El mueble doméstico en Cuba constituye un ejemplo de diálogo permanente entre el diseño, la creación y la expresión formal, y los requerimientos, necesidades y gustos del destinatario. El resultado de esta singular simbiosis de profesionalidad e ingenio popular dieron origen a la valiosa producción del mobiliario cubano.
En la isla el mueble muestra las primeras apropiaciones de estilos occidentales en los grandes juegos “imperio”, “medallón” y “perillita”, núcleo primigenio del mueble colonial. Con el siglo XX la producción local –bajo la influencia de EEUU- mantiene un arraigado eclecticismo más allá de 1945.
El eclecticismo entre 1900 y 1930 estuvo marcado por los rasgos del neoclasicismo, el renacimiento y el art noveau. La línea juncal en la estructura del mueble art noveau fue efímera, pero las terminaciones onduladas y la persistencia de ornamentos florales sobreviven hasta piezas cercanas a la línea moderna. La talla o calado simple de ramilletes de tallos y flores, casi desplazaron a las conchas, rosetones y perillas que habían dominado los remates de la mayoría de los muebles. Las formas neoclásicas se introducen con particulares adaptaciones del estilo europeo. Desaparecen los muebles de gran tamaño, se reduce la cantidad de piezas en los conjuntos, sustituyen los dorados por pintura de tonos claros y tapizados por pajilla, para adecuarlos a las condiciones de la casa republicana.
La introducción del mueble ecléctico está en las suntuosas copias de versiones norteamericanas que respetaron los modelos originales con cuero repujado y grandes tallas de yelmos y soldados. Abundaron las variantes sencillas que sustituían el cuero por la madera en los espaldares, reducían las tallas hasta el siluetado e importaban detalles de otros estilos. Se instalaron de tal manera en el gusto popular, por su durabilidad e imagen de solemnidad, que llegó a juzgarse una casa “mal amueblada” si no tenía un juego “renacimiento”.
Durante la “primera modernidad” entre 1930 y 1945 afloran los atributos del mueble neocolonial, y el art decó. Este último se manifiesta con dos vertientes: gráciles muebles de madera clara y pulida que ignoran las macizas estructuras del decó y otra más cercana al modelo con pesadas maderas oscuras y sobrios tapizado. En las piezas conviven copas de liras precedentes con los embutidos lineales, los finos estriados y los soportes escalonados.
El mueble neocolonial, con copias bastantes fieles, se hizo menos ostentoso para ajustarlos a los nuevos espacios. La simplificación general del repertorio doméstico en estas últimas corrientes, anunciaban la llegada de la segunda mitad del siglo XX, de los muebles de “línea moderna”.
La iniciativa de la Fundación Caguayo de promover esta exposición dentro del espíritu de la 1ra. Bienal de diseño en Cuba, permite apreciar la calidad de los carpinteros y ebanistas locales y los valores que hicieron perdurables sus piezas en la intimidad del hogar: sencillez, funcionabilidad. El apego de las familias a los muebles republicanos demuestra que aún son protagonistas de la dignidad y belleza de la casa camagüeyana y ofrecen un patrimonio palpable de modo de hacer, gustos, costumbres representativos de la cubanía y de nuestra ciudad.
M.Sc. Annerys Fernández Mendoza.
De su tesis de Maestría: “El mueble republicano en los principales espacios domésticos en Camagüey”