demuestran las capacidades de nuestros diseñadores y las potencialidades del diseño cubano.

“Recientemente hemos convocado el I Concurso Nacional de Cerámica Utilitaria: Ideas en Formas, junto al Museo Nacional de Cerámica Contemporánea Cubana. El premio principal será la puesta en producción de manera seriada del producto ganador, y su posterior comercialización. De esta manera cerramos el ciclo, propiciando que el producto llegue a todos y pueda ser usado en las casas de manera habitual. No hay mejor aporte que contribuir a esa perspectiva de realización concreta, tangible y pública del diseño”.

Apegados a sus logros y empeños continuos, Ramírez vislumbra el camino hacia las siguientes conmemoraciones con los sueños a cuestas, pues: “disfrutamos del placer de hacer bien a muchos y de que el arte y el diseño cubano formen parte de nuestras vidas. Así que seguiremos creando, apoyando y aportando a ese bienestar común”.

Por: Surisday Reyes Martínez

Los antecedentes pueden constituir acontecimientos aislados o experiencias que marcan la continuidad de proyectos. Lo cierto es que son parte de la historia y por demás imprescindibles. Fuego Fatuo, dentro de la II Bienal de Diseño de La Habana 2019, no fue un hecho fortuito; con toda intención permitió la posibilidad real de que el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana fungiera como una de las sedes del mega evento y se abriera así una relación entre el diseño y la manifestación cerámica.

El Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana acoge la exposición itinerante Ideas en formas desde el 31 de Julio.

La institución se convirtió en el lugar que diera especial acogida a las piezas únicas de cerámica —diseñadas y producidas entre 1990 y 1994— en las fábricas de la Isla de la Juventud. Resultó interesante vincular las más variadas tipologías del diseño de cerámica utilitaria a la propia labor museológica que, si bien promueve la manifestación en su expresión artística, también se nutre del quehacer desarrollado por diseñadores, arquitectos, artesanos y creadores.

La intensa dinámica generada por esta exposición no solo fue pretexto para un debate que trascendió el plano puramente estético, sino que también propició la alianza entre el Museo y la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas. De modo que un año después incentivó además dar continuidad a proyectos comunes como el de concebir la convocatoria al I Concurso Nacional de cerámica utilitaria «Ideas en formas». El 2020 comenzó con una pluralidad de acciones en pos de promover el aniversario 30 de fundación del Museo, un espacio creativo que atesora, exhibe y promueve esta disciplina del arte, y el concurso fue la primera iniciativa que lograra realizarse en sus predios.

La intensa dinámica generada por esta exposición no solo fue pretexto para un debate que trascendió el plano puramente estético, sino que también propició la alianza entre el Museo y la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas. De modo que un año después incentivó además dar continuidad a proyectos comunes como el de concebir la convocatoria al I Concurso Nacional de cerámica utilitaria «Ideas en formas». El 2020 comenzó con una pluralidad de acciones en pos de promover el aniversario 30 de fundación del Museo, un espacio creativo que atesora, exhibe y promueve esta disciplina del arte, y el concurso fue la primera iniciativa que lograra realizarse en sus predios.

Quiso el azar que el 31 de julio, en el escenario inaugural de la primera edición del certamen Ideas en formas se honrara la memoria de Eusebio Leal Spengler, gran intelectual, historiador y maestro por excelencia. Fiel defensor del patrimonio, el arte y la cultura en toda su dimensión. Alguien que expresara: “Hay una necesidad de transmitir a todas las generaciones ese culto a la belleza. Para ello el diseño debe entrar en el universo del hogar (…)”[1] No hay frase más acertada que mejor defina la esencia de esta muestra itinerante Ideas en formas, devenida una oportunidad para apreciar el diseño cerámico en diversidad de posibilidades tipológicas y funcionales que oxigenan, renuevan y aportan. El concurso convocaba a todos los creadores del país a desarrollar propuestas de diseño de productos utilitarios con alto valor estético con el propósito final de estimular su presencia en los escenarios cotidianos cubanos.

A modo de estadística, ineludible en estos eventos, es preciso señalar la participación de autores de Santiago de Cuba, Las Tunas, Ciego de Ávila, Camagüey, Matanzas, Isla de la Juventud y La Habana. Se presentaron un total de sesenta y tres proyectos, en su mayoría individuales y, en menor medida, como grupos de creación. Hubo una notable presencia del Instituto Superior de Diseño (ISDi). Ceramistas, diseñadores, artesanos y artistas pusieron empeño para materializar sus ideas.

El jurado estuvo integrado por especialistas del diseño industrial, la tecnología cerámica y el arte: Lourdes León (Arquitecta); Oneida Pereyó Medina (Tecnóloga del Taller de Cerámica de la Fundación Caguayo en Santiago de Cuba); Milvia Pérez (Diseñadora Industrial y Decana de la Facultad de Diseño Industrial del ISDi); Teresa Sánchez Bravo (Licenciada en Cerámica Escultórica y artista visual) y Luis Ramírez Jiménez (Diseñador Industrial y Vicepresidente de la Fundación Caguayo).

Exposición itinerante Ideas en formas.

Estos profesionales consideraron indicadores como creatividad e innovación, valor estético, valor funcional, factibilidad productiva, valores culturales y atractivo comercial para valorar las piezas en competición. Una primera selección, a partir del riguroso análisis de tales criterios aplicados al producto o sistema de productos concursantes, permitió decidir los finalistas. De la nómina de trece propuestas escogidas se concedieron cinco Menciones y el Premio Único. En sentido general, hubo notable presencia de objetos de uso doméstico, pero con una nueva visualidad al apostar por otras formas, elementos decorativos y presupuestos técnicos que, de conjunto, asumen el riesgo de la experimentación.

Las Menciones fueron para dos proyectos colectivos y tres propuestas individuales. La Colección PETIT, contenedores de perfumes de Jesús Mariño Silva, Jany Mariño Bermúdez y Harold Mariño Bermúdez es destacable por la coherente relación estética–función. Su viabilidad productiva posibilita bajos costos de producción; a lo que se suma la permeabilidad del material y el sellado que garantizan la hermeticidad necesaria para este tipo de envase. Del grupo Barro sin berro, el conjunto Mega tazones de Jorge Armando Acosta, Maday Acosta, Didier Acosta y Zoraida Posada se distingue por la adecuada aplicación de la técnica de decoración sobre cubierta, que empleó sencillos motivos, lo que permite ediciones seriadas de carácter limitado.

Fue singular Ojo de agua, losa decorativa para espejos de agua de Maité Duménigo Bordón por sus diversas posibilidades de uso como enchape de superficies interiores y exteriores. Su simetría e irregularidad hacen posible disímiles expresiones estéticas al combinar las losas en un gran formato. Además, la técnica de prensado para su ejecución permite una alta productividad.(img.3) Es igualmente interesante I love eat, set de recipientes cerámicos de Elisa García Isidrón, que parte de un motivo geométrico simple para contener alimentos en pequeñas porciones. La combinación de sus elementos genera una atractiva visualidad según su disposición; y la realización por vaciado facilita su producción seriada de forma sencilla y económica. (img.4)Por último, Jarrones Corax, sistema de recipientes multiuso de Damián Colmines Guerra, presenta una forma orgánica que posibilita el acoplamiento entre las partes del sistema, una expresión estética coherente entre sus piezas y tiene un carácter multifuncional.

Se atribuyó el Premio Único a Tostonera del grupo Medio Punto, integrado por Adrián García Álvarez, Sandra Quintana Echemendía y Arantxa Sánchez Puentes. Esta proposición logra resolver desde el diseño —a partir de una forma geométrica básica— una necesidad típica de la cotidianidad cubana. Precisa una fácil adecuación a procesos tecnológicos que garantizan gran productividad. Cabe enfatizar en la alta dosis de originalidad, creatividad e innovación que caracteriza este producto. En esencia, no solo despierta, sino que incentiva un deseo.

Este I Concurso Nacional de cerámica utilitaria Ideas en formas ha tenido la particularidad de permitir el cierre del ciclo habitual que atraviesa por la conceptualización, ejecución y comercialización de la propuesta al garantizar la producción seriada de la pieza ganadora en el taller de cerámica de la Fundación Caguayo en Santiago de Cuba. De ahí que constituya también una oportunidad para seguir los procesos de concepción del proyecto laureado con el Premio Único. Esperemos que en el menor tiempo posible pueda estar al alcance de todos.

Visibilizar tan atractivas y pertinentes soluciones dentro de la variante utilitaria en el diseño cerámico contemporáneo ha sido una de las premisas de este trabajo en nuestro Museo. La invitación ha quedado abierta para visitar la muestra, observar los registros fotográficos compartidos en los medios digitales y en otros espacios promocionales. Las piezas resultado de este certamen evidencian proposiciones técnico-artísticas de alta demanda, donde lo útil y lo bello se unen desde la sutileza del diseño.

Por: Fiorella Franco

Desde hace muchos meses a todo el que sube y baja por la populosa calle Enramadas de Santiago de Cuba le llama la atención la “facilidad temporal” que se encuentra en esta arteria entre Calvario y Reloj. Me refiero al panel de metal que cubre una nueva construcción en la ciudad.

Todo santiaguero curioso que pasa debe preguntarse ¿qué se estará haciendo ahí?

Santiago de Cuba es una ciudad cultural, con diferentes espacios direccionados al disfrute de sus pobladores. Y desde esta construcción al principio se podía ver el logo de Caguayo en la cúspide.

El Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana acoge la exposición itinerante Ideas en formas desde el 31 de Julio.

El Sistema Caguayo, presidido por el escultor Alberto Lescay, contiene a la Fundación Caguayo (fundación de carácter público no lucrativo, elemento de promoción cultural) y Caguayo S.A. ( sistema mercantil, productivo), ambas instituciones en el campo de las artes monumentales y aplicadas y el diseño como eje en el interior de estas, cuya línea es aplicar las artes a una función práctica.

Con un objeto social de relevante importancia, Caguayo pretende tener una incidencia directa con la población, ya sea mediante el emplazamiento de monumentos, de obras públicas de carácter monumental, ambiental, o histórico, hasta desarrollar el campo tan amplio de las artes.

Poco falta para el 505 aniversario de la Muy Leal Santiago de Cuba, y el equipo de Caguayo ha decidido comenzar a abrir poco a poco este nuevo espacio que sorprenderá para bien a todos los amantes de la cultura en la urbe.

Nombrado El Ingenio, el espacio multicultural —bajo la premisa “Somos más que arte…Somos cultura”— es un lugar que invitará, desde una idea estética y conceptual, a la realización de un sinnúmero de actividades culturales que jueguen con las características del lugar, su entorno y objetivo meta.

Para esperar el cumpleaños de la ciudad se pretende abrir inicialmente una de las tiendas de la cadena Conga que se encontrará emplazada en este lugar.

De las tiendas Conga hasta ahora hay tres en todo el país, una en la Galería René Valdés ubicada en Vista Alegre, otra en La Habana, y la próxima estará en El Ingenio. Aunque se pretende abrir una más en la ciudad de Camagüey.

Exposición itinerante Ideas en formas.

Se inaugura esta tienda con el propósito de exponer y vender artículos de diseño, objetos decorativos y funcionales, utilitarios o no, pero siempre con un alto nivel estético, confeccionados por el talento más desarrollado que se tenga tanto en Santiago como en el resto del territorio nacional.

Sin ánimos de adelantar mucho más para la gran sorpresa que será este nuevo espacio, en una conversación con su artífice principal, Lescay pudo darme algunos detalles de El Ingenio.

“Nos hemos planteado el reto de integrar elementos comprometidos con la salud humana y el arte, asumiendo que es coherente, que esa relación es imprescindible y que de manera consciente cuando se organiza puede ser educativa. Puede lograr que otras personas, jóvenes, niños, adultos, logren hacer algunas correcciones en sus hábitos, en su manera de pasarla bien, de comer, de hablar, por eso vamos a hacer mucho énfasis en la medicina homeopática, en la medicina natural tradicional; que me atrevo a decir me sobran dedos de la mano para definir cuáles son los países que han incorporado y asumido oficialmente, estatalmente, la medicina natural como parte de la asistencia médica, y Cuba es uno de los pocos. Una fortaleza muy grande tener como apoyo al ministerio de Salud Pública”.

El público santiaguero tendrá un espacio para el disfrute, donde se pretende difundir la cultura cubana en toda su expresión. Promover una imagen positiva y moderna de nuestro país tanto dentro como fuera del mismo, e impulsar la presencia de nuestros creadores en Santiago y mucho más.

La Fundación Caguayo, con su compromiso social y público de colaborar con la cultura cubana, con el sistema institucional organizado por el ministerio de Cultura para echar adelante, desarrollar y enriquecer el acervo cultural de los cubanos, logrará con creces que este sea un lugar apreciado por todos.